ONU, G2, Malvinas y las palabras que obligan

Este año, la gran Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas, que suele congregar en Nueva York a jefes de Estado de todos los continentes, se vio devaluada en los medios por la cumbre del G2 que unas horas después protagonizarían Donald Trump y Xi Jinping en Washington. Trump participó en las dos reuniones, pero la primera fue para él, más que nada, un escenario donde practicar su particular elocuencia que combina autoelogios (se consideró promotor de la paz en el mundo) y amenazas apocalípticas (se preguntó, por caso, si debía aniquilar a Irán, evocando el botón atómico que tiene a disposición). Su principal atención estaba puesta en el arribo de Xi Jinping, a quien aguardó cortésmente al pie de la escalerilla del avión, aterrizado en la Base Andrews (una gentileza que Xi no había tenido con él cuando en mayo arribó a Beijing Daxing, el aeropuerto de la capital china: en esa ocasión lo esperó el vicepresidente de la República Popular, Han Zheng). La prensa china celebró la recepción “sin precedentes” de Trump a Xi.

 

AMIGOS SON LOS AMIGOS

Al llegar, en declaraciones escritas, el visitante afirmó que “China y Estados Unidos deben ser socios, no rivales”, y aseguró que “la gran revitalización” de su país puede marchar de la mano con el objetivo de hacer grande a Estados Unidos de nuevo, complementarse mutuamente y beneficiar al mundo. “Ambas naciones deben trabajar en la misma dirección, promover una relación estable basada en la cooperación, una competencia moderada, diferencias manejables y promesas de paz”. Esta es la primera visita de Xi a Estados Unidos en más de una década y el tono de su mensaje se daba por descontado. En mayo, cuando se vio con Trump en Beijing, Xi planteó la necesidad de que ambas potencias superaran “la trampa de Tucídides”, una alusión al recalentamiento de conflictos que suele acompañar el reemplazo de una potencia declinante por otra ascendente. Ya entonces quedaba claro que la paciencia estratégica de la milenaria nación oriental está dispuesta a esperar la sucesión muy activa pero no belicosamente. China se mueve cómodamente en el marco de la diplomacia presidencial que Trump prefiere y considera que es un buen ámbito para desarrollar consensos por los próximos dos años. El diálogo directo entre los líderes se traduce en el trabajo conjunto de comités de ambos países que trabajan en torno a las cuestiones más sensibles de la relación (los temas de intercambio comercial y también cuestiones militares, en las que la buena comunicación previene las malinterpretaciones) y a aquellas en que existen intereses densamente entrelazados.

 

LÍNEAS ROJAS

Xi ha planteado ya con claridad cuáles son las líneas rojas que no deben franquearse para mantener un vínculo amable: la primera es el tema Taiwan. Estados Unidos debe respetar el principio de "una sola China" y gestionar la cuestión de Taiwán con la máxima prudencia. Otra, igualmente importante, es el derecho al desarrollo. El debate actual sobre la Inteligencia Artificial estaría encuadrado en ese punto.

Aunque dispuesto a trabajar en colaboración, Trump no oculta que su objetivo es triunfar sobre China ni que percibe a su interlocutor como un enemigo a vencer. La política del gobierno estadounidense parte de una premisa geopolítica: la IA es una tecnología estratégica y Estados Unidos no debe permitir que China alcance una posición dominante. El AI Action Plan de la Casa Blanca plantea explícitamente acelerar la innovación, construir infraestructura y extender internacionalmente la tecnología estadounidense, incluyendo hardware, modelos, software, aplicaciones y estándares.

La postura china es particularmente interesante porque va mucho más allá de intentar producir "un ChatGPT chino". La expansión de modelos abiertos cada vez más baratos y accesibles, introduce otra lógica. Si consigue producir modelos suficientemente buenos, baratos, abiertos y adaptables, podría estar construyendo algo parecido a un estándar de facto. El vencedor en la puja no necesariamente es quien fabrica el producto técnicamente más sofisticado, sino quien consigue que su tecnología se difunda más ampliamente y se rodea de un ecosistema que lo emplea y lo expande con el uso.

 

LA CARRERA NO TERMINA

Es interesante atender a la postura de Jensen Huang, el CEO de Nvidia quien, desde Estados Unidos, sostiene que los modelos chinos abiertos podrían ser utilizados por empresas estadounidenses y que restringirlos puede ser contraproducente. Su argumento es que un modelo barato o gratuito no necesariamente reduce el mercado de hardware; al contrario, puede multiplicar la cantidad de usuarios y, por lo tanto, la demanda de chips y centros de datos. No conviene cerrar el sistema ni frenar la expansión; cuanto más ampliamente se utilice la IA, mayor será el mercado de infraestructura que la sostiene. Para el negocio de Nvidia la apertura no es necesariamente una amenaza, puede ser su motor. Su lugar en la cadena es diferente al de los desarrolladores de IA como Anthropic, Open AI o Musk. Y desde ese lugar puede entenderse tanto con los chinos como con las posiciones no regulatorias de Trump.

