Nicolás Kasanzew: “Nos quisieron robar la verdadera historia de Malvinas, pero no pudieron”
Hay encuentros que exceden largamente una conferencia. Por el lugar donde se realizan, por quienes están sentados escuchando y, fundamentalmente, por el peso de los recuerdos que circulan dentro de una sala. Eso ocurrió durante la visita de Nicolás Kasanzew al Centro de Ex Soldados Combatientes en Malvinas de Mar del Plata donde fue recibido por su presidente, Fernando Alvarez y el resto de la comisión directiva.
El periodista que en 1982 cubrió desde las islas la Guerra de Malvinas construyó, frente a veteranos, familiares e invitados, un relato atravesado por recuerdos personales, episodios de combate y nombres propios. Pero, sobre todo, planteó una posición contundente acerca de la manera en que, según entiende, se contó la guerra durante las últimas cuatro décadas.
“¿Qué es la patria? La patria es la historia de la patria. Si nos roban la historia de la patria, nos están robando la patria”, afirmó tras haber sido presentado por el subdirector del diario La Capital, Marcelo Pasetti. Y enseguida lanzó una de las definiciones que atravesaría toda la noche: “Eso fue lo que pasó con Malvinas. Durante todos estos años nos estuvieron robando la verdadera historia de Malvinas”.
Kasanzew cuestionó especialmente la imagen que, según considera, se instaló durante la posguerra sobre los conscriptos argentinos. “Cuarenta y pico de años hablando pestes de nuestros soldados, de que no servían para nada, de que se habían rendido, de que fueron a enfrentar a los ingleses con gomeras”, sostuvo. Para el periodista, esa mirada terminó ocultando numerosas historias de valor y solidaridad protagonizadas por jóvenes de apenas 18 y 19 años. Uno de los momentos más personales de la charla llegó precisamente cuando recordó qué significaba convivir diariamente con la posibilidad de morir. “Muchas veces me preguntan cuál fue mi experiencia más fuerte en Malvinas. Y obviamente la experiencia más fuerte es cuando muere alguien con quien uno ha llegado a trabar una amistad”, señaló.
En aquellas circunstancias extremas, explicó, las relaciones adquirían otra dimensión: “Nada une como compartir un peligro. Saber que te puede caer una bomba de 500 kilos en la cabeza te hermana con el hombre que está al lado, que por ahí ni conocés su nombre, más que con un hermano de sangre”.
Fue entonces cuando introdujo una idea que recorrió buena parte de su exposición: hablar de amor en medio de una guerra. “La guerra y el amor parecen antitéticos”, reconoció. Sin embargo, sostuvo que frente a una situación límite las motivaciones individuales cambian: “En lo concreto de la guerra, el soldado combate por el que tiene al lado”. Para explicarlo recordó una conversación posterior al conflicto con Norberto Di Meglio, comandante de una escuadrilla que había atacado a la flota británica. Kasanzew le preguntó qué lo había impulsado a asumir semejante riesgo. “No lo hice por la patria, no lo hice por la victoria, no lo hice por la gloria. Lo hice porque dos semanas antes había estado en Malvinas y había visto a mis camaradas cavando trincheras y no los iba a dejar solos”, recordó que le respondió. “Lo hizo por amor”, resumió Kasanzew.
La actuación de la aviación argentina ocupó un capítulo central de la conferencia. Y hubo un momento especialmente emotivo cuando Kasanzew descubrió entre los presentes al veterano marplatense Carlos Cachón. “Acá tenemos un representante: Carlos Cachón. De pie, de pie”, pidió ante el aplauso del auditorio. Cachón comandó una de las escuadrillas que participó del ataque en Bahía Agradable, el 8 de junio de 1982, uno de los golpes más duros sufridos por las fuerzas británicas durante el conflicto.
“Los pilotos argentinos son una historia aparte”, sostuvo Kasanzew, antes de recordar sus propias sensaciones durante la cobertura: “No exagero, hubo noches que no me podía quedar dormido pensando en ellos, en esas máquinas que tripulaba el coraje”. Destacó la diferencia tecnológica existente entre buena parte del material argentino y el equipamiento británico y aseguró: “Suplieron 30 años de diferencia tecnológica con valentía, con coraje y además con una mística”.
¿Por qué se perdió?
