Por Carolina Restrepo Cañavera *
Quien crea que Estados Unidos intervino Venezuela por petróleo no ha entendido ni el siglo ni la guerra que viene.
El 3 de enero de 2026 no comenzó una guerra. Se activó una doctrina: la respuesta anticipada frente a una amenaza compuesta.
No se trató de recursos. Se trató de geometría del riesgo.
¿Qué es una amenaza compuesta?
Cuando tres potencias hostiles -China, Irán, Rusia- y Cuba operan en tándem dentro del mismo territorio, el problema no es la suma. Es la sinergía.
* China aseguraba el control de minerales estratégicos esenciales para sistemas de guiado, telecomunicaciones y armamento.
* Irán instaló plantas de drones ofensivos capaces de alcanzar Florida desde el Caribe.
* Rusia desplegó sistemas de guerra electrónica, radares, entrenamiento en inteligencia y escudos antiaéreos.
* Cuba, desde hace años, infiltró el aparato militar venezolano, convirtiéndose en el núcleo del contraespionaje, la lealtad interna y la represión política.
Esto no era influencia. Era arquitectura de guerra. Una plataforma hostil multinacional a menos de 2.000 km del Comando Sur.
EL UMBRAL FUE SUPERADO
Desde 2023, el Pentágono actualizó su doctrina: ya no se mide la amenaza por intenciones, sino por ensamblajes.
Si un país adversario controla los minerales, otro produce los misiles, otro provee la inteligencia, y otro controla la cadena de mando, la amenaza ya existe, incluso antes de disparar el primer proyectil.
No importa si hay declaración de guerra. Importa que hay capacidad instalada.
Y esa capacidad cruzó todos los umbrales doctrinales de seguridad regional.
No fue intervención. Fue neutralización. Por eso no se atacaron refinerías ni pozos.
Se golpearon nodos de telecomunicaciones, plantas de drones, radares y centros de comando conjunto.
Se desmanteló una infraestructura de agresión silenciosa, diseñada para operar sin banderas, pero con propósitos claros.
Esto no fue por petróleo. Fue por negación estratégica. Porque Venezuela no era ya un Estado fallido: era un satélite funcional de cuatro potencias enemigas.
DOCTRINA MONROE CON ESTEROIDES
No se engañe nadie: la Doctrina Monroe no está muerta. Solo cambió de lenguaje.
Hoy se llama disuasión anticipada, soberanía hemisférica, control de amenazas integradas.
Pero su principio rector sigue intacto: el hemisferio occidental no es zona de operación para regímenes militares hostiles coordinados desde Asia o el Caribe comunista
Cuba no era un espectador. Era el muro interno. Los encargados de cuidar a Maduro no eran soldados venezolanos. Eran cubanos. Entrenados, infiltrados, obedientes a La Habana. Y eso lo sabía el Pentágono desde hace años.
Esta no fue una operación militar. Fue una advertencia global. No se trató de Venezuela. Se trató del mensaje: “No ensamblen amenazas compuestas en nuestra región. Las desmantelaremos antes de que disparen.”
Ese es el nuevo lenguaje de seguridad continental. Y la explicación no está en un blog. Está en los mapas de riesgo del Pentágono.
* Abogada y política colombiana.
