Un viaje por la historia y la arquitectura del recientemente restaurado icono de la Belle Époque porteña
Palacio Ceci: una joya cultural en Devoto
Se recuperó el esplendor de esta residencia construida entre 1913 y 1918 por Alfredo Ceci. Sus materiales importados, sus salones, pisos de taracea y recursos arquitectónicos revelan la historia de una familia italiana que hizo de la construcción también una forma de exhibir su trabajo.
Buenos Aires conserva rincones entrañables y majestuosos. Uno de ellos es el Palacio Ceci, en la avenida Lincoln al 4300 en el barrio de Villa Devoto. Sus materiales importados de Europa y sus detalles ornamentales permiten reconstruir parte de la historia de la inmigración italiana y de la ciudad de fines del siglo XIX y comienzos del XX.
La historia del Palacio Ceci está fuertemente vinculada con las transformaciones urbanas de finales del siglo XIX. Hacia 1880, la zona pertenecía al antiguo Partido de Belgrano y consistía en un entorno rural de quintas y descampados. Ese mismo año se sancionó la Ley de Federalización que designó a Buenos Aires como Capital de la República y, en 1887, la anexión de Belgrano y Flores delimitó la Ciudad con la Avenida General Paz. En aquel paisaje, el único vector de desarrollo era el Ferrocarril al Pacífico, actual Ferrocarril San Martín.
Atraído por el potencial inmobiliario, el inmigrante italiano Antonio Devoto adquirió tierras para lotear y edificar un barrio que tras su muerte llevaría su nombre. En 1885 desembarcaron de Ancona cinco hermanos de apellido Ceci, quienes se vincularon rápidamente con la comunidad italiana local y establecieron fundamentalmente un vínculo con Devoto. Los recién llegados comenzaron como albañiles y fundaron Ceci Hermanos, constructora responsable del Seminario Conciliar, la Quinta Devoto y la Escuela de las Hermanas de la Misericordia. Entre ellos se destacó Alfredo Ceci, quien encargó la construcción de esta residencia, realizada entre 1913 y 1918, y luego la convirtió en su vivienda. Sin embargo, algunos historiadores sostienen que erigió el palacio como un despliegue de opulencia concebido como un showroom o muestrario a escala real.
Así, en aquella Buenos Aires del Centenario, la finca funcionaba como un catálogo vivo diseñado para fascinar a clientes adinerados, exhibiendo en sus ambientes la más refinada selección de materiales nobles importados desde Europa. Su concepción responde a un estilo ecléctico donde conviven la distribución de salones francesa y el virtuosismo técnico de la ingeniería italianizante, bajo un estricto sentido de la simetría visual. Fiel a su propósito comercial como muestrario de alta gama, la construcción incluía recursos escenográficos como puertas o chimeneas falsas para equilibrar visualmente los ambientes. Cabe destacar que, pese a que sus dimensiones no le dan el carácter de palacio propiamente dicho por no ser de los más grandes de la ciudad, destaca por lo oneroso de sus materiales y el lujo de sus ornamentaciones
AMBIENTES
Desde el acceso, una escalinata de granito rojo conduce al hall de la planta noble, donde sobresale un piso confeccionado con miles de teselas o mosaicos venecianos alineados a mano. Este minucioso trabajo sigue la misma tradición técnica aplicada en monumentos emblemáticos como el Teatro Colón o el Palacio de Tribunales.
Al cruzar el vestíbulo, los salones exhiben pisos de roble de Eslavonia ensamblados mediante la técnica del taraceado, un procedimiento de ebanistería que incrusta maderas de distintas tonalidades para formar motivos geométricos sin usar pinturas.
Uno de los detalles que marcan los interiores de la residencia son los ambientes separados por género donde las mujeres realizaban bordados o recibían a las visitas femeninas, mientras que en otros espacios los hombres se juntaban para fumar o beber. El Salón Dorado de baile y el comedor eran puntos de encuentro para residentes e invitados. Allí se organizaban grandes banquetes y los visitantes podían conocer de primera mano los materiales y recursos ornamentales que los Ceci ofrecían para sus propias residencias.
La estancia destaca por sus espejos enfrentados para multiplicar la luminosidad y por sus paredes restauradas. A diferencia de intervenciones sintéticas, la puesta en valor devolvió el resplandor original mediante la técnica del dorado a la hoja real. Ante la falta de estos insumos en el país, las láminas de oro puro debieron importarse de forma exclusiva desde Italia para ser aplicadas artesanalmente a golpe de martillo. El techo exhibe un lienzo en marouflage de Dante Ortolani, escenógrafo del Teatro Colón, que representa a los enamorados y la primavera. Asimismo, preside el salón la escultura de mármol Los Danzarines, copia exacta del original en yeso conservado en Florencia; una pieza que, dicho sea de paso, funcionaba como un verdadero catálogo de lo que la familia Ceci era capaz de ofrecer.
REFINAMIENTO
En el sector masculino se ubica la oficina personal de Ceci, caracterizada por sobrias boiseries de madera y paños entelados. El comedor principal, de uso común, luce un piso taraceado con tréboles de cuatro hojas y conserva en sus paredes un fragmento triangular del tapiz textil original de la época. En este salón resalta un imponente panel decorativo realizado bajo la técnica del Gobelino, enviado directamente por la histórica Fábrica de Gobelins en Francia, pieza cuyo valor exige que cualquier restauración sea ejecutada por expertos traídos de Europa. Allí, el techo presenta un marouflage dedicado al dios Baco con coronas de vides y panteras, flanqueado por chimeneas ornamentales de mármol y bronce sin tiraje real.
El primer piso, reservado a la vida familiar, cuenta con una escalera imperial de doble brazo dividida por género. Sus cuatro habitaciones independientes albergaban a don Alfredo, su esposa y sus cuatro hijos, con baños equipados con sanitarios importados de Nueva York. En el baño masculino se conserva una particular bañadera baja de asiento para aliviar el cansancio tras cabalgar desde el centro porteño.
En tanto, los 19 empleados domésticos que tenía la familia en la residencia circulaban por pasadizos, escaleras caracol ocultas y antecocinas con montaplatos para no invadir los salones nobles. En el subsuelo funcionaba una cocina a leña con calientaplatos, paredes con azulejos ingleses Subway y un salón de billar con pisos de pinotea.
NUEVA FUNCIÓN CULTURAL
Con la partida de la familia en 1938, el Palacio albergó a la Escuela de Educación Especial N° 28 Bartolomé Ayrolo, pionera en la enseñanza para niños sordomudos en América Latina. En 2001, la Legislatura porteña lo declaró bien protegido mediante la Ley Nº 656 y dos años más tarde se inició su puesta en valor integral, abarcando fachadas, subsuelo, jardines y su cúpula de vitrales originales unidos con plomo fundido, con la participación de la Escuela Taller de Artes y Oficios de la Dirección General de Patrimonio.
Actualmente, el Ministerio de Cultura afianzó un programa permanente de visitas guiadas de 50 minutos. Los recorridos se realizan los miércoles y viernes a las 11 h y 13 h, y los sábados, domingos y feriados a las 11 h, 14 h y 16 h[cite: 12]. Las reservas se tramitan a través de EntradasBA, con un arancel de $2.000 para residentes argentinos y de $10.000 para extranjeros, y es gratuito los miércoles.