La complejidad de esta temática -desde las cuestiones de seguridad y los eventuales desbordes de la inteligencia artificial a las pulsiones geopolíticas y a las tensiones propias de la competencia comercial entre gigantes- sugiere que no hay soluciones definitivas a la vista, más allá de la conveniencia de sistemas de interconexión, alerta y conciliación entre las diferentes miradas para contener emergencias o distorsiones gaves. Como lo expresó Huang hace pocas semanas, no hay que pensar la competencia entre Estados Unidos y China como una carrera con una línea de llegada: ambos países seguirán desarrollando IA y utilizándola durante mucho tiempo. La carrera no termina. No se sabe quién bajará la bandera a cuadros.

El encuentro del G2 mostrará sus resultados en la práctica, más que en declaraciones. Un primer resultado (comercial) ocurrió antes de la cumbre: el intercambio de mandobles arancelarios entre ambos, que estaba pausado hasta noviembre, ahora extenderá la pausa otros dos meses. Entretanto, los equipos de ambos países -el de Estados Unidos lo conduce Scoltt Bessent- seguirán pulseando para ajustar el desequilibrio (en beneficio de China) de la balanza comercial. La Gran Muralla china extendió su construcción durante casi dos milenios. Se verá cuánto lleva deconstruir la gran muralla productivo-comercial que preocupa a Trump.

 

MEJOR QUE PROMETER

El peso del G2 fue una de las circunstancias que impidieron que Javier Milei pudiera coronar su dramática apropiación de la temática Malvinas con un encuentro en Nueva York con el presidente de Estados Unidos, si se quiere, el promotor de esa operación. Fue la ambigua insinuación de Trump de que podría revisar la postura invocadamente neutral de Washington sobre el diferendo austral lo que empujó a la Casa Rosada a aprovechar astutamente la circunstancia de lo que parecía un apoyo de la primera potencia. Milei se despachó extensamente sobre el asunto en esta reunión en Naciones Unidas, compensando los cuasi silencios de sus dos presencias anteriores, y lo hizo con conceptos claros, diplomáticamente fundados.

De cualquier modo, conviene prestar atención a lo que señaló esta semana en una columna periodística el Teniente General Juan Martín Paleo, hasta hace unos meses jefe del Estado Mayor Conjunto: “La soberanía no se declama. Se financia, se planifica y se construye. Y será el Presupuesto 2027 -no los discursos- el que permita saber si la Argentina decidió finalmente abandonar el tiempo corto de la política para ingresar en el tiempo largo de la estrategia. El presupuesto 2027 será la primera evidencia material para saber si el reciente redescubrimiento de Malvinas constituye el nacimiento de una política de Estado o de una jugada asociada al calendario electoral”. Según Paleo, “durante los últimos años la Defensa recibió uno de los niveles de financiamiento más bajos de su historia; el Fondef perdió capacidad para impulsar la recuperación sostenida de medios; la prometida equiparación salarial entre las Fuerzas Armadas y las Fuerzas de Seguridad continúa incumplida; y la crisis de la obra social militar deterioró la principal capacidad de cualquier institución: su recurso humano. La presentación del nuevo presupuesto ofrece ahora la posibilidad de revertir esa tendencia”.

De hecho, la inversión en la base integrada de Ushuaia, que el Gobierno promete impulsar (y para la que adelantó fondos por decreto) no está incluida en el proyecto de Presupuesto. La custión Malvinas supone un compromiso del Estado, que no excluye, por cierto, la velocidad de las reacciones diplomáticas, pero que obviamente no puede reducirse a ella y a la espera de que nos ayude un aliado grandote.

 

NO TODO ES PELIGRO KUKA

Tampoco sería un pecado que la decisión estuviera influida por un interés electoral. A condición de que se trate realmente de una decisión, no meramente de una operación de propaganda.

Es comprensible que el clima electoral incida en la gestión del Gobierno que está peleando por la reelección y no se considera suficientemente reconocido. En ese clima hay que inscribir la idea -provista nada menos que por el titular de la Academia de Periodismo, y columnista de La Nación, Joaquín Morales Solá- de que Patricia Bullrich, si participara electoralmente el año próximo, sería para candidatearse a la Presidencia de la República y para ello estaría dispuesta a competir en una PASO con Milei en el seno de La Libertad Avanza. De no provenir de un colega tan jerarquizado como Morales Solá podría suponerse que la versión es un sondeo maquinado por los amigos de la senadora para poner en circulación informalmente su nombre. Pero lo cierto es que ella no lo necesitaría: Bullrich es una favorita habitual en las encuestas de opinión y la mayoría de los analistas la percibe como una precandidata a algún cargo prominente (vicepresidenta, jefa de gobierno porteño). La versión de Morales Solá excluye cualquier otro objetivo que no sea la presidencia. Con la advertencia de que, si por algún motivo se le cierra la posibilidad en 2027, quedaría, inamovible y con mayor autonomía, si se quiere, en su cargo de senadora. No todo peligro es “kuka”.