Sólo miramos México en la lucha entre bandas y autoridades y la cantidad de muertos en donde la desaparición del nuevo Patron del Mal, El Mencho, desató una matanza en varios estados mexicanos con disputa entre bandas por la posesión de territorios entre diversos carteles.
México como otros países caribeños muestran ser Estados Fallidos en donde el cartel de Jalisco /Nueva Generación, el Cartel de Sinaloa, el Cartel de Juarez /la línea, el Cartel del Golfo, el Cartel del Noreste, La Familia Michoacana y carteles locales se disputan territorios y la exportación especialmente a territorio estadounidense en complicidad con políticos y fuerzas de seguridad mexicanas, así como con centros financieros de Estados Unidos y también con dirigentes políticos de ese país.
La muerte de Nemesio Oseguera asegura un cierto silencio de las distintas conexiones que existían ya que una declaración de él haría temblar centros políticos y financieros.
NIHILISMO PRACTICO
La narcocultura de la muerte es una expresión que se usa para describir un conjunto de valores, símbolos, prácticas y relatos vinculados al narcotráfico donde la violencia, la muerte y el poder armado se vuelven elementos centrales de identidad y prestigio.
Solo en México 45.000 sicarios se estiman integran estas organizaciones y con armas superiores a las del propio Ejercito local y compradas al país al cual le venden la droga. Paradojas de esta sociedad que ha perdido la brújula.
Se promueve la naturalización de la muerte que se convierte ya no en tragedia dolorosa sino en un blasón de prestigio, una parte del negocio, un destino natural y de identidad de poder.
Una nueva ética perversa se impone a través del poder obtenido por la fuerza, una estética de la ostentación con autos, armas, mujeres, dinero fácil y la naturalización del asesinato.
Desde un punto de vista cultural, implica una inversión de valores: el héroe no es quien construye sino quien domina, impone y sobrevive.
Desde una lectura más filosófica puede pensarse como una forma extrema de nihilismo práctico, una respuesta violenta al vacío de sentido y una identidad que se construye alrededor del riesgo y la muerte.
En algunos contextos latinoamericanos (México, Colombia y también en ciertas zonas de Argentina), la muerte violenta se vuelve parte del paisaje cotidiano.
LA OTRA MUERTE
Mi posición como terapeuta en adicciones me coloca en la otra vereda de lo mortal o sea la cantidad de muertes que ocasionan los Patrones de este mercado de distribución de sustancias precisamente mortíferas.
Además, tienen todo servido “o sea una cultura promotora del consumo, prevención cancelada, escasos centros de atención, familias consumidoras y/ o dislocadas por su fragmentación y abandono de los hijos o en situación de deserción educativa , escuelas que ignoran en su mayoría este tema, diversión con drogas en boliches sin control” …todo está dado para la ruleta rusa de la muerte y para que la clientela aumente día a día.
Tienen asegurado el secuestro motivacional del cerebro ya que cuanto mas joven es el consumidor los centros del placer y del control que, precisamente, ya secuestrados quedan sujetos a una compulsión imparable. Por eso intento mostrar las otras muertes que son silenciadas. Ejemplos vividos que me desconciertan y me empujan a luchar desde la terapéutica para que haya sobrevivientes.
UN EJEMPLO VIVIDO
Por ejemplo, el sábado a la tarde en mi casa y recibo una llamada de un ser muy querido por mí que en su vejez asiste a un nieto, que abandonado por su padre enfermo por dependencia a sustancia queda a su cargo; mientras tanto su hijo (el padre) está vagando, buscando drogas, perdido ya su trabajo , entregada su vivienda a un grupo de dealers por su deuda con ellos. Hoy nadie sabe dónde esta. ¿Estará?¿Vivirá?
Elena me cuenta su historia, es una hija adoptiva y su madre en el Caribe fue secuestrada por un narco relevante y quedando sola a expensas de la calle y ahí comienza a inyectarse heroína , a consumir cocaina y hoy es una mujer en sus 40 años deteriorada y buscando una ayuda con un déficit cerebral notorio y con varios hijos abandonados . Una muerta en vida.
