EL CENTRO POMPIDOU Y EL GRAND PALAIS EXHIBEN ‘MATISSE 1941-1954’

Renovación y cambio del maestro

La gran muestra parisina, inédita por su magnitud, se detiene en el etapa final del artista francés, que fue también la más prolífica. Está conformada por unas 300 obras de alcance multidisciplinar.

Una operación quirúrgica por un cáncer de colon que en 1941 casi le cuesta la vida prodigó a Henri Matisse un nuevo impulso creativo que se tradujo en la etapa más prolífica y desatada de la carrera del pintor francés, hasta su muerte ocurrida en Niza en 1954, cuando tenía 84 años.

Ese periodo tardío, que para los expertos fue el de la plenitud de su talento, es el que protagoniza la primavera boreal de París con la exposición Matisse 1941-1954.

Se trata de una muestra de una envergadura inédita en Francia, con más de 300 obras en exhibición, que ha sido organizada mano a mano el Centro Pompidou, cuya sede está cerrada por reformas, y el Grand Palais. Abrió las puertas el 24 de marzo y podrá verse hasta el próximo 26 de julio.

Aquel encontronazo de cerca con su propia mortalidad hizo que este maestro del color se sintiera como si le hubieran quitado "el cinturón de seguridad", explicó Claudine Grammont, curadora de la muestra y jefa del departamento del estudio de diseño gráfico del Centro Pompidou, durante la presentación de la exposición para la prensa.

"Va a utilizar, durante esos 14 años, cada instante para llevar a buen término su obra, para ir hasta el final. Picasso decía de él en aquel momento que sabía exactamente dónde quería ir", recordó la experta.

NUEVA CLARIDAD

Tras aquella intervención quirúrgica, consecuencia de un tumor en el colon, el propio Matisse aseguraba que había empezado a mirar el mundo con una claridad nueva, pero también con una libertad inédita que le permitiría proyectarse aún más como artista, hasta franquear las fronteras del lienzo.

Es la época en la que se reinventó gracias a sus “gouaches découpées”, los collages que realizaba con recortes de hojas de papel pintado con “gouache” (similar a la acuarela, pero formulada con pigmentos opacos y aglutinantes que permiten crear capas densas, mates y de colores vibrantes) y con los que renovó por completo su vocabulario plástico.

Por eso en la muestra parisina no faltan algunas de sus obras más representativas con esta técnica, como La Tristesse du roi (La tristeza del rey, de 1952), Zulma (1950), Danseuse créole (Bailarina criolla) y, sobre todo, la serie de Nus bleus (Desnudos azules).

La exposición también ha logrado reunir en París por primera vez los paneles monumentales La Gerbe, Les Acanthes, L’Escargot y Mémoire d’Océanie (La gavilla, Los acantos, El caracol y Memoria de Oceanía).

Es una coincidencia notable que pone de manifiesto otro de los ejes que vertebran este recorrido: la importancia de los conjuntos y series de obras.

OTRA DIMENSION

Pero a diferencia de la muestra que le dedicaron la Tate y el MoMA en 2014 (Henri Matisse: the Cut-Outs), Matisse 1941-1954 busca mostrar que este periodo no fue solo el de los “gouaches” recortados, sino que en la recta final de su vida, el trabajo del pintor nacido en 1869 en Le Cateau-Cambrésis tuvo una dimensión multidisciplinar.

Dan testimonio de ello los dibujos, lienzos, libros ilustrados, textiles y vidrieras que componen el corpus de obras reunidas de manera excepcional en el Grand Palais.

"Es verdaderamente el momento de gracia", opinó Grammont sobre el periodo de la posguerra en la obra de Matisse, a quien no en vano suele definirse como el mayor artista del siglo XX junto a Picasso.

Fue en cualquier caso un viaje de ida hacia la monumentalidad, a pesar de que era un hombre mayor y al que le costaba estar de pie. Por eso muchas de sus obras de este período habrían sido imposibles sin la asistencia de sus ayudantes en un taller que por momentos quedó completamente tapizado de creaciones.

“Este último período creativo -apunta la presentación en el sitio del Centro Pompidou- se caracteriza por una simbiosis cada vez mayor entre la obra y el espacio del taller. Las obras, realizadas directamente sobre las paredes de su apartamento en el Hôtel Régina, y dotadas de una movilidad intrínseca, contribuyen a una vegetalización dinamizadora del espacio. La exposición se propone recrear in situ este escenario en permanente metamorfosis, brindándoles a los visitantes acceso al ‘jardín’ de Matisse a través de un espacio que se expande sala tras sala”.

Esa grandiosidad de Matisse quedó también retratada en su trabajo en la capilla del Rosario de las dominicas de Vence -recreada en París a través de sus vidrieras-, una obra que además ilustra su tendencia final hacia una simplificación de las formas.

EL CONTEXTO

La muestra, agregó el Pompidou, pasa revista además al contexto de la Segunda Guerra Mundial y la inmediata posguerra, “momento en el que Henri Matisse se convirtió en un símbolo de libertad tanto en Francia como al otro lado del Atlántico”.

La etapa de reinvención comenzó cuando Matisse regresó a su departamento en La Régina de Niza, tras rechazar ofertas de exilio y reafirmar su compromiso con Francia. En una carta a Pierre Matisse, el artista decía: “Si todos los que valen algo abandonan el país, ¿qué será de Francia? ¿Y del futuro? Lo espero. Pase lo que pase, no me moveré de aquí”.

Más tarde, en 1943, un bombardeo en Niza lo llevó a trasladarse a Vence, donde el entorno le inspiró nuevas obras. La ocupación nazi marcó profundamente su vida: su esposa fue encarcelada y su hija torturada por la Gestapo. A pesar del dolor, Matisse continuó creando arte que trascendió las dificultades y dejó un legado perdurable que marcaría el siglo XX.

Con la finalización de la gran contienda mundial en 1945, Matisse recuperó su lugar en el arte francés, y llegó a exponer en el Salón de Otoño de París con obras como La blusa rumana.

La adquisición por parte del gobierno de siete pinturas para la reapertura del Museo Nacional de Arte Moderno y una exposición en la Galería Maeght consolidaron su reputación como figura destacada de la paz y del arte francés.

Matisse 1941-1954, que además de las obras del Pompidou se nutre de préstamos inéditos de particulares y de instituciones como el MoMA o la National Gallery of Art de Washington, forma parte del programa Constelaciones con el que el centro de arte contemporáneo parisino se mantiene vivo pese al cierre de su sede por reformas hasta 2030.

En paralelo y dentro también de Constelaciones, el Pompidou impulsa igualmente esta primavera-verano otra gran exposición dedicada a Matisse al otro lado de los Pirineos, en el Caixaforum de Barcelona. Se titula Chez Matisse y ya ha sido un éxito en Madrid durante el otoño y el invierno boreales.