No derrama

La mueca lo dice todo. Toto Caputo saca la libreta del bolsillo del saco y anota con rojo los números de la actividad económica: -2,6%. El trimestre le ha traído al Gobierno cifras negativas y cierta incertidumbre hace nido en el espíritu libertario al pensar en los sueños de reelección. En la Argentina todo puede cambiar de un día para otro. Sobre todo el humor social.

Enero, febrero y marzo han sido lapidarios para la autoestima del oficialismo, que se paseaba jactancioso tras la victoria en las elecciones legislativas de octubre. Los datos del Indec fueron como un gancho al hígado: aumentó la desocupación (7,5%), se incrementó el empleo no registrado (4,3%), la inflación escaló al 3,4% y los datos menguantes de la pobreza fueron puestos en duda y discutidos hasta el hartazgo por no reflejar lo que vemos en las calles día tras día.

Apenas la consolidación del superávit comercial con una explosión de las exportaciones –crecieron 30%- fungieron como bálsamo en medio de tanta herida. Otra vez el sector agroexportador, el gran generador de dólares, hizo lo suyo en el mercado global, seguido de cerca ahora por la industria de los hidrocarburos y la petroquímica.

Pero aquí los especialistas también dudan entre subirse a la idea de que estamos frente a una oleada expansiva de las exportaciones que impulsará la economía durante el resto del año, y los que advierten cierta fragilidad en la estructura ya que el logro está expuesto a los vaivenes de los precios internacionales, hoy azuzados por la guerra en Medio Oriente.

Lo cierto es que la economía argentina tiene dos motores: el campo y los hidrocarburos de Vaca Muerta. Y un tercero que podría ponerse en marcha pronto, la minería. Sin embargo, por acción u omisión, el modelo no derrama. La cadena de valor, con eslabones que alimentan sectores varios, se corta antes de llegar a las grandes ciudades y los conglomerados urbanos que las rodean.

Los dólares que ingresan y refuerzan el superávit comercial no se traducen masivamente en empleo genuino. Impactan, a buena hora, en la región adonde se encuentran los polos productivos y le cambian la vida a su gente, pero no terminan por mover el amperímetro de la creación de puestos de trabajo a escala nacional.

De hecho, Ricardo Arriazu, un economista muy valorado en las filas del Gobierno, reconoció la última semana que el proceso actual de cambio “produce más destrucción de empleo que creación”. Energía, agro y minería marchan sobre rieles pero no son rubros mano de obra intensivos, a diferencia de la industria, la construcción y el comercio, que no se ven beneficiados por las características del modelo libertario.

"El empresario no tiene la culpa de haber invertido donde invirtió, fueron los incentivos que dieron los gobiernos. La gente tampoco tiene la culpa de haberse mudado al Gran Buenos Aires; también fueron los incentivos que le dio el Gobierno. Y ahora cambian las reglas del juego y algunos quedan en el daño”, explicó Arriazu. Y advirtió que la situación “puede generar un ruido político" y trasladarse al plano electoral en 2027, cuando Javier Milei redoble la apuesta.

EN ROJO

Los datos de la actividad económica publicados el miércoles dan cuenta que en febrero se produjo una retracción del 2,6% con respecto a enero, mientras que la variación internual fue de -2,1%. “La actividad de Explotación de minas y canteras (9,9% i.a.) fue a su vez la de mayor incidencia positiva en la variación interanual, seguida de Agricultura, ganadería, caza y silvicultura (8,4% i.a.)”, recalca el informe.

Y agrega: “Por su parte, siete sectores de actividad registraron caídas en la comparación interanual, entre los que se destacan Industria manufacturera (-8,7% i.a.) y Comercio mayorista, minorista y reparaciones (-7,0% i.a.)”.

Las cifras negativas en los sectores que habitualmente, por sus características operativas, toman más trabajadores se traducen entonces en la merma del empleo que reflejan las planillas oficiales. Un informe elaborado por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) destaca que el empleo asalariado formal total lleva nueve meses de caídas consecutivas. Esto implica una pérdida de 206.000 puestos desde noviembre de 2023. En tanto, el salario mínimo sigue perdiendo capacidad adquisitiva: 39% menos que en noviembre de 2023.

