Reflexiones sobre la Guerra de las Malvinas, la Fuerza Aérea Argentina y la Defensa Nacional

Por Guillermo Adolfo Donadille *
La todavía joven historia de la Fuerza Aérea Argentina, quedó marcada para la posteridad el 1° de mayo de 1982 a causa de su Bautismo de Fuego. Consecuente con el hecho, anualmente en los meses de abril, mayo y junio, se conmemoran y recuerdan las vicisitudes del conflicto del Atlántico Sur, ocurridas hace cuarenta y cuatro años atrás.
En lo personal, considero que Malvinas es un tema presente y aún pendiente para los argentinos, que nos obliga a interpelarnos como sociedad; y que a veces, hasta llegamos a cuestionarnos si no resulta una quimera, dada la realidad de nuestro país.
Ya en el tema, lo primero que destaco es el orgullo de pertenecer a mi querida Fuerza Aérea Argentina; orgullo acrecentado por haber intervenido en su Bautismo de Fuego. Dicho evento aviva el recuerdo de que alguna vez, uno, formó parte de un grupo de gente que llegó a ser considerado una hermandad en el honor; hermandad que en el cielo infinito de la Patria, supo empeñarse sin mezquindad en el resguardo de su soberanía.
El 20 de noviembre de 1845 y exhibiendo una tecnología de punta para aquella época, entre otros aspectos se utilizaron navíos impulsados por vapor, Gran Bretaña y Francia obtuvieron una victoria sobre las tropas nacionales en el combate de la Vuelta de Obligado. No obstante, el heroísmo con que nuestras tropas defendieron el territorio, quedó registrado tanto en nuestra historia como en la de los oponentes.
La intervención anglo-francesa de aquella época, poseía claros motivos económicos y estratégicos: expandir sus mercados e implantar un Estado, los entendidos lo llaman “estado tapón” que favorezca sus pretensiones de libre navegación en los grandes ríos de Argentina.

EN EL SIGLO XX
Ciento cuarenta y siete años después, los motivos que nos llevaron a un nuevo enfrentamiento con los británicos, fueron bastantes similares, petróleo, pesca, control de la comunicación bioceánica, el lobby de la Falckland Island Company, etc., etc.
Iniciados los reclamos casi de inmediato a la usurpación de las Islas, y promediando ya el siglo XX, las relaciones entre los dos países se fueron inflamando, a consecuencia en principio de la estrategia británica de dilatar las negociaciones.
Previo al choque armado 1982, nuestro país fue objeto de una sutil campaña de la inteligencia británica, que según mi modesto entender, el gobierno de facto de ese entonces no supo advertir en todo su alcance, exigido por la crisis económica y social de los argentinos. Sin embargo, y en favor de una completa apreciación de la situación, es necesario destacar que la primer ministro Thatcher, enfrentaba también una compleja situación política, económica y social frente a sus connacionales, con lo cual si se desataba un conflicto violento basado en la defensa de los respectivos intereses, aquel que saliera victorioso recibiría el espaldarazo de la sociedad que representaba. Mas, era imperativo conseguir la victoria sobre el oponente, ya que al derrotado en cambio, se le abrirían las puertas del infierno.

DENSOS NUBARRONES
Terminado el enfrentamiento con resultado adverso para nuestro país, no está de más advertir, que a todas esas viejas tensiones no solucionadas y remanentes hasta la fecha, hoy se le suman densos nubarrones provenientes de la pretensión británica sobre nuestro Sector Antártico, actitud fielmente acompañada por un país vecino.
Clausewitz, entre otras definiciones, expresa que la guerra es “un choque violento de voluntades” destacando en dicha afirmación, la energía de lucha que deben poseer las organizaciones armadas, actitud que es necesario prevalezca por sobre la capacidad material, mayor o menor, que se posea con respecto al oponente.
Si alguien tiene dudas de la validez de este concepto, debería preguntar a los británicos “si resultó un paseo” la venida de la Fuerza de Tareas 317 al Atlántico Sur. Estimo que en esto no hay discusiones, pues es bastante lo que a través de los años, ellos mismos están dejando trascender.
No obstante, y salvando las diferencias entre las nociones de valor y temeridad, deseo enfatizar que no conocí en mi Fuerza Aérea durante esos días de prueba, a nadie con alegría por tener que enfrentar a un enemigo materialmente superior y ayudado por la primera superpotencia del planeta; pero si observé, a mucha gente encarar el desafío con gran dignidad y voluntad de combate, a pesar de las diferencias en contra.