Entre aquellas historias apareció una conversación mantenida después de la guerra con el piloto Pablo Carballo. Kasanzew recordó que circulaban versiones según las cuales algunos aviadores argentinos necesitaban drogas para animarse a atacar a la flota británica y decidió preguntárselo directamente. “Che, Pablo, dicen que ustedes atacaban drogados”, le dijo.
Según su relato, Carballo sacó el rosario que llevaba en el pecho y respondió: “Sí. Esta es nuestra droga”. Kasanzew vinculó aquella respuesta con la religiosidad de numerosos integrantes de la Fuerza Aérea y con una combinación de profesionalismo, entrenamiento y convicciones que, según su interpretación, resultó decisiva para explicar la actuación de los pilotos durante el conflicto.
La reivindicación de los combatientes tuvo como contracara el momento más crítico de toda la exposición. Kasanzew diferenció tajantemente el desempeño de los soldados y de numerosas unidades combatientes de las decisiones tomadas por parte de la conducción superior de las Fuerzas Armadas. “No perdimos la guerra por los soldados de 18 y 19 años; la perdimos por los generales y almirantes de 50 años que nunca se jugaron”, afirmó.
También cuestionó la decisión de rendición del 14 de junio y rechazó la idea de que la Argentina estuviera inevitablemente condenada a perder desde el comienzo. “No estuvimos de antemano condenados a la derrota como repiten todo el tiempo los derrotistas”, sostuvo. Volvió entonces sobre aquellos conscriptos que durante décadas fueron identificados como “los chicos de la guerra”, mencionó al soldado Oscar Ledesma y al teniente Roberto Estévez, muerto durante los combates de Pradera del Ganso, y dejó otra definición: “El soldado es reflejo del jefe. Si el jefe es bueno, el soldado sale bueno. No hay soldados malos, hay oficiales malos”.
La conferencia también recuperó historias menos conocidas. Una de ellas fue la búsqueda de los sobrevivientes del crucero ARA General Belgrano y la actuación de un avión Neptune de la Armada que salió a localizar las balsas en condiciones extremas. Kasanzew contó que la aeronave llegó al denominado “punto de lotería”, el momento a partir del cual debía regresar para conservar combustible suficiente para alcanzar el continente. Sin embargo, la tripulación decidió continuar: “Sigamos”. Media hora después localizaron las balsas. Para Kasanzew, aquellos tripulantes pusieron en riesgo sus propias vidas para posibilitar el rescate de cientos de náufragos. También recordó la actuación del aviso Gurruchaga, que permaneció en el área pese al peligro existente. “De historias de amor como esas está plagado Malvinas”, resumió.
Hacia el final llegó otro reconocimiento: el de las madres, esposas, novias e hijas de los combatientes. Kasanzew sostuvo que ellas atravesaron una angustia diferente porque debían imaginar el peligro que enfrentaban sus seres queridos a miles de kilómetros. Volvió entonces sobre la historia de Pablo Carballo y su esposa Mirta. Según relató, ante la preocupación por la audacia con la que el piloto encaraba sus misiones, un superior se comunicó con ella para advertirle sobre el enorme riesgo que corría su marido. Mirta no intentó convencerlo de abandonar el combate. Respondió que hiciera lo que tuviera que hacer, que ella criaría a sus hijos, pero que antes quería viajar para darle un beso.
Sobre el final, Kasanzew regresó al punto inicial de su exposición: la memoria y la necesidad de recuperar los nombres y las historias individuales de quienes combatieron. “Nosotros tenemos los equivalentes de aquellos combatientes hoy caminando entre nosotros y no los conoce nadie”, señaló. Para el periodista, esa ausencia representa mucho más que una injusticia hacia los veteranos: “El héroe eleva la vara, y una población que ve la vara elevada también se eleva”. La charla terminó entonces donde había comenzado. Ya no hablando de mapas, estrategias o armamentos, sino de hombres y mujeres concretos: pilotos que volaron hacia una flota tecnológicamente superior, soldados de 18 y 19 años, náufragos, tripulaciones que salieron a buscarlos, madres, esposas y novias esperando noticias. Y veteranos que, 44 años después, estaban sentados a pocos metros de quien alguna vez contó desde las islas aquella guerra.
Tenemos héroes vivos y héroes caídos. No habrá olvido que nos borre su memoria”, expresó Kasanzew. Después dirigió la mirada hacia los excombatientes que lo habían escuchado durante toda la noche y dejó para ellos el cierre y el reconocimiento: “El aplauso es para los veteranos”.
