Nicolao, del miedo al agua al récord mundial

El baúl de los recuerdos. Su primer contacto con una pileta le provocó terror, pero menos de una década después hizo historia batiendo dos veces la plusmarca de los 100 metros estilo mariposa.

La pileta del Ateneo de la Juventud le parecía un mar bravío y amenazante. Nadar no estaba en sus planes. Todo lo contrario. Pero igual probó, como lo hizo con varios deportes en ese club al que sus padres recurrieron para evitar que dilapidara su vida en la calle. Sin embargo, Luis Alberto Nicolao venció el miedo y fue el mejor de su tiempo y uno de los más destacados de la historia de la natación argentina. Menos de una década después del temor que le provocó el contacto inicial con el agua, batió dos veces el récord mundial de 100 metros estilo mariposa.

Nicolao era un pibe que correteaba por los alrededores de Plaza Miserere con sus amigos. Pasaba demasiado tiempo allí. Más del que sus padres deseaban. De la escuela a la calle. Sus padres no adherían a la romántica noción de que la calle era una escuela para la vida. Preferían que su hijo de 9 años terminara de formarse con los valores del deporte. Acertaron, porque ese niño que rápidamente se entusiasmo con todas las disciplinas del Ateneo de la Juventud -menos con la natación- terminó zambulléndose en una actividad que lo convirtió en un referente eterno del deporte argentino.

Acumuló 24 títulos sudamericanos, fue muchas veces campeón nacional y universitario estadounidense y consiguió varias medallas en los Juegos Panamericanos. Solo le faltó el oro olímpico. Nada más y nada menos que el oro olímpico. Fue el único sueño que no cumplió. El destino se ensañó con él y del modo más ridículo posible le impidió subir al escalón más alto del podio en los 100 metros mariposa, el estilo que dominaba mejor que nadie en ese momento. Fue tan grande su desazón que se retiró inmediatamente. A los 24 años dejó de competir. Pese a su juventud, se fue con toda la gloria.

EL TRIUNFO DEL SACRIFICIO

Nacido el 28 de junio de 1944, Nicolao dejó atrás una traumática relación inicial con la natación gracias a la admiración que le provocaba ver en acción a Fernando Fanjul, el mejor exponente de ese deporte en el club. El pibe de 9 años que hacía todo lo posible para evitar tirarse al agua de pronto encontró un modelo a seguir. Vio a ese muchacho tres años mayor que él y que con el paso del tiempo se ganó el apodo de Barco haciendo gala de una técnica excepcional y se le ocurrió imitarlo.

Fue un nadador muy veloz que marcó una época.

Al principio, su entrenador, Alberto Carranza, no lo dejaba competir. Le permitía usar un rincón de la pileta para que, de a poco, fuera aprendiendo los secretos de esa disciplina que combina destreza, fuerza, potencia, coordinación y sacrificio. Mucho sacrificio. Y Nicolao se entregó en cuerpo y alma para que le dieran una oportunidad. Llegaba primero al entrenamiento y se iba cuando ya no quedaba nadie en el agua. Trabajo y más trabajo con la mente puesta en ser el mejor. O de parecerse al mejor, que para él era Fanjul.

A los 11 años se presentó en un torneo en Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires a pesar de que Carranza no lo había anotado en el equipo. Consiguió una oportunidad solo por la compasión de un dirigente, Carlos Yelmini, quien le hizo un lugar a último momento. Compitió en 50 metros libres y terminó ganándoles a todos. Ya no había forma de dejarlo a un lado. Por eso, se niño de aspecto frágil que fue puliendo su físico a fuerza de duros entrenamientos, estaba listo para ser un fenómeno de la natación. ¡Y vaya si lo fue!

Mirando a Fanjul, empezó a pensar en la posibilidad de sumar el estilo mariposa a su repertorio. Nicolao era veloz y potente. La primera vez que participó en una prueba de esa modalidad que aúna fuerza y coordinación fue justamente para reemplazar a su compañero. Y ante la sorpresa del entrenador, se llevó la victoria. Desde entonces, junto con Fanjul empezaron a ser los referentes nacionales en las competencias de 100 y 200 metros.

Poco después, en 1960, integró el Seleccionado argentino y se llevó el oro en el Sudamericano de Cali, Colombia, con récord continental para los 100 metros mariposa con 1 minuto, 3 segundos, 5 décimas. También se impuso en los 4x100 combinado en una formación que se completó con Pedro Diz -un gran especialista en espalda-, Juan Carlos Marinelli (pecho) y Mario Guerci (crol). En ese certamen, Fanjul se llevó los 200 mariposa.

Con apenas 14 años, Nicolao acudió a los Juegos Olímpicos de Roma, que se celebraron poco después del Sudamericano. Participó en 100 metros de estilo libre y en los 200 mariposa. Todavía los 100 mariposa no eran disciplina olímpica.

Le ganó al miedo al agua y fue uno de los más grandes nadadores argentinos de la historia.

Doce meses más tarde derrotó en Japón al estadounidense Mark Troy, medallista dorado en los 200 mariposa. Estaba en su esplendor: en esa gira que además del Imperio del sol naciente incluyó Hawaii, Estados Unidos y Perú, en California estableció un récord argentino y sudamericano de 100 mariposa con 58,9 segundos, apenas tres décimas más lento que la plusmarca mundial, que estaba en poder del estadounidense Fred Schmidt.