LA PAZ VERDADERA
Dijo San Juan Pablo II: “Que nadie se haga ilusiones de que la simple ausencia de guerra sea sinónimo de una paz verdadera, si dicha situación no viene acompañada de equidad, verdad, justicia, y de solidaridad”.
La crónica mundial insinuó en su momento que las sustantivaciones del pontífice no tenían demasiada relevancia, opacadas por los intereses de progreso y convivencia entre los pueblos del planeta. Mas, ese optimista punto de vista que parece confrontar lo expresado por el Papa Santo, en reiteradas ocasiones la realidad de los hechos indicaron otra cosa. No está demás destacar que una hipótesis de conflicto, en ocasiones, puede armase en un corto lapso; pero, ocupa mucho más tiempo y disponibilidad económica, estructurar fuerzas armadas consustanciadas con su tarea, y además, que lleguen a ser eficientes.
Si bien las fuerzas armadas deben estar preparadas para un conflicto violento, no demasiados advierten el rol de peso que representan durante la paz; al respecto veamos un ejemplo (hay varios más): Imaginemos negociaciones entre dos países (ante temas cruciales para ambos); uno de ellos es una nación organizada social y políticamente, con prestigio ante la comunidad internacional y con fuerzas armadas eficaces. La otra parte en la disputa (por el momento diplomática) es un país con baja credibilidad, plagado de reyertas internas, con instituciones mediocres y fuerzas armadas casi inexistentes.
Surge la pregunta: ¿Cuál de los dos países, está en condiciones de negociar sus intereses (reitero, por ahora en forma diplomática) con una firme actitud de defensa? La respuesta es obvia, y el ejemplo refleja una de los beneficios de mayor peso que la fuerzas armadas pueden entregar a su nación, la capacidad de “disuadir” al oponente impidiendo con ello que las cosas pasen a mayores.

EL BIEN COMUN
Lo anterior da para ampliar un poco más. Se entiende que el bien común de una nación constituye un objetivo permanente a conseguir y mantener; es decir es un esfuerzo nacional que no tiene fin; y su constante búsqueda, resulta la verdadera razón de ser de la existencia de un Estado y su estructura de gobierno.
Esto a veces se olvida o no es comprendido, y este error viene reiterándose a menudo, desde el fondo de la existencia humana; al respecto me permito lo siguiente: desde muy joven tengo en mi memoria, la dedicatoria de un texto que fue uno de los artífices de haber yo ingresado en la Fuerza Aérea Argentina.
Se trata de uno de los libros de Pierre Closterman, destacado piloto francés de la II GM. Su título es “Fuego del Cielo” cuya primera edición apareció nuestro país allá por 1953. La dedicatoria de la obra está dirigida a los aviadores, pero estimo que la misma cabe también a los miembros de nuestro Ejército Argentino y nuestra Armada Nacional.
Esta dedicatoria expresa: “A mis camaradas aviadores, muertos por borrar culpas viejas que no les pertenecían. A aquellos que quizás todavía tengan que pagar culpas nuevas, y sin embargo, siempre las mismas, de los grandes que no quieren creer en las enseñanzas del pasado.”
Por si hace falta aclarar, cuando Clostermann menciona los “grandes”, se refiere a los máximos líderes políticos de una nación. Según lo expresado agrego: si se cree que en Argentina la Defensa es una cuestión de última prioridad, dado que los desprevenidos, o malintencionados, no evidencian amenaza alguna en el corto, mediano o largo plazo sobre la Patria sus bienes y la sociedad que la compone, me permito expresar que se está cometiendo un grueso error.
Para quienes piensan de esta manera, es aconsejable que relean la Disposición Transitoria Primera de nuestra Constitución Nacional, en donde la Nación Argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias y Sandwhich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser partes de nuestro territorio nacional.
En función de la brevedad agrego solamente el final de esta disposición: la recuperación de estos territorios y espacios marinos, constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino. Reitero esto último, constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino. Entiendo que la gran mayoría de los argentinos esperamos que se completen y practiquen las políticas necesarias, para encaminar las acciones hacia este objetivo, indicado en nuestra Constitución Nacional.
* Brig. My. (R) VGM.