Muchas situaciones clínicas en dependencia a sustancias nos recuerdan este viejo dicho latino “¿Adónde vas?”. En términos de Ortega y Gasset el hombre puede perder o nunca le ofertaron una “brújula” que le marque el norte de su vida o sea para él este término designaba la idea de orientación vital y de un proyecto personal.
Para el maestro español no hay un sentido prefijado, sino que es un quehacer cotidiano que se construye todos los días; de ahí esa célebre frase “soy yo y mis circunstancias”. La brújula marca el norte y el rumbo de nuestra vida. La brújula está relacionada con la vocación de ahí que él diga que quien tiene vocación, misión y sentido esta salvado porque encontramos la dirección a nuestra existencia. De lo contrario seremos un “hombre masa” o en términos de nuestros escritos semanales un “nadie” que vaga por el mundo buscando una pócima mágica que lo salve del vacío de sentido.
Anestesias que solo servirán en el fondo para ahondar aún más el vacío. La literatura sobre la dependencia a las sustancias nos recuerda las tres C que marcan este trastorno crónico, progresivo y terminal y esas tres C son centros médicos que tratan la demenciación, incluso de pacientes jóvenes en donde el consumo jugo un papel central, cárcel o cementerio. Nuestra tarea es lograr que el paciente acepte este celebre dicho latino (“Quo vadis”) para frenar el camino hacia el vacío que anuncia la demenciación, la cárcel o el cementerio.
ACEPTACION
Para frenar este trayecto hacia la muerte es necesario pasar por el difícil camino de la aceptación. En muchos casos la aceptación se ve facilitada por los limites o fronteras que impone la realidad: intervención judicial, eventos multiorgánicos que lo coloca en situación casi de muerte, accidentes, violencias callejeras, etc.
El peso de la realidad se impone y la omnipotencia se fractura porque lo que la droga y sus “transas” prometen es precisamente omnipotencia seguida esta de una negación de las evidencias que impone la realidad misma.
Un familiar preocupado y que con firmeza y determinación busca ayuda profesional para realizar un tratamiento permitirá en muchos casos el inicio de una rehabilitación. Que una enfermedad sea crónica no implica que no haya rehabilitación.
La hipertensión, la diabetes, la obesidad por ejemplo son también enfermedades crónicas pero que con cambios en el estilo de vida y una ayuda profesional se podrá imponer la rehabilitación tan ansiada. La adicción implica si iniciamos el camino hacia una rehabilitación una serie de cambios de personas y de grupos de contacto que están en permanente dependencia a las sustancias en distintos ámbitos (departamentos que funcionan como “aguantaderos “con varios participantes”, “barras bravas”, boliches, etc.), lugares de consumo y de situaciones que pueden llevar a un consumo voraz. Hoy se le agrega con fuerza el sexo y sus variadas perversiones en donde el celular, las visitas programadas que incluyen el consumo como una situación que para muchos le resulta irresistible.
El “sugar daddy” es cuando se buscan hombres mayores que mantienen relaciones con jovencitas, incluso menores de edad en donde el dinero juega un papel esencial. Habitualmente estas jóvenes están regenteadas por adultos o una organización. Se puede llegar al “chem sex” en donde el encuentro sexual se combina con drogas psicoactivas. En muchos casos muchas de estas jóvenes son usadas como “viudas negras”.
Las prácticas sexuales de riesgo están ahí, con varias personas a la vez en un verdadero desborde pulsional (de ahí el aumento hoy de las enfermedades venéreas y del HIV). Se utilizan redes, sitios de aplicación por celular y esto se puede combinar con una economía sexual informal (regalos, ayuda económica, viajes, etc). El cuidado que va generando el adulto con dinero culmina finalmente en la explotación de la mujer.
Otra modalidad muy actual en Argentina es la llamada “All Fans” consumir todo lo disponible, llegando al descontrol con una voracidad suicida sin freno. Son verdaderas maratones de consumo con, habitualmente, menores que son contratadas y que por distintas vías de Internet se ofertan en poses, juegan con objetos eróticos, consumen y cada nuevo juego son cada vez más dólares. Estar de “gira”, “re-manija”, en “la nube”, “repuesto”; son distintos términos que definen esta maratón suicida.
