Mirador político

PJ: dos versiones del pasado

La marcha de la economía es el factor primordial para ganar elecciones. En ese terreno Javier Milei tiene hoy los números en orden (inflación: 1,9%). También la política pesa y en ese otro terreno el cisma peronista entre Cristina-Kicillof pavimenta, asimismo, el camino de la reelección de Milei.

La pregunta clave es entonces por qué los peronistas estando en clara desventaja se pelean y de qué naturaleza es el conflicto que se gestó en el corazón del kirchnerismo. Por qué se enredaron en una disputa que les quita competitividad.

El enfrentamiento no es ideológico porque la política económica que ambos proponen consiste en volver al pasado. La diferencia es de nombres, no de ideas.

La pelea es por la tobillera de CFK y por su inhabilitación para ejercer cargos públicos. Es la primera vez que le pasa. Antes no podía ser candidata de hecho a causa de su mayoritaria  impopularidad. Ahora tampoco puede serlo, pero de jure

, lo que directamente la saca del juego.

Sin ser candidata a presidenta, ni gran electora su influencia sobre el Poder Judicial se reducirá a cero y seguirá usando tobillera un tiempo largo, porque las causas por corrupción empezaron a reanimarse después de largos años (Skanka) como momias en una historia de terror.

Después del fracaso de su segundo mandato, Cristina Kirchner entendió que necesita un testaferro electoral (Alberto), pero su problema actual es que no puede imponerlo con un “tweet”, lo que la obliga a usar todo su poder de fuego. Los camporistas ya amenazan públicamente a Kicillof con dividirle el voto: negocia o pierde.

La gravedad del desafío muestra que los cristinistas ya están peleando en su patio trasero y explica las presiones y delirios grandilocuentes de algunos de ellos que para colgarle el cartel de “traidor” a Kicillof lo comparan con Augusto Vandor y, a su jefa, con Juan Perón.

El gobernador bonaerense, por su parte, no responde a los ataques. Simplemente pide las PASO para medir fuerzas. Vio como su mentora se desentendió de la suerte de Alberto Fernández cuando la economía comenzó a irse a pique y no quiere caer en la misma trampa, ni darles una sobrevida a los camporistas.

Comprobó además que Cristina representa un pasivo electoral tóxico del que tiene que desprenderse. El peronismo ganó el año pasado la provincia en la votación por la gobernación y las intendencias, pero perdió la elección nacional. Lo tildan de comunista, pero Kicillof aprendió de los peronistas a acompañar a sus líderes en decadencia solo hasta la puerta del cementerio y a no meterse en la tumba con ellos.

El resto del PJ observa sin intervenir, aunque subterráneamente ya comenzó a jugarse el partido por la candidatura a gobernador bonaerense en la que hay dos sectores, el patrocinado por Kicillof, y el más cercano a Sergio Massa. ¿Se conseguirá la unidad? En ese plano la lucha es por el poder, pero con especial incidencia en los negocios (el juego), por lo que las soluciones racionales siempre están más a mano.