El último paper del Ieral de la Fundación Mediterránea hace una radiografía del empleo por sector y región, confirmando aquello de que el modelo no derrama.

* Evolución global: en los últimos dos años (comparando el tercer trimestre de 2025 con igual período de 2023), se observa una caída promedio del 2,7% en el empleo privado registrado a nivel país, lo que confirma que el mercado laboral atraviesa una fase de ajuste.

* Construcción: el sector más cíclico: aparece como el sector de mayor variabilidad. Su comportamiento responde fuertemente al ciclo económico y, en particular, a la disponibilidad de obra pública.

* Productores de bienes: el empleo en esos sectores presenta una caída en la mayoría de las provincias, especialmente en industria.

* Servicios: en este sector, el empleo también muestra una tendencia contractiva en la mayoría de las jurisdicciones, aunque con matices importantes.

El documento, firmado por el economista Jorge Day, llega a la siguiente conclusión: “En este contexto, los sectores ligados a recursos naturales (shale oil, minería y agro) muestran mayor capacidad para sostener o generar empleo, impulsados por inversiones, mejoras de productividad y acceso a mercados externos. En contraste, sectores como la construcción y buena parte de los servicios dependen en mayor medida del ciclo macroeconómico local, que todavía no despega. Asimismo, el análisis sugiere que el efecto derrame no es automático, sino condicionado”.

DEGRADACION SOCIAL

Hay una Argentina coyuntural, que hoy es libertaria pero ayer fue kirchnerista, y antes macrista y también radical. El mañana es un albur. Cada uno fue haciendo lo suyo, implementando políticas de un éxito efímero que terminaron por dejar más pobreza y una situación social y cultural por completo degradada.

En la semana, el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica reflejó datos sobre la situación de la niñez, en un estudio que abarca desde 2010 hasta el 2025. Algunos de los resultados son:

* En 2025, el 53,6% de los niños, niñas y adolescentes (NNyA) en la Argentina urbana vive en hogares pobres y el 10,7% en situación de indigencia.

* Si bien en los últimos años se observan mejoras parciales, estas no implican avances sostenidos: las privaciones persisten y mantienen fuertes desigualdades sociales.

* En 2025, el 28,8% de los NNyA experimentó inseguridad alimentaria, con un 13,2% en su forma más severa. Si bien estos valores muestran una mejora respecto de 2024, se mantienen por encima de la década de 2010.

* Las condiciones de crianza reflejan privaciones que exceden lo material. El 30,5% de los NNyA no comparte lectura con adultos, el 19,6% no festeja su cumpleaños y el 26,9% comparte cama o colchón.

* El 19,8% de los NNyA dejó de asistir al médico, al odontólogo o a ambos por problemas económicos durante 2025, según el reporte de sus adultos de referencia.

* El 18,1% de los NNyA de 5 a 17 años presentó síntomas de tristeza o ansiedad desde la perspectiva de sus adultos de referencia. La incidencia es mayor en la adolescencia (21,2%)

* El 27,3% de los NNyA tiene pocos amigos o dificultades para hacerlos. La incidencia es mayor entre las mujeres y se duplica en el estrato más bajo respecto del más alto.

El aumento de la cantidad de gente que vive en la calle, los desesperanzados que piden en el subte y el tren, los que ya ni piden, son la evidencia de que algún dique de contención social se rompió en alguna parte. Hay algo allí que los números fríos no terminan de mostrar. No son nuevos pobres, pero ahora están peor.

El mapa de la marginación social exhibe el esfuerzo desbordado de la escuela que enseña y apenas contiene, y el de las familias que se desdibujan en su rol clave. Todos son parte de esta Argentina en carne viva. También los pibes que en entreveros mortales se baten a duelo con cuchillos -el último caso fue en el centro de la otrora tranquila localidad de Balcarce- como si fueran tardíos personajes de un cuento borgeano.