Perinola fatal

Alguien tiró la perinola y, tras mucho girar, el trompo exhibió su peor cara: Todos ponen. Los jubilados, la clase media, los jóvenes, los pobres, los comerciantes, los obreros, los empresarios. Llevar a pulso la carga del programa económico libertario implica sacrificios. Todos ponen.

Ya se ha escrito muchas veces pero, nobleza obliga, nunca está de más volver a pintar el cuadro de esta Argentina heterogénea. El Gobierno le imprimió a la economía un sesgo exportador que sería muy saludable -genera los dólares que tanto se necesitan- si no fuera porque descuida o desdeña el consumo interno. Y eso acarrea consecuencias.

El petróleo y el gas no convencional de Vaca Muerta, la incipiente minería y el sector agropecuario -un motor siempre encendido- impulsan hoy a la Argentina. El problema es que, al menos en los dos primeros casos, se trata de polos ubicados en exclusivas zonas geográficas y su desarrollo tiene en materia de empleo y cadena de proveedores un impacto restringido.

Quizás todo sea, en definitiva, una cuestión de tiempo. Con los años, si Vaca Muerta se consolida como lo que parece ser, una fuente de recursos inagotables, terminará por derramar sus beneficios hacia buena parte del país. La gran pregunta es cómo atravesar el período de transición cuando las urgencias reclaman una marcha más acelerada.

Abundan los ejemplos del impacto positivo del desarrollo del crudo en la cuenca neuquina. Poco a poco, como cuando se arroja una piedra en un charco, las ondas alcanzan costas más lejanas. Pero todo ese desarrollo lleva tiempo. Hay que esperar. Y hay que poder esperar.

En la semana trascendió la versión de que el entramado empresario de Vaca Muerta estaría interesado en rehabilitar el ramal ferroviario de Puerto Quequén, que no tiene movimiento desde 2023. De hecho, la terminal portuaria movilizó en 2025 más de 9 millones de toneladas de granos, todas por camión.

La recuperación de esta línea se traduciría en empleo directo e indirecto, y en el impulso para una zona, el sudeste bonaerense, a la que le urgen nuevos y más baratos medios de transporte para bajar el costo logístico.

CUESTA ARRIBA

El resto de la economía, en cambio, padece el aumento de los insumos importados y la merma del consumo interno. El efecto pinza asfixia a casi todos los rubros, tanto que, según registros oficiales recopilados por la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) y analizados por centros de estudios económicos, se perdieron 5.654 empresas empleadoras en los primeros cuatro meses del año.

La industria, la construcción y el comercio padecen el azote. El primer rubro conmemoró su aniversario el martes 2 y no tuvo mucho para celebrar. Entre la carga impositiva, el incremento de las importaciones y la suba de costos no encuentran margen para competir con los bienes que llegan desde el exterior.

En medio de esta situación incierta el arranque del mes de septiembre trajo aparejado una serie de incrementos en el precio de los servicios, principalmente en el transporte, un recurso indispensable para todos los ciudadanos de a pie.

La luz aumentó 1,75% -el Gobierno nacional modificó el límite de consumo subsidiado fijándolo en 200 kWh mensuales en lugar de recortarlo a 150 kWh como estaba previsto; el gas subió 1,40% a nivel nacional; y el agua, 2,37% en la región metropolitana.

En cuanto al transporte, el pasaje del tren subió entre el 7% y el 14%, según la línea; y el boleto mínimo con SUBE registrada pasó a $450-$480. En cuanto a los colectivos, en CABA aumentó 4,1%, con un boleto mínimo que pasó a $887,99. En la provincia de Buenos Aires, en tanto, el ajuste llevó el boleto a un rango de entre $1.158,97 y $1.268,20. Por último, el subte subió 4,1% y su precio se fijó en $1.753.

En materia de inflación casi todas las consultoras privadas proyectan que las cifras de agosto bajarán al 1,6%, en un descenso pronunciado desde el 2,1% de julio. Por su parte, los costos de la logística, según datos de la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas convergieron en agosto al mismo guarismo que pronostican los gurúes económicos (1,6%). Buena señal.

