176 años después, el conductor que la Argentina necesita volver a descubrir (Tercera parte)

Punchauca: el San Martín desconocido


La figura del General José de San Martín ocupa un lugar eminente en la historia de la independencia sudamericana. Sin embargo, no ha estado exenta de controversias. Determinadas corrientes historiográficas han sostenido que su condición de héroe nacional sería el resultado de una construcción posterior, particularmente asociada a la obra de Bartolomé Mitre.

Según esta interpretación, San Martín no habría sido percibido como un héroe en su tiempo, sino que habría sido elevado a esa categoría mediante un relato político que buscaba dotar de fundamentos simbólicos a la nación.

Frente a esta postura, es necesario afirmar con claridad que San Martín fue un héroe histórico real, cuya grandeza no solo se funda en sus acciones concretas, sino también en el reconocimiento contemporáneo que recibió. El libro de José Luis Busaniche, San Martín visto por sus contemporáneos, es una de las fuentes más valiosas para reconstruir la imagen que tuvieron del Libertador quienes lo conocieron, combatieron junto a él o fueron sus adversarios.

Más aún, el análisis detallado de episodios poco conocidos -como la entrevista de Punchauca- permite reforzar esta afirmación, mostrando una figura compleja, estratégica y profundamente inserta en las tensiones de su tiempo, muy lejos de cualquier simplificación mítica.

NOCION DE HEROE

El punto de partida para abordar esta cuestión es la noción misma de héroe. Los pueblos no solo se organizan en instituciones, sino que también construyen su identidad en torno a figuras ejemplares que encarnan valores, orientan conductas y simbolizan momentos fundacionales.

El héroe político no es una invención ficticia ni un personaje idealizado en términos absolutos, sino un individuo excepcional cuya acción produce transformaciones decisivas en la historia.

En este sentido, San Martín cumple sobradamente con estas condiciones. El Cruce de los Andes, la liberación de Chile y la proclamación de la independencia del Perú constituyen hechos históricos verificables que exceden cualquier construcción discursiva posterior. Su figura no nace del relato: el relato surge a partir de la magnitud de su obra.

CONFUSION CONCEPTUAL

Quienes sostienen que San Martín sería un “mito” incurren en una confusión conceptual. Toda comunidad elabora narrativas sobre su pasado, pero ello no implica que los protagonistas de ese pasado sean ficticios. La diferencia entre simbolización e invención es fundamental. En el caso de San Martín, la evidencia histórica demuestra que su reconocimiento como figura eminente fue contemporáneo a sus acciones. Diversos gobiernos americanos decretaron honores en su nombre, y su figura fue celebrada en vida y tras su muerte.

En el plano cultural, numerosos escritores y poetas exaltaron su figura. Autores como Vicente López y Planes, Juan Cruz Varela y Olegario Víctor Andrade lo reconocieron explícitamente como héroe, evidenciando que su grandeza era ya percibida por sus contemporáneos. Estos testimonios invalidan la hipótesis de una creación tardía. No obstante, es en el análisis de la entrevista de Punchauca donde se revela con mayor claridad la inconsistencia de la tesis del “mito” y, al mismo tiempo, la profundidad del pensamiento político sanmartiniano.

MOMENTO SIGNIFICATIVO

Este episodio, ocurrido en 1821 durante la campaña del Perú, constituye uno de los momentos más significativos y, paradójicamente, menos difundidos de su trayectoria. En Punchauca, San Martín se reunió con el virrey José de la Serna en el marco de negociaciones destinadas a poner fin al conflicto entre realistas y patriotas. Lejos de limitarse a una discusión militar, el encuentro tuvo un carácter eminentemente político y reveló el proyecto institucional que el Libertador concebía para América.

