El último miércoles, el oficialismo consiguió remontar la situación de derrota legislativa sufrida a mediados de mes y logró imponer proyectos que la Casa Rosada había promovido como emblemáticos: la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central (para redefinir la misión de la entidad, priorizando la estabilidad monetaria por sobre otros objetivos secundarios, colocando la preservación del valor de la moneda como mandato central de la institución) y los cambios en la denominada Ley de Inocencia Fiscal, iniciativa que apunta a captar los famosos "dólares del colchón" incentivando su flujo hacia el crédito formal y, por esa vía, a la inversión.
TERRENO PARLAMENTARIO
Para recuperar el terreno parlamentario, el oficialismo empleó módicamente la herramienta de la negociación y abrió por primera la tranquera para que el recinto de Diputados tratara propuestas elaboradas por legisladores de la oposición colaborativa, centradas en reivindicaciones locales.
Cuando este temario se trate en el Senado es muy probable que el peaje que se requiera sea más importante. El Gobierno no dudó esta vez en satisfacer los pedidos de sus aliados: le urgía exhibir capacidad legislativa ante mercados escépticos que han vuelto a empinar la tasa de riesgo país por encima de los 500 puntos.
Simultáneamente, el Ministerio de Economía anunciaba medidas para promover el crédito hipotecario, un asunto sensible para el electorado. La propuesta de Hacienda es moderada y acotada: ordena a Anses disponer 2 billones de pesos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (reaseguro del sistema jubilatorio) para apalancar el financiamiento de primera vivienda, a través de licitaciones de plazos fijos con destino a créditos hipotecarios. Los bancos podrán fondearse allí a largo plazo para otorgar préstamos de hasta 30 años.
INSTRUMENTAL PRAGMATICO
Parece evidente que el gobierno ensaya, también en el plano económico, un instrumental pragmático que le permita dar buenas noticias a aquellos a quienes les solicitará el apoyo para la reelección. Este plan de crédito hipotecario alcanzaría a unas 18.000 familias que puedan demostrar ingresos mensuales de alrededor de cuatro millones y medio de pesos pero, más allá de este círculo, alimenta expectativas amplios sectores de clase media que por el momento sienten muy distante o decididamente inalcanzable el tradicional sueño de la vivienda propia.
¡CALMA, LIBERTARIOS!
A la luz de estos cambios de modalidad que insinúan la política y la economía libertarias y de la evidente búsqueda de armonizar mejor, parecen disonantes los modos agresivos en los que ha recaído el Presidente después de un mes de alejamiento de los escenarios y diez días de aislamiento en la residencia de Olivos.
Si hay un detalle que -para usar un término que acuñó el peronismo ocho décadas atrás- luce nítidamente “piantavotos” para los votantes moderados que pueden ser decisivos en la elección del año próximo, es la combinación de suficiencia, belicosidad y lenguaje tabernario que por momentos invade las presentaciones presidenciales.
El tono irritado al que en esas circunstancias apela Milei preocupa a muchos que en modo alguno cuestionan el rumbo del Gobierno, pero son reticentes a sus formas.
TIEMPO AL TIEMPO
Un año es un período extenso para tiempos en que los cambios pueden procesarse vertiginosamente.
El oficialismo tiene que remar ante una opinión pública que se muestra cada vez más escéptica sobre el futuro y disconforme sobre su vida cotidiana presente. Estas asignaturas pendientes pesarán en la perspectiva de la reelección que busca el oficialismo y ya perturban al Presidente. Milei insulta a quienes las señalan, particularmente contra colegas economistas y periodistas. Y argumenta contra la realidad.
Por ejemplo: rechaza la idea de que el Estado tenga que hacer algo ante el fenómeno de la morosidad, que, como señaló en San Ceyetano monseñor Jorge García Cuerva, afecta particularmente a sectores vulnerables, que “caen en la trampa de los créditos que endeudan a miles de familias”.
