El régimen comunista acusó a sus vecinos del sur de empujar a la península al borde de la guerra

Obama envía a Corea un portaviones

Seúl reiteró que "cualquier nueva provocación desatará una respuesta contundente", y desplegó piezas de artillería en la frontera. Exodo desesperado hacia la ciudad de Incheon.

Pyongyang - "El accionar de Corea del Sur está empujando a la península al borde de la guerra", advirtió el régimen de Pyongyang, cuyo bombardeo del martes ya dejó cuatro muertos, al descubrirse ayer en la isla atacada de Yeonpyeong los cadáveres de dos civiles -se suman al par de soldados caídos-.

Para añadir más tensión, Estados Unidos envió un portaaviones nuclear a la región y ratificó el ejercicio militar de 96 horas que iniciará junto a Seúl el próximo domingo en el Mar Amarillo.

"Aunque estas maniobras estaban programadas, demuestran la fortaleza de nuestra alianza. Tendrán carácter disuasivo y defensivo", se apuraron a señalar el presidente norteamericano Barack Obama y su colega Lee Myung-bak, quienes dialogaron telefónicamente.

Cabe recordar que los preparativos surcoreanos para este ejercicio fue el argumento usado por el gobierno comunista, que conminó a su vecino a detener los aprestos bélicos. Ante la negativa y los primeros proyectiles disparados dentro de ese simulacro previo, llegó el letal fuego de artillería desde el otro bando.

AMENAZAS CRUZADAS

Seúl también se preocupó por reiterar que "cualquier nueva provocación desatará una respuesta contundente", y enseguida anunció un incremento del número de piezas de artillería en Yeonpyeong, así como el alcance y calibre de los obuses.

Norcorea replicó que lanzará "una represalia despiadada en caso de una violación de nuestra soberanía, aunque sea de 0.001 milímetros".

En medio del cruce de amenazas, el ministro de Defensa surcoreano, Kim Tae-young, atribuyó la agresión recibida a "una acción deliberada para apuntalar el liderazgo de Kim Jong-un", ungido en septiembre pasado como probable sucesor de su padre, el dictador Kim Jong-il.

SIN AYUDA HUMANITARIA

Lo que constituyó el primer ataque contra la población civil desde 1953, cuando la guerra en la península culminó con un armisticio pero sin tratado de paz, llevó a Seúl a suspender el envío de la ayuda humanitaria prometida a Pyongyang para paliar las consecuencias de las devastadoras inundaciones sufridas en agosto.

"Con esta decisión están destruyendo los programas humanitarios, incluidas las reuniones de familias separadas" por el conflicto bélico -una de las cuales estaba pautada para hoy-, acusó el país comunista.

SIGUE EL SUSTO

Mientras persiste el estado de alerta máxima en toda la costa occidental de Corea del Sur y algunas viviendas continúan ardiendo en la isla bombardeada, unos 700 lugareños se resisten a abandonar los búnkers. Muchos pobladores emprendieron un éxodo desesperado hacia la ciudad portuaria de Incheon.

El Ejército, que mandó comida y agua para los evacuados, recuperó de entre los escombros los cuerpos de dos obreros de la construcción de unos 60 años que trabajaban en la base castrense.  (ANSA, EFE, AP y Télam)