HAN PERDIDO EL “QUO VADIS”
La literatura nos ayuda y el escritor Henry Sienkiewicz (Premio Nobel polaco -1905) muestra el profundo sentido del este término ambientándolo en la Roma antigua y coloca a Neron como el paradigma de aquel que por su narcisismo patológico se transforma en actor de sí mismo y quien convierte el sufrimiento en espectáculo y que depende de la adulación constante. La pérdida del “Quo vadis” para este Premio Nobel mostraba la hipertrofia del Yo, la incapacidad de aceptar al otro y la propia existencia del otro con una necesidad compulsiva de reconocimiento.
El incendio de Neron de Roma funciona como un acto narcisístico extremo que muestra la frialdad perversa. La caída del Imperio Romano denuncia la cultura del goce sin límite, la cultura del espectáculo unida con la crueldad. Muchos de estos rasgos parecerían tener que ver con la caída del Occidente actual en donde el mundo es solo espectáculo y el sí mismo aparece por allá perdido y las drogas forman parte de este escenario suicida.
El cristianismo primitivo que era el atacado en la obra del escritor polaco proponía todo lo contrario: Ley, limite, comunidad y trascendencia. La novela retrata un mundo en donde el Ego es el actor “único” y central y el otro es despreciado, devaluado o es inexistente.
IGNORANCIA
El “Quo Vadis” implica que el otro forma parte de nuestro proyecto de desarrollo personal. Esto se había pedido. ¿Iremos a la idiocracia?.
Este término se popularizo a través de una película del año 2006 en donde Mike Jugde retrata un mundo en donde la ignorancia es premiada, el consumo banal de todos los objetos incluido drogas es común y la incapacidad critica gobierna la ciencia y la cultura. Idio (como ignorancia o falta de pensamiento crítico) y cracia (poder); o sea una sociedad en donde prima la ignorancia, la superficialidad y la incompetencia.
La cultura queda progresivamente dominada por el consumo, la publicidad y el espectáculo. Implica este término el dominio del espectáculo sobre el pensamiento, una cultura de la superficialidad, disminución de la lectura, información fragmentaria que reemplaza a la reflexión (importa más un “meme” que una investigación o sea la mentira se transforma en verdad). El consumismo se había transformado en una marca de identidad, así como la gratificación instantánea.
La escuela había perdido toda importancia generándose en este reino idiocrático una crisis de la transmisión y de lo simbólico. Todo esto va seguido del predominio del Yo narcisista ocluyendo al otro y a los lazos sociales.
La banalización del consumo de drogas con su estructura de marketing sosteniéndola y con la crisis de transmisiones familiares y culturales como base nos recuerda a este mundo idiocrático que retrata tan bien esa película de 2006.
Para el maestro español no hay un sentido prefijado, sino que es un quehacer cotidiano que se construye todos los días; de ahí esa célebre frase “soy yo y mis circunstancias”. La brújula marca el norte y el rumbo de nuestra vida. La brújula está relacionada con la vocación de ahí que él diga que quien tiene vocación, misión y sentido esta salvado porque encontramos la dirección a nuestra existencia. De lo contrario seremos un “hombre masa” o en términos de nuestros escritos semanales un “nadie” que vaga por el mundo buscando una pócima mágica que lo salve del vacío de sentido.
Anestesias que solo servirán en el fondo para ahondar aún más el vacío. La literatura sobre la dependencia a las sustancias nos recuerda las tres C que marcan este trastorno crónico, progresivo y terminal y esas tres C son centros médicos que tratan la demenciación, incluso de pacientes jóvenes en donde el consumo jugo un papel central, cárcel o cementerio. Nuestra tarea es lograr que el paciente acepte este celebre dicho latino (“Quo vadis”) para frenar el camino hacia el vacío que anuncia la demenciación, la cárcel o el cementerio.
ACEPTACION
Para frenar este trayecto hacia la muerte es necesario pasar por el difícil camino de la aceptación. En muchos casos la aceptación se ve facilitada por los limites o fronteras que impone la realidad: intervención judicial, eventos multiorgánicos que lo coloca en situación casi de muerte, accidentes, violencias callejeras, etc.
El peso de la realidad se impone y la omnipotencia se fractura porque lo que la droga y sus “transas” prometen es precisamente omnipotencia seguida esta de una negación de las evidencias que impone la realidad misma.
Un familiar preocupado y que con firmeza y determinación busca ayuda profesional para realizar un tratamiento permitirá en muchos casos el inicio de una rehabilitación. Que una enfermedad sea crónica no implica que no haya rehabilitación.