Un terapeuta amigo asiste a una cita judicial porque un padre mato a su hijo hace un tiempo. Éste se había apersonado a su casa y le dijo que debía darle una cantidad enorme de dinero porque de lo contrario los mataría . El padre saco un revolver y mato a su hijo. Para el paciente la cocaina era la pócima salvadora e incluso hasta llegar a matar a su propio padre. Hoy su padre está con tobillera electrónica y en juicio.
Surge una nueva figura central en la vida de los consumidores dependientes a sustancia: el dealer o distribuidor que es el poseedor del pócima salvadora pero mortífera y que es vivido como el dador de vida, aunque termine con la muerte o el deterioro del consumidor. Representaría el doble necesario para los múltiples Menchos de este mundo de drogas en los distintos barrios como expertos en generar narcomenudeos sumando a los pibes del barrio con la jerarquía de transas.
SINDROME DE ESTOCOLMO
La relación es la de Amo (dealer-vendedor de sustancias) - esclavo-consumidor). Depende para todo de él y entrega dinero, mujeres, propiedades y las escenas que nos narran los pacientes son bastante vividas de esta sujeción altamente patológica.
El esclavizador es una figura idealizada y un soporte para sus anestesias y cerrar por instantes sus vacíos. Luego la compulsión hará el resto.
Los pacientes relatan una relación con los dealers que podemos denominar Síndrome de Estocolmo, en la que una persona secuestrada ( en este caso por necesidad imperiosa de consumir) desarrolla sentimientos de apego y positivos o incluso de lealtad hacia ese agresor idealizado. Puede ser tal el sometimiento que hasta es capaz de transportar o distribuir drogas por sujeción al esclavizador.
Para el paciente es una señal de supervivencia sostener esa relación. Es el dueño de la pócima buscada y es capaz de soportar cualquier vejación con tal de poseerla. La sustancia genera daño físico psíquico, pero eso no importa ya que alivia el sufrimiento, anestesia el dolor psíquico , es un refugio ante la angustia y lo sostiene en una identidad grupal con otros consumidores.
La sustancia y el dealer son al mismo tiempo verdugos y salvadores.
Entre el Mencho mexicano con replica en distintos territorios como un símil de los nuevos Patrones del Mal y el dealer barrial se tejen un sin número de relaciones que sostienen este negocio de la narco-cultura de la muerte multiplicando dinero y a la vez cementerios.
México como otros países caribeños muestran ser Estados Fallidos en donde el cartel de Jalisco /Nueva Generación, el Cartel de Sinaloa, el Cartel de Juarez /la línea, el Cartel del Golfo, el Cartel del Noreste, La Familia Michoacana y carteles locales se disputan territorios y la exportación especialmente a territorio estadounidense en complicidad con políticos y fuerzas de seguridad mexicanas, así como con centros financieros de Estados Unidos y también con dirigentes políticos de ese país.
La muerte de Nemesio Oseguera asegura un cierto silencio de las distintas conexiones que existían ya que una declaración de él haría temblar centros políticos y financieros.
NIHILISMO PRACTICO
La narcocultura de la muerte es una expresión que se usa para describir un conjunto de valores, símbolos, prácticas y relatos vinculados al narcotráfico donde la violencia, la muerte y el poder armado se vuelven elementos centrales de identidad y prestigio.
Solo en México 45.000 sicarios se estiman integran estas organizaciones y con armas superiores a las del propio Ejercito local y compradas al país al cual le venden la droga. Paradojas de esta sociedad que ha perdido la brújula.
Se promueve la naturalización de la muerte que se convierte ya no en tragedia dolorosa sino en un blasón de prestigio, una parte del negocio, un destino natural y de identidad de poder.
Una nueva ética perversa se impone a través del poder obtenido por la fuerza, una estética de la ostentación con autos, armas, mujeres, dinero fácil y la naturalización del asesinato.
Desde un punto de vista cultural, implica una inversión de valores: el héroe no es quien construye sino quien domina, impone y sobrevive.
Desde una lectura más filosófica puede pensarse como una forma extrema de nihilismo práctico, una respuesta violenta al vacío de sentido y una identidad que se construye alrededor del riesgo y la muerte.
En algunos contextos latinoamericanos (México, Colombia y también en ciertas zonas de Argentina), la muerte violenta se vuelve parte del paisaje cotidiano.
