Uno de los recuerdos más entrañables de la niñez es para muchos la noche de Reyes. Esa noche en la que la ansiedad por la llegada de los tres Reyes Magos no nos dejaba dormir, forma parte de esos momentos imborrables de nuestros primeros años de vida.
En la Argentina, el 6 de enero fue declarado día no laborable por el decreto 2446/56 del gobierno de la Revolución Libertadora, lo que colaboraba a que la festividad estuviera presente. El gobierno del Gral. Videla lo derogó con la Ley 21.329. Desde entonces es un día hábil. Que vuelva a ser jornada no laborable o feriado nacional probablemente ayudaría a recuperar esta tradición.
Así las cosas, este 6 de enero pasó prácticamente desapercibido en nuestra ciudad. Ni siquiera el interés económico se asomó a usufructuar la conveniencia de la fecha. Este año la publicidad no tuvo en cuenta a los santos reyes. Situación bastante lógica si consideramos que a quien iban a visitar también estuvo corrido de su lugar (como lamentablemente viene ocurriendo desde hace años), sustituido por el muy marketinero Papá Noel.
EPIFANÍA
La fecha popularmente conocida como Día de Reyes es también llamada Epifanía del Señor, por ser la primera manifestación de Jesús ante el mundo pagano, representado por quienes la tradición llamó Melchor, Gaspar y Baltazar, que llegaron guiados por la estrella de Belén cargados de ricos regalos hasta la improvisada cuna del Salvador.
Si bien en las Escrituras no son individualizados ni se encuentran demasiados detalles sobre ellos, sus nombres fueron inmortalizados en el texto ‘Liber Pontificalis’, una compilación de biografías de los papas que originariamente abarca desde San Pedro hasta Esteban V, en el siglo IX. Allí se explica que se conocía a Melchor como rey de Persia, a Gaspar como el rey de India y a Baltazar, de Arabia o Etiopía. El apelativo de magos quizás les haya venido por ser sabios o eruditos.
En una de sus últimas catequesis de audiencia general, el papa Francisco recuerda que “los Reyes Magos fueron considerados como representantes tanto de las razas primigenias, engendradas por los tres hijos de Noé, como de los tres continentes conocidos en la antigüedad -Asia, África y Europa-, y de las tres etapas de la vida humana -juventud, madurez y vejez-. Más allá de cualquier interpretación posible, son hombres que no se quedan quietos sino que, como los grandes llamados de la historia bíblica, sienten la invitación a moverse, a ponerse en camino. Son hombres que saben mirar más allá de sí mismos, saben mirar hacia lo alto”.
La Iglesia católica reconoce otras dos epifanías: en las bodas de Caná, cuando Jesús se muestra a sus discípulos con su primer milagro, y en el bautismo en el Jordán, mostrándose a los judíos.
TRES REGALOS
La tradición indica que los Reyes llevaron ante Jesús oro, incienso y mirra. Tres regalos materiales que, aunque parecen poco adecuados para un bebé, tienen un alto simbolismo espiritual. El oro puro es un metal de gran valor que no se corrompe ni se altera. Con él se lo reconoce como soberano.
El incienso, sustancia muy aromática tradicionalmente vinculada al culto de la divinidad, y la mirra, resina que se utilizaba en el proceso de embalsamamiento y era de los últimos cuidados que se dedicaba a los muertos antes de ser enterrados. Estos tres regalos simbolizan el reconocimiento de la identidad de Jesús: como rey, verdadero Dios y verdadero hombre.
PARA TODOS
Este inicio de año, los Reyes también pasaron a dejarnos su simbólico regalo. A todos y a cada uno.
El oro para que nos recuerde nuestra dignidad, que honremos nuestra palabra, seamos responsables y actuemos con inteligencia y voluntad.
El incienso para que demos espacio a nuestra vida interior, cuidemos nuestra intimidad, otorguemos un especial lugar a lo sagrado, podamos encontrar un sentido trascendente en medio de las exigencias cotidianas y no nos movamos solo por la rutina.
La mirra para que recordemos nuestra fragilidad, aceptemos aquello que no podemos cambiar y entendamos que la vida incluye dolor, pérdida y límites; para que no neguemos la vulnerabilidad, nos animemos a pedir ayuda si la necesitamos y logremos transformar el sufrimiento en aprendizaje y madurez.
Que estos dones nos ayuden a vivir este año con responsabilidad, con sentido, con profundidad y con valentía para enfrentar la fragilidad humana. Y como los Reyes Magos, mirar a lo alto teniendo en claro hacia dónde tenemos que ir sin distraernos en el camino.
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