Siete días de política
Moyano desafía a un kirchnerismo que ve en proceso de declinación
En la pulseada con el gobierno no le fue mal: pegó primero y se retiró por la desproporción de fuerzas. La Casa Rosada no reacciona mientras el camionero organiza un frente opositor.
Hugo Moyano se atrevió a hacer lo que la mayoría de los políticos ni se permite soñar: desafiar el enorme poder de la presidenta Cristina Fernández y salir indemne. Más aún, demostró que tiene la iniciativa, que puede paralizar el país y poner en emergencia a un gobierno lento de reflejos, sin operadores de peso y carente de recursos efectivos para controlar la calle.
También puso de manifiesto que no tiene nada que perder y que está dispuesto a jugar al límite para impedir que lo neutralicen, dividiéndole la CGT. Pero si con lo anterior no fuese suficiente, dejó, además, en evidencia que está dispuesto a liderar el camino para la integración de una coalición opositora, el embrión de un proyecto anti "K" para el futuro inmediato. Léase 2013. Tiene un alto rechazo social y no puede liderar una alternativa al gobierno, pero está en condiciones, en cambio, de convertirse en la punta de lanza de una maniobra política para desgastarlo. Si no puede tener todo el poder, quiere compartirlo y está buscando socios con ese propósito.
El líder cegetista es conciente de que la estrategia habitual de los Kirchner consiste en dividir a los adversarios. En el terreno sindical, rompieron la CTA que les daba batalla con paros y movilizaciones, a pesar de que siempre dejaron trascender su afinidad ideológica con la central "antiburocrática" y le prometieron un reconocimiento legal que nunca llegó.
La presidenta está decidida a aplicar el mismo procedimiento a la CGT. Se alejó primero de Moyano y se acercó a los "gordos" con ese propósito. No admite que ni la corporación sindical ni el partido Justicialista le disputen una mínima porción de poder institucional.
Como respuesta Moyano esperó la oportunidad de contraatacar a un gobierno que quiere verlo preso. Y al enfrentarse con la Gendarmer en La Matanza, neutralizó cualquier embestida dentro de la CGT. Hacia el fin de semana los dirigentes antimoyanistas no sabían cómo salir de la incómoda situación en que los había dejado la protesta por la elevación del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias y la restitución de las asignaciones familiares que -al menos en teoría- todos deberían reclamar al gobierno en beneficio de los trabajadores que representan.
Si el camionero corre por izquierda a la administración Fernández, la interna de la central obrera pasa a segundo plano. El poder político, además, no puede apelar a la fuerza para desalojarlo de los bloqueos, por la reacción social. Así, la Gendarmería forcejeó unos minutos con los grupos de choque sindical en la Matanza, pero recibió la orden de retirarse ante la posibilidad de que un incidente menor se convirtiese en un incendio. Lo único que le queda ahora al Ejecutivo es que algún juez acepte presionar a Moyano, algo que tampoco parece políticamente recomendable.
¿Por qué Moyano decidió lanzar ahora su desafío a la presidenta? Por al menos dos motivos. Primero, por el deterioro de la situación económica. La inflación se convirtió en la mayor preocupación de los encuestados en prácticamente todos los sondeos. Desplazó después de más de cuatro años a la inseguridad como principal temor de los argentinos. La tardanza en cerrar las paritarias y la incertidumbre sobre el futuro económico que se ha extendido entre los empresarios disparó una remarcación de precios sólo comparable a la de 2008 y desató una carestía de productos básicos que el sindicalismo no ignora.
Los economistas ortodoxos afirman que se acabó la fiesta del aumento del gasto y del consumismo improductivo. Desde otra vereda, Moyano no opina distinto. Cree que el gobierno estará obligado a hacer un ajuste y que lo hará sobre el ingreso de los trabajadores. Sabe que lo último que haría un político es ajustar al Estado -es decir los recursos de los que se alimenta- y que siempre se inclinará por ajustar al sector privado, afectando al grueso de sus afiliados.
El segundo motivo que lo movió a confrontar es la percepción creciente entre la dirigencia justicialista sobre la imposibilidad de la presidenta de conseguir la reelección en 2015. Eso activó la interna, pero los que se siente con posibilidades de ser candidatos -Scioli, Mazza- no pueden cuestionar abiertamente al cristinismo porque dependen del Tesoro. Moyano, en cambio, ya perdió todos los beneficios que recibía en otras épocas y va por la revancha generando episodios grotescos como los forcejeos entre barrabravas y gendarmes o espectáculos opositores que son una fiesta para la prensa desafecta.
