No somos iguales, sólo parecidos
Creer que la sociedad digiere y tolera cualquier explicación o excusa difusa para la conducta de los funcionarios no sólo es un error, sino una subestimación y un riesgo.
Seguramente envalentonado por lo que cree una contundente respuesta a las dudas sobre su patrimonio y sus gastos, Manuel Adorni decidió dar el lunes la primera conferencia de prensa luego de su tropiezo, para llamarlo de algún modo.
Ha escuchado los aplausos de la barra brava de LLA dirigida por el presidente a los gritos desde los palcos del Congreso. (Todas las hinchadas futboleras creen desde siempre que el que más grita, canta agresivamente e insulta es el mejor)
Los conductores de radio y televisión parecieron conformarse con las explicaciones, porque mermaron en los últimos dos días sus cuestionamientos y críticas.
Sin embargo, ninguno de los interrogantes ha sido seriamente aclarado. Lo único que queda es la acusación de mentiroso al periodismo y la afirmación de que “el tema forma parte de un proceso judicial y no corresponde hablar de eso”, en un súbito ataque de respeto por el poder judicial. Eso no es totalmente cierto y además parece olvidar que ciertas imputaciones son cuestiones de ética que están fuera de la órbita de la justicia y que también deberían ser aclarados toda vez que su gobierno hace un culto de su misión de liderar la revolución moral y de ser Catón de la sociedad en ese sentido.
También habría que recordarle al Jefe de Gabinete que en ninguna parte está prohibido hablar de los temas que están en manos de un fiscal, como bien lo sabe cualquier panelista televisivo de la tarde y los abogados que convierten esos programas en estrados judiciales.
La convocatoria del lunes es, además, una sana marcha atrás en la convicción del oficialismo de que el periodismo no sirve para nada, (como ha reposteado recientemente el primer mandatario) y es ensobrado, aunque ahora parece que sí sirve para difundir las ideas del gobierno. (Suponiendo que cuente con la asistencia de los destacados en Casa Rosada, que deberían evaluar si se prestan a convalidar esta nueva diatriba de escaso sustento.
Empecinado esfuerzo
En el empecinado esfuerzo por anular el pasado (diría el maestro Borges), o de cambiarlo, Adorni explicó que en su declaración de bienes está todo perfectamente aclarado. (Antes había dicho que no había vencido el plazo para presentarla, una contradicción más) Ni Superman logró cambiar el pasado, incluyendo las declaraciones de bienes.
Asimismo, explicó que la declaración secreta que está en manos de la Oficina Anticorrupción da razón del incremento de su capital (¿y del origen de fondos para sus gastos?) y remató asegurando que todos los gastos que salieron a la luz fueron pagados por él.
Estas afirmaciones merecen una observación. La primera es que la Oficina Anticorrupción, según la ley 25.233, depende del Poder Ejecutivo, concretamente del ministro de Justicia, Doctor Juan Bautista Mahiques, designado en marzo pasado.
La ley establece que las declaraciones reservadas escritas, (no las publicables, que son electrónicas) permanecerán en poder de la OA, a disposición únicamente del Titular de ese organismo o del ministro de Justicia, y sólo se podrán informar a un juez que lo requiera específicamente. O sea que el texto sólo es conocido por el Titular de la OA, el ministro de Justicia y Dios.
El plazo de presentación de esas declaraciones fue prorrogado hace 9 días hasta el 31 de julio.
La actual titular es la doctora Gabriela Carmen Zangaro, designada en marzo pasado, a propuesta del nuevo ministro de Justicia.
El juez de la causa es Ariel Lijo.
Quizás en un exceso de suspicacia, este secreto y no publicación de la parte más importante de la declaración jurada, recuerda al diploma de la expresidente Kirchner, “guardado en una caja de seguridad “por la Universidad que teóricamente lo emitió.
Tal vez la columna deba modificar su opinión sobre la viabilidad de anular o modificar el pasado.
Nuevo frente de tormenta
Simultáneamente, se está creando un nuevo frente de tormenta. En el informe presentado por Adorni a pedido de la oposición aparecen gastos con tarjetas hechos por Nucleoeléctrica Argentina, una empresa del Estado presidida en ese momento por el multigraduado, multifacético y multiramo Demian Rediel, (quieran los hados que el nombre no sea premonitorio) donde aparecen importantes gastos con tarjetas abonados de ese modo sin que se indique quiénes incurrieron en ellos. ¿Otro caso que investigará la justicia y del cual “no se podrá hablar”?
Colateralmente, volviendo a la veda de una semana a los corresponsales periodísticos en Casa Rosada, hay quienes se están preguntando qué entrevista o actividad en esos días se trató de birlar al escrutinio de la molesta prensa. Carrió ha expresado sus serias sospechas de que se estaría tramando una nueva maniobra del estilo $LIBRA, o alguna otra acción espuria. Lilita ha patinado muchas veces en lo político, pero sus denuncias de irregularidades o delitos han sido acertadas y probadas, y han tenido y tienen efecto en prácticamente todos los casos. Habrá que rogar para que esta vez se equivoque.
Posiblemente Adorni, y el Gobierno todo, crean que el problema ha sido superado. Habría que advertirles que deberían ser cautelosos en esa conclusión. La sociedad tiene argumentos como para sentirse burlada.
Esta combinación de dudas en el accionar de los funcionarios y de descalificación del periodismo, mueven a una reflexión. En toda democracia, particularmente en un país en el que la corrupción es rampante, gigantesca, multipartidaria, multisectorial, lo que incluye a las instituciones, los sindicatos, las empresas prebendarias de amigos del Estado y las concesiones y privatizaciones viejas y nuevas al amparo de una justicia morosa y venal, la prensa es el único modo en que la población puede expresar sus dudas, exigir aclaraciones y desnudar falencias éticas y de todo tipo. El apelativo de “cuarto poder” no es un eslogan afortunado. La prensa, incluyendo las redes, es la voz de la sociedad. O las voces. Anularla, descalificarla, prohibirla, sancionarla, presionarla, insultarla, agredirla o substituirla por una oficina gubernamental, es sencillamente antidemocrático.
Todo un catecismo
Habrá que recordar, como tantas veces en tantos momentos y lugares de la historia, el mensaje al retirarse de su diario de Joseph Pulitzer, todo un catecismo, o al menos algunas de sus frases aquí resumidas:
Mi periódico siempre luchará por el progreso y la reforma, nunca tolerará la injusticia ni la corrupción, siempre luchará contra los demagogos de cualquier partido, nunca pertenecerá a ningún partido ni estará satisfecho con publicar meramente noticias. Siempre será drásticamente independiente, nunca tendrá miedo de atacar el mal, sea de los sectores con privilegios depredadores o de la pobreza extrema depredadora. Siempre se opondrá a las prebendas y a los ladrones públicos.
Cuando hablaba de ladrones públicos, Pulitzer no se refería sólo a la burocracia y al Estado. Tampoco establecía el monto mínimo del latrocinio para ser considerado como tal. Muy atacado en su momento por esta conducta, hoy sería seguramente calificado de ensobrado.
Es posible creer que la sociedad es estúpida y proceder como si así fuera. Esa creencia suele durar poco.
