Claves de la cultura

Muriel Barbery y el sentido de la belleza

Por Fernando Adrián Bermúdez *

Es conocida la frase “la belleza salvará al mundo”, atribuida a Dostoievski, que cita en su obra “El príncipe idiota”. Uno de los personajes de la novela, llamado Ippolit, interpela al príncipe Mishkin y dice: “Príncipe, ¿es verdad que usted dijo una vez que al mundo lo salvaría la belleza? ¡Caballeros!, grita dirigiéndose a toda la concurrencia. El príncipe ha dicho que la belleza salvaría al mundo…”.P Ese pasaje ha sido discutido desde diversos lugares y perspectivas tratando de encontrar su sentido y alcance. A pesar de ello, se podría coincidir en que pone en valor la belleza y su papel en la salvación de la humanidad.
Ahora bien, uno se podría preguntar: ¿Pero de qué la salva? ¿Del mal, la injusticia, la violencia, la desesperanza, la enfermedad, la angustia, el desamor…?
Más allá de que las preguntas y las respuestas serían inagotables, pensamos que la frase da por sentado la función de la belleza en la plenitud, en la dicha y en la felicidad de los seres humanos. Un ejemplo valioso del sentido de la belleza se puede percibir en la autora y en la obra motivo de esta nota.

EL SENTIDO DE LA BELLEZA
Junto a Dostoievski y en una clara sintonía, encontramos a Muriel Barbery, autora francesa que ha esbozado el sentido de la belleza en la vida de los seres humanos de una forma estética y narrativa notable. Nacida en Casablanca y profesora de Filosofía en la Universidad de Borgoña, de su producción literaria se pueden citar “Rapsodia Gourmet”, “La vida de los elfos”, “Un país extraño”, “Una rosa sola, entre otras”; y su obra más galardonada, con un gran éxito internacional, “La elegancia del erizo”, del año 2006.

UN CANTO AL ARTE
Esta última es una novela que hace de la existencia de sus dos protagonistas un relato lleno de emoción, alegría y sentido. Es un canto al arte, a la literatura, a la pintura, a la música, sintetizada en una sola palabra: Belleza. Esto se ve en el destino último de los seres humanos y su dilema frente a una vida vacía o colmada de sentido: “Sí, el universo conspira a la vacuidad, las almas perdidas lloran la belleza, la insignificancia nos rodea” (Booket, 2023).
La novela narra la historia de Renée Michel, portera del edificio 7 de la calle Grenelle, un palacete con patio y jardín de ocho pisos de lujo; viuda, bajita, que no tiene estudios, pero un sentido estético de las cosas, que lee a Tolstói y escucha a Mozart, que ha hecho de su existencia un elogio del cine, la literatura, la pintura, la música y la amistad, es decir, del arte y la belleza: “Yo he dedicado mi vida a la búsqueda de lo intemporal. Pero quien persigue la eternidad recoge soledad”.
Justamente el título de la obra hace referencia a la señora Michel, ya que por fuera está cubierta de púas, pero por dentro tiene el mismo refinamiento sencillo de los erizos: solitarios y elegantes.
Junto a Renée, encontramos a Paloma Josse, una niña de doce años, de una inteligencia extraordinaria, cuya vida transita también entre el arte, la belleza, el amor y la amistad, y su familia, que no la termina de comprender, pero que ve en Renée a alguien distinto: “Es la primera vez que conozco a alguien que busca a la gente y ve más allá de las apariencias… Nunca vemos más allá de nuestras certezas y, lo que es más grave todavía, hemos renunciado a conocer a la gente, nos limitamos a conocernos a nosotros mismos sin reconocernos en esos espejos permanentes. Si nos diéramos cuenta, si tomáramos conciencia del hecho de que no hacemos sino mirarnos a nosotros mismos en el otro, que estamos solos en el desierto, enloqueceríamos”.
La novela plantea los siguientes interrogantes: ¿Dónde se encuentra la belleza? ¿En las grandes cosas que, como las demás, están condenadas a morir, o bien en las pequeñas que, sin pretensiones, saben engastar en el instante una gema de infinitud?

EL ARTE COMO REFUGIO Y SENTIDO
En forma permanente, tanto Renée como Paloma recurren al arte no como una mera fuga o evasión, sino como refugio y búsqueda de sentido en ese quehacer diario y rutinario de sus vidas: “Esos días uno necesita desesperadamente el Arte. Aspira con ardor a recuperar su ilusión espiritual, desea con pasión que algo lo salve de los destinos biológicos para que no se excluya de este mundo toda poesía y toda grandeza… para imprimir a este patético teatro la marca del Arte y sus más grandes obras”.
Aquí está el dilema: o tenemos solo un destino material, una especie de determinismo biológico, o también hay un llamado espiritual a un estado de libertad que plenifica y da sentido: ¿destino material o espiritual, determinismo biológico o libertad espiritual?
De esta manera, la obra nos muestra que el arte y la belleza no serán un lujo o un mero pasatiempo, sino parte esencial de nuestra débil existencia: “Para quien se beneficia de las indulgencias de la vida, la obligación de rigor en la consideración de la belleza no es negociable. La lengua, esta riqueza del hombre, y sus usos, esta elaboración de la comunidad social, son obras sagradas”. De ahí el elogio permanente a las armas prodigiosas de los libros y las palabras y a la memoria literaria. “Cuando estoy angustiada, me recluyo en el refugio. No hace falta viajar; me basta ir a las esferas de mi memoria literaria. Pues, ¿qué distracción hay más noble, qué compañía más distraída, qué contemplación más deliciosa que la de la literatura?”.
En otro apartado, se enaltece la música y su belleza, entendida como una fracción de la eternidad. Paloma, a lo largo de la obra, escucha en varios momentos música y lleva a cabo reflexiones profundas, haciéndonos ver que estamos frente a algo mucho más importante que la mera distracción o placer: “La música no es sólo un placer para el oído, como la gastronomía lo es para el paladar, o la pintura, para los ojos. Si pongo música por la mañana tampoco es que la razón sea muy original: lo hago porque determina el tono del día. Es muy sencillo y, a la vez, muy complicado de explicar: creo que podemos elegir nuestros estados de ánimo porque poseemos una consciencia con varios estratos y tenemos la manera de acceder a ellos”.

NECESIDAD DE LA BELLEZA A TRAVES DEL ARTE Heidegger afirma que toda obra de arte es una epifanía del ser, ese lugar donde el ser y la verdad se manifiestan al mundo. Por esto, el arte tendría una dimensión reveladora de sentido, conocimiento y afecto, donde la verdad, el bien y la belleza confluyen en el esplendor de la forma. Esta novela es un ejemplo del esplendor narrativo que interpela en la necesidad de la belleza a través del arte, haciéndonos conocer, sentir y escuchar el canto de la obra estética.
En su itinerario, nos plantea dos interrogantes que resumen parte de su sentido: la primera, ¿para qué sirve el arte?, cuya respuesta está en esa hermosa apertura en el tiempo como una brecha emocional irreductible a cualquier lógica animal; y la segunda: ¿qué hace el arte por nosotros? Nos da y nos hace visibles la forma de nuestras emociones y, al hacerlo, les atribuye este sello de eternidad que llevan todas las obras que, a través de una forma particular, saben encarnar el universo de los afectos humanos. En tiempos donde urge volver la mirada al sentido de las cosas, de las personas y del mundo, esta obra es un canto a la esperanza, al amor y a los vínculos más profundos que nos definen como seres humanos.
* Docente Universitario UM – UNCuyo.