Otro país

Cuando los historiadores escriban los libros acerca del primer cuarto del Siglo XXI tendrán que hacer mención de manera insoslayable al momento bisagra en que la Argentina dejó de ser una economía netamente agroexportadora para transformarse, además, en un país petrolero.

El hecho venturoso, tantas veces anunciado como una promesa del futuro, finalmente se ha concretado. Hoy los recursos hidrocarburíferos originados en el yacimiento no convencional de Vaca Muerta secundan al campo en relevancia al momento de generar divisas.

Esto que podría ser apenas una opinión está respaldado por las cifras que en los últimos 15 días vienen difundiendo los medios y las consultoras. El peso del rubro Energía en la balanza comercial es tal que sin él bien podríamos hablar de otra Argentina, mucho más pobre.

Los problemas en el flanco interno son tantos, sobre todo en el plano de lo social -desfinanciamiento de lo público, pobreza en 28,2%, informalidad laboral en el 44,2%-, que terminan por eclipsar las fascinantes cifras del comercio exterior.

De acuerdo a los datos de la consultora Abeceb, “en apenas seis meses el superávit comercial ya superó al de todo 2025. Todo sigue apuntando a exportaciones en torno a u$s 100.000 millones en 2026. El año cerraría con un superávit comercial en torno a u$s 21.000 millones o incluso aún mayor, casi el doble de los u$s 11.320 millones del año pasado”.

El superávit comercial registrado en junio, que fue de u$s 2.194 millones, estuvo sustentado en mayor medida por un incremento del 24,5% en las exportaciones y una suba del 7,3% en las importaciones.

“La principal contribución para el superávit comercial fue del sector de los derivados de la soja, ya que la industria aceitera aportó casi u$s 602 millones en el aumento de las exportaciones, un tercio del incremento total de u$s 1.780 millones. Por su parte, el petróleo crudo aportó otros u$s 333 millones (un 19% de la suba total), y los productos químicos contribuyeron con u$s 287 millones (un 16% del total)”, explica Abeceb.

Si bien las exportaciones del complejo energético representan casi la mitad del expresado por el agro, su crecimiento en los últimos años es indiscutible. “En 2026 el saldo de la balanza energética mejora en u$s 2.207 millones respecto a igual periodo de 2025. Se explica por mayores exportaciones por u$s 2.274 millones e importaciones por u$s 67 millones”.

Estos números son parte de una parábola que va en ascenso. De hecho, en 2025 las exportaciones de combustibles y energía alcanzaron los u$s 11.100 millones, el valor más alto en más de dos décadas. Fue el segundo récord consecutivo, superando en un 14% la cifra de 2024 (u$s 9.717 millones).

La exportación de energía se potenciará aún más cuando se finalicen las obras en el puerto de Punta Colorada, provincia de Río Negro, y Argentina pueda venderle desde allí al mundo importantes cantidades de gas natural licuado.

La dinámica le servirá a la economía nacional para recuperar el peso perdido en el entramado global. Sólo basta pensar que en los primeros años de la década de 1960 las exportaciones argentinas representaban cerca del 1% de las exportaciones mundiales, mientras que en la actualidad este valor apenas alcanza el 0,3%.

Cuando se revisan los indicadores sociales y económicos salta a la vista que somos una sociedad que conformó una Nación fallida. La involución padecida en las últimas décadas en mucho se parece a un fracaso. Algunas cosas, sin embargo, parecen estar bien encaminadas. El proyecto Vaca Muerta, que ya es una realidad, resulta una de ellas.

El kirchnerismo en todas sus formas -léase Néstor, Cristina y el inefable Alberto- dio el puntapié inicial y consolidó el rumbo al firmarse el contrato entre la estatal YPF y Chevron; Mauricio Macri lo hizo escalar desde una experiencia piloto a la industrialización masiva y hoy Javier Milei lo acrecienta a partir de la desregulación del mercado y la implementación del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI). A eso en otras latitudes le llaman política de Estado.

MODELOS

No será la primera vez, tampoco la última, en la que hagamos mención al cambio de lógica que atraviesa a la Argentina. En el proceso ha nacido una criatura que exhibe al mismo tiempo los rostros de la comedia y de la tragedia.

Basta caminar por las calles, acercarse a algún foro empresarial, conversar con los protagonistas para tomar nota del asunto. Esta semana en la Exposición Rural de Palermo el campo exhibió este humor bifronte: los productores que abastecen el mercado interno sufren la merma del consumo; los que exportan, en cambio, portan una sonrisa difícil de disimular.