UNA MARCA PARA LA HISTORIA

Joao Havelange, que en la memoria del público en general se abre paso como presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), fue un notable nadador. Tanto es así que estuvo en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936 en esa disciplina y en Helsinki 1952 fue integrante del equipo brasileño de waterpolo. Entre 1958 y 1975 se desempeñó como presidente de la Confederación Brasileña de Deportes (CBD) y en esa condición le extendió una invitación a Nicolao para viajar a su país y buscar lo que en ese momento todos preveían como algo posible para el argentino: batir el récord del mundo.

Ese hombre que había vencido el temor al agua estaba en condiciones de hacer historia. Ningún nadador argentino había consumado tamaña proeza. Muy lejanas en el tiempo quedaban la medalla dorada de Alberto Zorrilla en los 400 metros libres de Ámsterdam 1928 y la plateada de Jeannette Campbell en los 100 de Berlín 1936. Destacados, pero menos trascendentes habían sido el cuarto puesto de Mario Chaves en 100 espalda y el octavo de Alberto Yantorno en 100 libres de Londres 1948 y el quinto lugar de Pedro Galvao en los 100 espalda de Helsinki 1952. Un récord mundial era otra cosa…

La pileta del Clube Guanabara, en Río de Janeiro, fue el escenario que Havelange le entregó a Nicolao para luchar contra los 58,6 segundos que había fijado Schmidt el 20 de agosto de 1961 en Los Ángeles. El 24 de abril de 1962, el argentino consiguió su objetivo en el primer intento. Con 58,4 segundos le limó dos décimas a la marca vigente. Había hecho historia, pero no quedó satisfecho con su rendimiento: había recorrido con demasiada rapidez la primera mitad de la distancia y le faltó resto para la segunda…

Su proeza lo llevó a la tapa de El Gráfico.

Seguro de sus fuerzas, pidió una segunda oportunidad. Tres días más tarde, el 27, trazó un plan de acción diferente y fue dos segundos más lento en los 50 metros iniciales. Hasta Carranza pensó que no iba a lograr su objetivo. Sin embargo, Nicolao sacó a relucir su increíble velocidad y detuvo los relojes en 57 segundos. ¡57 segundos! Por segunda vez, había marcado el récord del mundo de los 100 mariposa. La gloria era suya. Con tan solo 17 años, tenía, para siempre, un lugar ganado en la historia de la natación.

Recién en 1967, el extraordinario Mark Spitz, una de las máximas figuras de ese deporte, le arrebató el récord con 56,3 segundos. El estadounidense fue un fenómeno que cosechó en su ciclo olímpico nueve medallas doradas, de las cuales siete fueron en Múnich 1972 y con récord mundial en cada una de ellas. Hizo falta que a partir de Beijing 2008 aparezca en escena el colosal Michael Phelps para superar los registros de Spitz. Claro, hoy se antoja sobrehumana la irrupción de un nadador que al menos se acerque a las 23 preseas doradas que tuvo Phelps colgadas del cuello.

LA FRUSTRACIÓN

Después de su espectacular registro de 57 segundos en los 100 metros mariposa Nicolao se había convertido en una estrella mundial. En los Juegos de Tokio 1964 alcanzó las semifinales de 100 metros estilo libre y los 200 mariposa. La prueba en la que era el más veloz de la tierra seguía sin formar parte del calendario olímpico. Se había lucido en los Sudamericanos del 62, el 64 y el 67, con récords sudamericanos y nacionales en 100 y 200 metros libres, 100 y 200 mariposa y 400 medley. También había andado bárbaro en los Panamericanos de 1963 y 1967.

Sus resultados le valieron una beca para estudiar en la Universidad de Stanford, en los Estados Unidos. Fue campeón de ese país del 63 al 67 y campeón universitario del 64 al 68. Se entrenaba en el club Santa Clara, en el que justamente trabajó junto con Spitz, quien tiempo después mejoró su récord mundial. Asomaba como el gran candidato al oro en México 1968, ya que por fin el Comité Olímpico Internacional (COI) había sumado la competencia de 100 metros mariposa.

Intervino en los 100 y 200 libres y en la posta 4x100 medley, pero su meta era otra. Aspiraba a la gloria olímpica. Había soñado con ella. Estaba en condiciones de hacer realidad esos sueños. Pero el destino se burló cruelmente de él. Metódico, estaba acostumbrado a ir al lugar de competencia varias horas antes de entrar en el agua. En la capital mexicana hizo exactamente lo mismo hasta que en las semifinales fue víctima de una situación insólita.

A la fantástica carrera de Nicolao solo le faltó el oro olímpico.

Se corría el maratón y las calles de la ciudad estaban colapsadas. Los 20 minutos de trayecto habitual hasta el natatorio se transformaron en cuatro horas interminables. Había salido con tiempo, pero nadie se imaginó tamaño desastre. Llegó cuando la prueba se estaba largando. Preso de una pena enorme, pidió ayuda al Comité Olímpico Argentino (COA). Se intentó alguna gestión, pero sin demasiado entusiasmo por parte de los dirigentes del COA. De eso se enteró después, cuando le contaron que en la votación que el COI propuso para permitirle buscar la final hubo una abstención argentina por razones políticas.

La frustración fue tan grande que Nicolao decidió retirarse de la natación. Nunca se repuso de eso. Se trató de un acto de profunda injusticia para con ese hombre que venció hasta al miedo al agua para hacer historia con un récord del mundo.