EL SUBSUELO

Por debajo del efecto que generan las fotos del ministro de Economía, Luis Toto Caputo, con la titular del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, en la localidad de Asheville, Carolina del Norte; o de la cadena nacional realizada por el presidente de la Nación, Javier Milei, sobre la soberanía en las islas Malvinas, hay un sustrato social que cruje y sufre.

Los últimos informes del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina hicieron foco en dos segmentos en situación crítica: los jubilados, que padecieron la ferocidad del ajuste sobre sus magros ingresos; y los jóvenes, a los que la situación económica los empuja hacia trabajos de precariedad y subsistencia.

En uno de sus últimos papers la UCA analizó la situación de las personas mayores de 60 años en el período 2017-2025. Ese puñado de años abarca tres gestiones presidenciales, tres modelos diferentes: Mauricio Macri-Alberto Fernández y Javier Milei. Entre los principales puntos se destacan:

* La insuficiencia de ingresos alcanzó al 46,0% de los hogares con personas mayores en 2024-2025, el valor más elevado de toda la serie analizada y cinco puntos porcentuales por encima del período 2022-2023. La problemática afecta especialmente a los estratos socioeconómicos bajos (55,2%) y muy bajos (71,1%).

* La inseguridad alimentaria aumentó sostenidamente durante el período, pasando de 12,3% en 2017-2019 a 18,4% en 2024-2025.

* Las desigualdades son profundas: mientras en el estrato medio alto afecta al 1,1% de las personas mayores, alcanza al 39,1% entre quienes pertenecen al nivel socioeconómico muy bajo.

* El 21,3% de los hogares con personas mayores debió dejar de pagar algún servicio público por razones económicas, cifra que asciende a casi cuatro de cada diez hogares en el estrato más vulnerable (39,4%).

* Mientras que el 71,1% de los hogares muy bajos presenta insuficiencia de ingresos, solo el 42,4% recibe algún programa de transferencia o asistencia alimentaria.

* El déficit de acceso a servicios básicos (agua, gas o saneamiento) afecta al 25,2% de la población mayor y alcanza al 49,3% entre quienes pertenecen al estrato socioeconómico muy bajo.

* El período 2024-2025 revela un agravamiento simultáneo de tres dimensiones críticas: la insuficiencia de ingresos (46,0%), las dificultades de acceso a la salud (35,2%) y el malestar psicológico (34,0%).

¿Y qué ocurre con los jóvenes? El informe titulado Juventudes desiguales, entre la promesa y la exclusión, revela lo siguiente:

* El 69% de los jóvenes del estrato medio alto inició o completó estudios superiores, frente a menos del 10% del estrato muy bajo. En este último, el 64,7% no terminó la escolaridad obligatoria.

* Sólo el 14,2% accede a un empleo pleno de derechos. El empleo regular cae del 38,9% al 19,7% entre los estratos medio alto y muy bajo, mientras aumentan la precariedad y el desempleo prolongado.

* No estudia, ni trabaja el 34,2% de los jóvenes del estrato muy bajo, frente al 8,3% del medio alto.

* El malestar psicológico pasa del 15,5% al 28,5% entre los extremos sociales; la ausencia de vínculos de amistad, del 1,7% al 15,7%, y la violencia de género declarada entre las jóvenes, del 6,2% al 19,4%.

El documento de la UCA concluye que “no existe una única experiencia de juventud. La posición socioeconómica del hogar estructura oportunidades muy diferentes de educación, trabajo, transición familiar y bienestar psicosocial”. Y agrega que “las oportunidades de futuro se construyen sobre puntos de partida muy desiguales”.

El programa económico del Gobierno está cerca de cumplir su tercer año y ha tenido cierto éxito en ordenar la macro. Ya es hora de que las luces recaigan sobre lo micro, el consumo interno y las necesidades sociales que no resuelve el mercado. Milei no obrará por convencimiento, su ideología se lo impide, pero tal vez las elecciones presidenciales del 2027 lo lleven a tomar decisiones pragmáticas por fuera de su dogmatismo libertario.

Veremos.