LA OTRA MUERTE
Mi posición como terapeuta en adicciones me coloca en la otra vereda de lo mortal o sea la cantidad de muertes que ocasionan los Patrones de este mercado de distribución de sustancias precisamente mortíferas.
Además, tienen todo servido “o sea una cultura promotora del consumo, prevención cancelada, escasos centros de atención, familias consumidoras y/ o dislocadas por su fragmentación y abandono de los hijos o en situación de deserción educativa , escuelas que ignoran en su mayoría este tema, diversión con drogas en boliches sin control” …todo está dado para la ruleta rusa de la muerte y para que la clientela aumente día a día.
Tienen asegurado el secuestro motivacional del cerebro ya que cuanto mas joven es el consumidor los centros del placer y del control que, precisamente, ya secuestrados quedan sujetos a una compulsión imparable. Por eso intento mostrar las otras muertes que son silenciadas. Ejemplos vividos que me desconciertan y me empujan a luchar desde la terapéutica para que haya sobrevivientes.
UN EJEMPLO VIVIDO
Por ejemplo, el sábado a la tarde en mi casa y recibo una llamada de un ser muy querido por mí que en su vejez asiste a un nieto, que abandonado por su padre enfermo por dependencia a sustancia queda a su cargo; mientras tanto su hijo (el padre) está vagando, buscando drogas, perdido ya su trabajo , entregada su vivienda a un grupo de dealers por su deuda con ellos. Hoy nadie sabe dónde esta. ¿Estará?¿Vivirá?
Elena me cuenta su historia, es una hija adoptiva y su madre en el Caribe fue secuestrada por un narco relevante y quedando sola a expensas de la calle y ahí comienza a inyectarse heroína , a consumir cocaina y hoy es una mujer en sus 40 años deteriorada y buscando una ayuda con un déficit cerebral notorio y con varios hijos abandonados . Una muerta en vida.
Un terapeuta amigo asiste a una cita judicial porque un padre mato a su hijo hace un tiempo. Éste se había apersonado a su casa y le dijo que debía darle una cantidad enorme de dinero porque de lo contrario los mataría . El padre saco un revolver y mato a su hijo. Para el paciente la cocaina era la pócima salvadora e incluso hasta llegar a matar a su propio padre. Hoy su padre está con tobillera electrónica y en juicio.
Surge una nueva figura central en la vida de los consumidores dependientes a sustancia: el dealer o distribuidor que es el poseedor del pócima salvadora pero mortífera y que es vivido como el dador de vida, aunque termine con la muerte o el deterioro del consumidor. Representaría el doble necesario para los múltiples Menchos de este mundo de drogas en los distintos barrios como expertos en generar narcomenudeos sumando a los pibes del barrio con la jerarquía de transas.
SINDROME DE ESTOCOLMO
La relación es la de Amo (dealer-vendedor de sustancias) - esclavo-consumidor). Depende para todo de él y entrega dinero, mujeres, propiedades y las escenas que nos narran los pacientes son bastante vividas de esta sujeción altamente patológica.
El esclavizador es una figura idealizada y un soporte para sus anestesias y cerrar por instantes sus vacíos. Luego la compulsión hará el resto.
Los pacientes relatan una relación con los dealers que podemos denominar Síndrome de Estocolmo, en la que una persona secuestrada ( en este caso por necesidad imperiosa de consumir) desarrolla sentimientos de apego y positivos o incluso de lealtad hacia ese agresor idealizado. Puede ser tal el sometimiento que hasta es capaz de transportar o distribuir drogas por sujeción al esclavizador.
Para el paciente es una señal de supervivencia sostener esa relación. Es el dueño de la pócima buscada y es capaz de soportar cualquier vejación con tal de poseerla. La sustancia genera daño físico psíquico, pero eso no importa ya que alivia el sufrimiento, anestesia el dolor psíquico , es un refugio ante la angustia y lo sostiene en una identidad grupal con otros consumidores.
La sustancia y el dealer son al mismo tiempo verdugos y salvadores.
Entre el Mencho mexicano con replica en distintos territorios como un símil de los nuevos Patrones del Mal y el dealer barrial se tejen un sin número de relaciones que sostienen este negocio de la narco-cultura de la muerte multiplicando dinero y a la vez cementerios.