La hipertensión, la diabetes, la obesidad por ejemplo son también enfermedades crónicas pero que con cambios en el estilo de vida y una ayuda profesional se podrá imponer la rehabilitación tan ansiada. La adicción implica si iniciamos el camino hacia una rehabilitación una serie de cambios de personas y de grupos de contacto que están en permanente dependencia a las sustancias en distintos ámbitos (departamentos que funcionan como “aguantaderos “con varios participantes”, “barras bravas”, boliches, etc.), lugares de consumo y de situaciones que pueden llevar a un consumo voraz. Hoy se le agrega con fuerza el sexo y sus variadas perversiones en donde el celular, las visitas programadas que incluyen el consumo como una situación que para muchos le resulta irresistible.
El “sugar daddy” es cuando se buscan hombres mayores que mantienen relaciones con jovencitas, incluso menores de edad en donde el dinero juega un papel esencial. Habitualmente estas jóvenes están regenteadas por adultos o una organización. Se puede llegar al “chem sex” en donde el encuentro sexual se combina con drogas psicoactivas. En muchos casos muchas de estas jóvenes son usadas como “viudas negras”.
Las prácticas sexuales de riesgo están ahí, con varias personas a la vez en un verdadero desborde pulsional (de ahí el aumento hoy de las enfermedades venéreas y del HIV). Se utilizan redes, sitios de aplicación por celular y esto se puede combinar con una economía sexual informal (regalos, ayuda económica, viajes, etc). El cuidado que va generando el adulto con dinero culmina finalmente en la explotación de la mujer.
Otra modalidad muy actual en Argentina es la llamada “All Fans” consumir todo lo disponible, llegando al descontrol con una voracidad suicida sin freno. Son verdaderas maratones de consumo con, habitualmente, menores que son contratadas y que por distintas vías de Internet se ofertan en poses, juegan con objetos eróticos, consumen y cada nuevo juego son cada vez más dólares. Estar de “gira”, “re-manija”, en “la nube”, “repuesto”; son distintos términos que definen esta maratón suicida.
HAN PERDIDO EL “QUO VADIS”
La literatura nos ayuda y el escritor Henry Sienkiewicz (Premio Nobel polaco -1905) muestra el profundo sentido del este término ambientándolo en la Roma antigua y coloca a Neron como el paradigma de aquel que por su narcisismo patológico se transforma en actor de sí mismo y quien convierte el sufrimiento en espectáculo y que depende de la adulación constante. La pérdida del “Quo vadis” para este Premio Nobel mostraba la hipertrofia del Yo, la incapacidad de aceptar al otro y la propia existencia del otro con una necesidad compulsiva de reconocimiento.
El incendio de Neron de Roma funciona como un acto narcisístico extremo que muestra la frialdad perversa. La caída del Imperio Romano denuncia la cultura del goce sin límite, la cultura del espectáculo unida con la crueldad. Muchos de estos rasgos parecerían tener que ver con la caída del Occidente actual en donde el mundo es solo espectáculo y el sí mismo aparece por allá perdido y las drogas forman parte de este escenario suicida.
El cristianismo primitivo que era el atacado en la obra del escritor polaco proponía todo lo contrario: Ley, limite, comunidad y trascendencia. La novela retrata un mundo en donde el Ego es el actor “único” y central y el otro es despreciado, devaluado o es inexistente.
IGNORANCIA
El “Quo Vadis” implica que el otro forma parte de nuestro proyecto de desarrollo personal. Esto se había pedido. ¿Iremos a la idiocracia?.
Este término se popularizo a través de una película del año 2006 en donde Mike Jugde retrata un mundo en donde la ignorancia es premiada, el consumo banal de todos los objetos incluido drogas es común y la incapacidad critica gobierna la ciencia y la cultura. Idio (como ignorancia o falta de pensamiento crítico) y cracia (poder); o sea una sociedad en donde prima la ignorancia, la superficialidad y la incompetencia.
La cultura queda progresivamente dominada por el consumo, la publicidad y el espectáculo. Implica este término el dominio del espectáculo sobre el pensamiento, una cultura de la superficialidad, disminución de la lectura, información fragmentaria que reemplaza a la reflexión (importa más un “meme” que una investigación o sea la mentira se transforma en verdad). El consumismo se había transformado en una marca de identidad, así como la gratificación instantánea.
La escuela había perdido toda importancia generándose en este reino idiocrático una crisis de la transmisión y de lo simbólico. Todo esto va seguido del predominio del Yo narcisista ocluyendo al otro y a los lazos sociales.
La banalización del consumo de drogas con su estructura de marketing sosteniéndola y con la crisis de transmisiones familiares y culturales como base nos recuerda a este mundo idiocrático que retrata tan bien esa película de 2006.
