Historias del Conurbano

¿Para qué quieren gobernar la Provincia?


Ahora sí se largó el 2027. El espejismo de la pausa mundialista llegó a su fin y se corre el velo de una carrera que nunca se detuvo. Sólo estuvo en segundo plano por la atención mayormente puesta en la aventura de Scaloni, Messi y sus muchachos. Mientras van quedando atrás las inevitables teorías conspirativas, se abre la temporada de especulaciones en torno a la vida pública. Así como en 2022 luego de ganar la Copa del Mundo de Qatar, nos preguntamos si surgiría un “Lionel Scaloni en la política argentina”, la próxima puja invita a pensar si aquello puede reiterarse o la balanza se inclinará en la búsqueda de otro estilo de representación.

La configuración del mapa arroja tibios consensos. Uno de ellos ha crecido con mucha fuerza en los últimos meses y sostiene que el próximo gobernador de la Provincia de Buenos Aires tiene que ser un intendente. Alrededor de esta postura se escuchan expresiones casi unánimes entres los jefes comunales de que les llegó el turno de ponerse al frente de la administración bonaerense. Desde los tiempos en que Eduardo Duhalde gobernó el territorio, nunca más un alcalde pudo sentarse en el sillón de Dardo Rocha. Y aún hay una materia pendiente: el salto directo desde el municipio a la gobernación. Es probable que esa dificultad se explique en las propias conductas de los barones del conurbano que construyen muros tan amplios en sus terruños que luego se le complica a ellos mismos poder saltarlos.

En cualquiera de los casos, la idea de que esta vez le toca a un intendente ha cobrado una fuerza distinta. Es verdad que hay otras miradas que sostienen que la salida masiva de jefes comunales a manifestar su intención de ser candidatos a gobernador es una amortiguación para darle paso a otra negociación siempre vigente que es encontrar la manera de prolongar sus mandatos para los cuales hay 80 intendentes que deberían cambiar su destino en 2027. Y otros ya han manifestado que tienen un postulante al que van a apoyar. Es el caso de Ariel Sujarchuk, el intendente de Escobar que ya dijo que su candidato es Gabriel Katopodis. El hoy ministro de Obras provincial es jefe político en el distrito de San Martín. Es decir, nunca olvidó su impronta comunal.

POSICIONAMIENTOS

Pero más allá de las proyecciones para posicionarse en reemplazo de Axel Kicillof -se supone que el gobernador también tendrá un preferido para dejar en su lugar- existe otro consenso que asoma como más complejo pero, incluso, más necesario. Y proviene de una pregunta: ¿Para qué quieren gobernar la provincia de Buenos Aires? Es ahí donde ha comenzado a tejerse otro de los consensos. Así como está estructurada, Buenos Aires está destinada a repetir las mismas experiencias: dependencia fiscal del gobierno federal, recibir menos de lo que aporta, responder sobre el conurbano bonaerense donde los servicios son gestionados por empresas nacionales. Entre muchas otras falencias estructurales que hacen complicada su propia identidad. Para simplificar: esa lógica es la que ha permitido que un residente de la ciudad de Buenos Aires pueda ser gobernador en más de una oportunidad.

El senador nacional por el radicalismo, Maximiliano Abad acaba de publicar un libro que se titula “La cuestión bonaerense, apuntes para un nuevo contrato social”. A través de una recopilación de textos, el libro busca encontrar propuestas para consensuar “un proyecto colectivo de largo plazo que combine modernización, descentralización y legitimidad democrática, a lo largo de los escritos, en el que participan especialistas destacados en diversas áreas como economía, cultura, seguridad, desarrollo agropecuario, innovación y economía del conocimiento; urbanismo y hábitat, y transparencia y gobierno abierto.

La línea argumental utiliza una definición del politólogo Andrés Malamud en que sostiene que “la provincia es demasiado grande para ser ignorada pero demasiado débil para imponer sus intereses en el federalismo argentino". Y agrega: “Esta debilidad no es sólo fiscal: se expresa en un Estado provincial desorganizado, híper centralizado en La Plata y resistente a ceder autonomía a sus 135 municipios. Gobernadores de distinto signo político enfrentaron estas tensiones sin resolverlas, alternando entre la lógica privatizadora y la corporativista, siempre con baja capacidad institucional”.