Hay desde la llegada del liberalismo libertario otra forma de entender la economía. Pongamos al sector agropecuario como ejemplo. El kirchnerismo inventó la Mesa de los Argentinos y reguló las exportaciones bajo la premisa de que primero se comía en casa y luego se vendía al exterior.

La idea era también desenganchar el vagón de los precios locales del tren internacional.

La gestión Milei, en cambio, ensayó desregulaciones y abrió mercados con el espíritu propio de quien está convencido de que debe regir la oferta y la demanda. Por eso a los cabañeros consultados en la Exposición rural no les preocupa la caída del consumo de carne vacuna en la Argentina, porque compensan con la exportación. Si no comen los de acá, comerán los de afuera.

La economía de este país con sesgo exportador tiene dos motores que funcionan a pleno y otros tantos que se han planchado hace rato. De allí que pese al fuerte impulso del complejo agroexportador y la energía, la actividad planea en curso descendente.

En la semana el Indec difundió los datos de la actividad económica, que registró en mayo una merma de -0,5% con respecto al mes anterior, y una leve mejora de 0,2% interanual. Del total de 15 sectores, 8 registraron subas, destacándose Explotación de minas y canteras (15,7%) y Electricidad, gas y agua (8,0%).

Por su parte, Agricultura, ganadería, caza y silvicultura (4,6%) fue, a su vez, la de mayor incidencia positiva en la variación interanual, seguida por Explotación de minas y canteras (15,7%)

En tanto, siete sectores de actividad registraron caídas en la comparación interanual, entre los que se destacan Pesca (-29,3% i.a.); Industria manufacturera (-5,6%) y Comercio mayorista, minorista y reparaciones (-4,3%). Es decir, el consumo interno.

PELUSA

En los bolsillos del trabajador argentino hay pocas cosas: la tarjeta SUBE, el celular, alguna figurita del Mundial, un par de guantes y pelusa, mucha pelusa. No hay plata.

El último informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), conducido por el economista Nadin Argañaraz, hizo foco sobre los salarios y llegó a las siguientes conclusiones:

* En mayo los salarios privados registrados crecieron un 2,0%, con una inflación mensual del 2,1%, es decir que cayeron 0,1% en términos reales respecto a abril. En el caso del sector público nacional el crecimiento nominal fue del 1,9%, cayendo un 0,3% en términos reales. Y en el de los empleados públicos provinciales, la suba nominal fue del 1,4%, cayendo 0,7% el valor real. El empleado público promedio tuvo una baja real mensual del 0,6%.

* En términos interanuales, es decir la comparación entre mayo de 2025 y mayo de 2026, la inflación fue del 33,2%. Si se considera la variación real interanual de los salarios, se aprecia una caída del sector público provincial (-3,2%) y una mayor caída del sector público nacional (-7,3%). En el caso del sector privado registrado, la baja real interanual fue del -2,9%.

* En lo que va del año, el salario privado registrado exhibe una baja real del 3,2% en relación con igual periodo de 2025. En el caso del sector público nacional la pérdida real es del 7,4% y en el del provincial del 1,1%.

* Respecto a noviembre de 2023, mes previo a la asunción del actual gobierno nacional, los salarios privados registrados se encuentran 3,6% debajo y los del sector público un 17,8% debajo (36,5% los nacionales y 9,8% los provinciales).

Pese a esto, el Monitor de Opinión Pública (MOP) de junio de la consultora Zentrix muestra una primera señal de freno en el deterioro político de Javier Milei: la desaprobación a su gestión retrocede a 56,6%, después de tres meses consecutivos de suba, mientras la aprobación se mantiene estable en 33,2%.

El 64% de los argentinos, sin embargo, considera mala o muy mala la situación económica del país, y el 41,7% extiende ese diagnóstico negativo a su propia economía personal. Esa misma fragilidad aparece en la autopercepción de clase social: el 50,2% se ubica en los estratos bajo o medio-bajo, y apenas el 10,5% se reconoce en la clase alta.

Y mientras este caldo se cocina a fuego lento, en agosto los senadores de la Nación pasarán a cobrar un salario bruto de $ 12 millones mensuales. Desde su torre de cristal la casta nos saluda con sarcasmo.