En Rosario, en un auditorio congregado por la Bolsa de Comercio de esa ciudad, Milei se refirió al tema con ironía y rabia: “Ahora el problema es la morosidad. Me niego a creer que seamos tan pelotudos”.
Un periodista de La Nación que registró sus intervenciones en la Bolsa de Rosario y en la reciente Cumbre de las Américas, en Buenos Aires escribió: “A diferencia de lo que ocurrió el año pasado, cuando los participantes del aniversario de la Bolsa de Comercio celebraban con aplausos afirmaciones fuertes y ofensivas del Presidente, ahora había un clima de mayor frialdad, similar al que se vivió en la Cumbre de las Américas en el Alvear Palace Hotel”.
En el llamado círculo rojo hace varias semanas que se espera una corrección en la cúspide que conserve la firme orientación promercado que ha caracterizado al gobierno de Milei, evite el aislamiento y sosiegue la “importante emocionalidad” del Presidente que en su momento destacó Patricia Bullrich.
Desde esa perspectiva, parece acertada la frase que se adjudica al propio Milei: “Yo compito contra mí mismo”.
A más de un año de la elección presidencial, esa apreciación parece reforzada por el hecho de que ante el gobierno hay por el momento una oposición desarticulada, dispersa y sin una conducción clara y legitimada.
POXIPOL PERONISTA
En el sector más numeroso de la oposición, las corrientes que reconocen o enarbolan una raigambre justicialista muestran en las últimas semanas que, pese a las pugnas que los enfrentan, están dispuestas a preservar la unidad. “La unidad es lo más importante”
, declaró Sergio Massa en una reciente aparición pública.
A falta de una autoridad central acatada por todos o de un consenso claro entre sus principales exponentes, todos coinciden en apostar a que sea una elección primaria arbitrada y financiada por el Estado el vehículo para garantizar la unidad y resolver objetivamente la distribución del poder interno.
Por eso han hecho de la defensa de las PASO una bandera común. Esa es la razón, inversamente, por incrementado PASO el año próximo.
De todos modos, el peronismo necesita más que el procedimiento de las primarias para estar en condiciones de desafiar al oficialismo: precisa dotarse de un programa de acción que sintonice con una sociedad que, según las encuestas, así como ha perdido expectativas en el gobierno y exhibe cansancio con un ajuste en el que no se distingue la línea del horizonte, también aprueba el control de la inflación y del déficit fiscal y se niega a “volver al pasado”.
¿TERCERO EXCLUIDO?
Entre las dificultades y limitaciones del oficialismo y la oposición se extiende un campo por el que estudian cómo penetrar varios “tapados” que por ahora prefieren urdir discretamente sus estrategias y esperar un tiempo antes de proclamar intenciones de competir.
Los más mencionados (un banquero nacional y un gran empresario de medios de proyección continental) hablan con protagonistas sectoriales (dirigentes de empresa, gremialistas, técnicos, personalidades de la cultura, líderes relgiosos, políticos de distintas orientaciones) y diseñan programas.
La súbita irrupción de Javier Milei, que lo llevó a la Presidencia del país sin contar ni con un partido, ni con una historia de militancia o figuración política, ha creado un antecedente que enciende la imaginación y las expectativas de outsiders intrépidos, con espaldas organizativas y espíritu emprendedor.
Las virtudes personales son, en cualquier caso, sólo un factor en este juego: lo más importante es la oportunidad.
La personalidad de Milei encontró sus chances en un momento en que el hastío social interpelaba tanto al oficialismo como al conjunto del sistema político de la época. Milei fue principalmente un instrumento de rechazo, sólo eventualmente de búsqueda de algo nuevo
.
Si hubiera espacio para un otusider el año próximo sería, principalmente, porque el actual oficialismo muestra sus límites para perfeccionarse, mantener el rumbo, mejorar la marcha y ampliar sus límites.
Y porque el peronismo no consigue actualizar sus ideas y sus cuadros para surfear una época que no es la que afrontó Perón, ni la Menem ni la de Néstor y Cristina Kirchner.