Existen diagnósticos que son muy conocidos en la vida política pero que hasta ahora ha costado mucho poder llevarlos a la discusión real con hechos concretos. Por ejemplo, se desprende de los textos que la Provincia “reproduce con sus municipios la misma lógica de destrato que recibe del Estado nacional, bloqueando la autonomía municipal garantizada por la Constitución nacional desde 1994 y con ello la democracia de proximidad”. Y además, plantea la cuestión del AMBA (Área Metropolitana de Buenos Aires) en la que sostiene que se encuentra “desbordada y convive con un interior productivo pero con baja densidad de servicios; las brechas educativas, sanitarias y de seguridad reflejan y amplifican esta dualidad”. El debate está planeado.

¿DESGLOSAR EL AMBA?

El exintendente de San Miguel Joaquín De La Torre, quien se define a sí mismo como un “barón del conurbano y no un hombre de la casta”, también ha planteado recientemente una propuesta para poner en debate en la próxima campaña electoral bonaerense y que genera reacciones. El exministro de gobierno provincial sostiene que su iniciativa más disruptiva pasa por separar al conurbano bonaerense de la provincia. Según explicó, los 25 municipios del AMBA deberían convertirse en distritos federales debido a que la mayoría de los servicios que reciben dependen del Gobierno nacional o de las administraciones locales. "La gente del conurbano no recibe prácticamente ningún servicio del gobernador", afirmó, al tiempo que sostuvo que esa reorganización reduciría costos para los contribuyentes y mejoraría la administración pública.

En la línea de plantear discusiones profundas para el rediseño de la Provincia de Buenos Aires, el exsenador provincial Juan José Amondarain sigue el tema de cerca y ha elaborado propuestas. Sobre este tema, los historiadores Pablo Gerchunoff y Roy Hora refrescaron que “Amondarain, que es un intelectual del peronismo, nos viene a proponer en los últimos meses la idea de que la provincia de Buenos Aires tiene que parecerse más a un “autonomismo alsinista”. Esto es una provincia que piensa los problemas de Buenos Aires y no piensa los problemas nacionales. Estos son signos de cambio que acompañan los cambios de Milei”.

En esa línea, Roy Hora, sobre la idea de Amondarain, concluyó: “La idea es que la provincia de Buenos Aires es una provincia más, no el centro del sistema político. Y por lo tanto tiene que desarrollar una agenda pública que trate los problemas específicos de la provincia”. Muy interesante es la afirmación que realizan ambos intelectuales cuando sostienen que “el sólo hecho de pensarlo es un terremoto, no sé si lo van a lograr, pero ponerlo en discusión ya es un hecho excepcional, se trata de un cambio en la manera de pensar la política nacional”.

Los mencionados son sólo algunos de los importantes ejemplos de una agenda que va ganando lugar en el debate público. Y que antes no estaba. De allí que la pregunta crezca con fuerza y se reitere: ¿Para qué quieren gobernar la provincia de Buenos Aires?

Para cerrar, refresco un fragmento de una nota de mi autoría en diciembre de 2022, momentos después de haber ganado el seleccionado argentino la Copa del Mundo en Qatar. En aquel entonces, el título fue: “¿Hay un Scaloni en la política argentina? Este es el enorme interrogante que asoma a pocas horas del año electoral. Para recuperar los valores de una sociedad abrumada por la desconfianza y la apatía hacia sus representantes, ¿dónde estará el Scaloni de turno? Pregunta que aún no encuentra una acabada y certera respuesta. Pero vale la alegoría. Las mayores dudas radican en cómo se van a estructurar los espacios políticos mayoritarios ante este desafío. Si se observa hacia afuera es Javier Milei quien hasta aquí representa lo más cercano a un desclasado dentro del sistema político vigente. El economista navega en la agenda que se interpone a la de la política. Por eso, el enorme desafío en lo vigente es encontrar quien desde adentro pueda representar lo nuevo. El cambio dentro de la continuidad. Tamaño intríngulis a resolver. El ejemplo de la selección de fútbol merece ser tomado”.