La propuesta de San Martín fue clara y estructurada. En primer lugar, planteó el reconocimiento de la independencia del Perú como nación soberana. En segundo término, propuso la formación de un gobierno provisional -una regencia o junta- que organizara la transición política. Finalmente, y aquí radica el aspecto más controvertido, sugirió invitar a un príncipe de la casa de Borbón para que asumiera como monarca constitucional. Este plan implicaba una síntesis entre independencia y monarquía, orientada a garantizar estabilidad, legitimidad y continuidad institucional.

Lejos de tratarse de una maniobra engañosa, como algunos autores han sugerido, la propuesta fue presentada de buena fe y considerada seriamente por las autoridades realistas. El propio virrey La Serna llegó a calificar el plan como “admirable”, lo que demuestra que no se trataba de una estrategia improvisada, sino de un proyecto político viable. Asimismo, testimonios como los del comisionado Manuel Abreu y del colaborador sanmartiniano Tomás Guido coinciden en señalar la sinceridad de la iniciativa.

El plan de establecer una monarquía en América no estaba dirigido a un candidato indefinido, sino a Carlos María Isidro de Borbón y Parma. San Martín lo elige precisamente por sus cualidades morales y su carácter católico. Con esto, afirmamos que no es solamente una predilección monárquica para asegurar el orden o la normatividad, sino que es una predilección monárquica específica dirigida al mejor hombre de la casa de Borbón. Y para llevar a cabo esta maniobra San Martin mantiene una correspondencia fluida con su hermano Justo Rufino, quien servía el ejercito español.

OPOSICION INTERNA

El fracaso de las negociaciones no se debió a la falta de convicción de San Martín, sino a la oposición interna dentro del bando realista, especialmente por parte de sectores militares que rechazaban cualquier solución conciliadora.

El plan de San Martín en Punchauca no solamente consistía en traer a Carlos María Isidro de Borbón y Parma, sino en que él viaje en persona a España para sellar la paz, y luego los ejércitos se abrazarían simbólicamente en el campo de batalla poniendo fin a la contienda y reconciliando a “la madre y sus hijas”.

Esto último es parte de lo conversado y la correspondencia con su hermano Rufino, San Martin se ofrecía como garante , en prueba de buena fe y hombría de bien.

El episodio de Punchauca resulta clave porque introduce un elemento de complejidad que desarma cualquier intento de simplificación. Si San Martín fuera un mito construido posteriormente, su figura habría sido presentada de manera homogénea, coherente con los ideales republicanos que dominaron la historiografía liberal. Sin embargo, la realidad muestra a un líder que contemplaba soluciones monárquicas como medio para asegurar la independencia. Esta posición, lejos de ser contradictoria, responde a un diagnóstico concreto: la fragilidad institucional de las nuevas naciones y el riesgo de anarquía. San Martín no actuaba guiado por abstracciones ideológicas, sino por un profundo sentido del orden, la estabilidad y la viabilidad política.

FRACASO DEL PROYECTO

El fracaso del proyecto de Punchauca se debe exclusivamente a la hostilidad que le presentaron al mismo, varias logias masónicas, cuyos nombres y cuyos directores fueron estudiados por el Dr. Enrique Díaz Araujo (recomendamos leer el libro San Martín, cuestiones disputadas). Es decir, el plan monárquico católico fracasa, la paz con España fracasa, no porque San Martín fue un masón, sino porque la masonería se opuso a ese plan.

LA IMPORTANCIA DE PUNCHUCA

Hasta tal punto Punchauca es una bisagra, un antes y un después para definir el heroísmo de San Martín, que B. Mitre dice expresamente que a partir de Punchauca y como consecuencia de ese planteo sanmartiniano, San Martín desaparece como libertador y emancipador, es decir, ya no merece más el rango de emancipador ni de libertador. Esto ha sido muy bien advertido por el Cnl Santiago Rospide, en su libro “El sueño frustrado de San Martín”.

