SIETE DIAS DE POLITICA

Reelección presidencial: las señales de los últimos días

Arrancó la campaña Milei 2027. El lunes, Luis Caputo garantizó el pago de la deuda por el próximo año y medio. El jueves, Milei se abrazó públicamente con Jorge Macri y metió una cuña en el PRO.

 

Con la economía en orden y la oposición fuera de juego hasta que los medios vuelvan a machacar con alguna nueva denuncia de corrupción, el Gobierno retomó la iniciativa que, a esta altura, tiene un solo objetivo: la reelección presidencial, aunque todavía falten más de 15 meses para volver a las urnas. La anticipación se debe a que la política argentina se ha reducido a política agonal, de lucha por el poder, por lo de todos los años electorales, se vote o no.

En ese terreno, Javier Milei corre actualmente con doble ventaja: no sólo tiene un programa de estabilización macroeconómica que funciona, sino también una dirigencia opositora desorientada, sin liderazgo, ni oferta innovadora tanto en el caso del kirchenrismo, como en el de los adversarios menos radicalizados, capaces de copiar su modelo -al menos parcialmente- antes que de destruirlo.

Pero, hombre prudente, el jefe del Estado comenzó a tomar precauciones para que el año próximo no lo arrastren al borde de una crisis financiera y cambiaria como sucedió en 2025. El lunes, el ministro Luis Caputo anunció que el país está en condiciones de garantizar el pago de la deuda hasta las elecciones presidenciales.

En pocas palabras, aseguró que había suficientes dólares y capacidad de “rolleo” para pagar los vencimientos. No sería por lo tanto necesario salir a los mercados.

Las expectativas son determinantes en economía, pero muchas veces se reducen a solo palabras. No fue este el caso porque Caputo consiguió números macro que lo respaldan. En particular, el crecimiento vertical de las exportaciones, el saldo favorable comercial y del balance de pagos. Ya no se trata sólo del superávit fiscal que frenó el derrumbe del peso. La escasez de dólares que siempre fue un factor de inestabilidad para los gobiernos anteriores, el año que viene no representaría un peligro por el aporte extraordinario de divisas de 2026 proveniente de las exportaciones de energía, agro y minería.

El ministro descubrió sus cartas -algo que suele evitar- y mostró un cuadro con cifras verosímiles para el mercado. Hombre también prudente, de los que usan al mismo tiempo cinturón y tiradores. De seguir por el actual camino no sería necesaria la intervención del Tesoro norteamericano para superar otro ataque contra el peso como el de 2025.

Como si el compromiso asumido de manera pública no fuera una señal lo suficiente clara, 72 horas más tarde la portavoz del FMI, Julie Kozack, ratificó algo que había anticipado Caputo: a fin de mes visitaría Buenos Aires la titular del organismo Kristalina Georgieva. Volvió además a elogiar el programa económico de Caputo. Lo hizo manifestando el “apoyo a la estrategia financiera” del Gobierno por parte del Fondo. También destacó su “transparencia” y “previsibilidad”. Y, por si todavía no había quedado lo suficientemente claro, definió la futura visita de su jefa como la muestra de un “compromiso cercano” y constructivo del organismo con el gobierno de Milei. Traducido en términos financieros, sonó a aval de última instancia para la deuda.

Casi en simultáneo, el precio de los bonos nativos subió y el riesgo país bajó hasta los 404 puntos.

La estrategia política del Gobierno siguió operando, entretanto, sobre un tablero en el que la mayoría de la oposición está a la defensiva. El caso más evidente fue el de la relación con el PRO enturbiada por el conflicto de Milei con Mauricio Macri.

El jueves, en la celebración del tedeum, Milei abrazó efusivamente al jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge Macri, al que un año antes había desairado negándole el saludo. No contento con abrazarlo lo felicitó y jugó en público con su hijo (ver “El mensaje del abrazo” en VISTO Y OÍDO).

Hace una semana, en este espacio, se señaló que el enfrentamiento entre ambos mandatarios había terminado y que el Presidente atendía sin tardanza las llamadas del alcalde porteño. La fluidez de la comunicación entre ellos es inversamente proporcional a la de los primos Macri. Jorge quiere llegar a un entendimiento electoral con los libertarios -aspira él también a la reelección- y no piensa inmolarse en un enfrentamiento con ellos. Sus objetivos y los de Mauricio no parece que vayan a converger.

Por otra parte, el expresidente pierde tropa aceleradamente. Con la adhesión de dirigentes como Vidal o de Andreis no alcanza ni de lejos para romper su aislamiento. Tan consciente parece de que el PRO tiene ya poco o nada para ofrecerle que trascendió su reunión con Jorge Brito, banquero y expresidente de River Plate, al que le habría propuesto ser candidato a presidente el año próximo. La respuesta fue no.

En suma, si alguien espera que Mauricio Macri le divida el voto a Milei con una candidatura por derecha, va a tener que hacer un esfuerzo mental más exigente.