En este sentido, Punchauca no debilita la figura del Libertador, sino que la fortalece. La presencia de ideas clásicas, decisiones estratégicas y opciones políticas complejas es precisamente lo que caracteriza a los grandes actores históricos. Los mitos simplifican; la historia real es compleja. La existencia de este episodio demuestra que San Martín no es una figura plana ni idealizada, sino un protagonista histórico que enfrentó dilemas concretos en un contexto de enorme incertidumbre con gran sentido tradicional e hispanista.

Por otra parte, la tendencia a negar la existencia de héroes tampoco es nueva. Ya en el siglo XIX, pensadores como Juan Bautista Alberdi cuestionaban el culto heroico, proponiendo una visión más pragmática y menos épica de la política. Sin embargo, llevada al extremo, esta postura conduce a una forma de escepticismo que empobrece la comprensión histórica. Reconocer la existencia de figuras excepcionales no implica caer en la mitificación acrítica, sino aceptar que hay individuos cuya acción tiene un impacto decisivo en el curso de los acontecimientos.

En definitiva, el General José de San Martín no es un mito construido ni una invención historiográfica. Es un héroe de carne y hueso, cuya grandeza se apoya en hechos verificables, en el reconocimiento de sus contemporáneos y en la profundidad de su pensamiento político. La entrevista de Punchauca, lejos de ser un episodio marginal, constituye una prueba fundamental de su complejidad y de su realismo estratégico. Su legado no reside en una imagen idealizada, sino en una obra concreta que transformó el destino de América del Sur. Precisamente por ello, su figura perdura no como una fábula, sino como una presencia histórica viva, capaz de seguir interpelando a las generaciones actuales sobre el sentido del orden, la jerarquía y la construcción política.

DOS NACIMIENTOS Y VARIAS MUERTES

Como hemos dicho en otras ocasiones, el General José de San Martín, tuvo entre nosotros dos nacimientos y varias muertes. Nació en Yapeyú en 1778 pero volvió a nacer para su Patria en 1812, cuando ya era teniente coronel de caballería y se disponía a luchar por la independencia. Y fueron varias sus "muertes", siempre rodeado por la incomprensión y la envidia de varios de sus compatriotas. Así, murió por primera vez para la Patria cuando partió al exilio voluntario en 1824. Y volvió a morir unos pocos años después, en 1829, cuando su frustrado regreso lo devolvió otra vez a Europa.

DOSCIENTOS AÑOS

Volvemos al legado de San Martín en palabras de uno de sus mejores intérpretes el querido Mayor de Infantería Don José Antonioni quien en la Escuela Superior de Guerra Conjunta nos decía: “Es hora de cumplir acabadamente con este mandato imperioso de San Martin, haciendo lo que debemos, sin falsas excusas, sin esperar condiciones ideales, en una siembra constante, haciendo el bien a cada paso de nuestros quehaceres, en la realidad actual de nuestra Nación, por difícil que sea. Es hora de conocer y reconocer esta grandeza sanmartiniana, para después vivirla y practicarla, trasmitiéndola.

Un antiguo, pero muy valioso y verdadero refrán popular, dice: ‘es de bien nacidos, ser agradecidos’. Cómo podemos agradecer esta Patria y sus dones, adquiridos con inmensos sacrificios, del Gran Capitán y de sus seguidores, de todas las edades, de todas condiciones: con una conducta digna, permanente, comprometida con el Bien Común, haciendo lo que debemos, aquí y ahora. Así debemos mostrar nuestra gratitud, en plenitud, en nuestros quehaceres, sean cuales fueran; es época de sembrar, de sembrar dignidad agradecida y especialmente activa”.

Con ese ejemplo desde el Instituto Elevan- Estudios y Legado en valores nacionales- intentamos hacerlo formando a todos los hombres y mujeres que deseen penetrar en el espíritu y valor de San Martín, los invitamos a sumarse a nuestra Diplomatura en Liderazgo Sanmartiniano para el Siglo XXI, al San Martin que hace 200 años algunos argentinos quisieron expulsar queremos repatriarlo, nuevamente, para que permanezca por siempre entre nosotros.