“Morir en manos de un ladrón no es una condena”
Horas antes del partido de ayer, Lionel Messi escribió en sus redes: "Lo más lindo de todos estos años nunca fueron solamente los títulos, sino todo el camino. Compartir el día a día con este grupo, competir juntos, levantarnos en los momentos difíciles y disfrutar cada paso. Gracias a cada uno de mis compañeros, al cuerpo técnico y a todas las personas que trabajan todos los días para que esta Selección siga siendo una familia. Pase lo que pase, este grupo ya escribió una historia que nunca vamos a olvidar y que nadie podrá borrar. Vamos Argentina".
Más de veinte siglos atrás una corriente filosófica, el estoicismo, ponía énfasis en que en la vida cotidiana hay que centrarse en lo que controlamos. Está a nuestro alcance elegir nuestros objetivos y acciones, pero el resultado final siempre dependerá de variables externas que escapan a nuestro control. Por eso motivo, los estoicos -cuya doctrina mantiene en la actualidad una plena vigencia- enseñaban que lo principal es centrarse y ocuparse en aquello que controlamos y dejar que el resto ocurra como deba ser. Centrarnos en el proceso que controlamos en lugar de fijarnos en el resultado que no podemos controlar.
El filósofo romano Cicerón (106 a.C. 43 a.C) fue un gran difusor de la filosofía estoica. En su obra “De finibus bonorum et malorum” (Sobre los fines de lo bueno y de lo malo) explica con un maravilloso ejemplo esta idea estoica fundamental: el del arquero estoico.
Escribió Cicerón: “Consideremos el caso de alguien cuya tarea es disparar una lanza o una flecha directamente a un blanco. Su objetivo final es hacer todo lo posible por acertar, y lo mismo ocurre con nuestra meta última. En este ejemplo, debemos esforzarnos al máximo para acertar; sin embargo, el objetivo final es, en realidad, lograr la meta con éxito. Lo mismo sucede con lo que llamamos el bien supremo en la vida. Acertar en el blanco es, como decimos, algo que se elige, no algo que se busca”.
La alegoría resume la esencia de la acción estoica. El arquero hace todo lo posible por disparar con precisión: se prepara a la perfección, se entrena, cuida que el arco esté bien tensado, las flechas cuidadosamente calibradas, calcula incluso como viene el viento y demás variables que tiene en cuenta un verdadero profesional.
Pero luego que la lanza, la flecha y el resultado final y el éxito de su acción deja de estar bajo su control y queda sujeta a fuerzas externas, como un cambio repentino en la velocidad o dirección del viento.
Los estoicos enseñan que el proceso afecta el resultado y que el mismo proceso tiene que ver con nuestro comportamiento y toda la práctica que nos llevará a disparar de la mejor manera. El éxito, entonces -como asegura el estoico contemporáneo Jonas Salzgeberg- se define por nuestros esfuerzos por hacer todo aquello que esté a nuestro alcance. Si damos en el blanco o no, si ganamos o perdemos, en última instancia, no dependería de nosotros. “Tenemos éxito o fracaso en el proceso mismo. El arquero estoico tiene éxito en el proceso sabiendo que se ha esforzado al máximo”. Esta idea también tiene que ver con la confianza porque si uno sabe que se esfuerza al máximo en su trabajo tendrá éxito pase lo que pase.
“Esta confianza o tranquilidad radica en saber que has hecho todo lo que estaba en tu mano, porque eso es lo único que controlas”.
Séneca (4 a. C. - 65 d. C.) una de las figuras más infuyentes del estoicismo escribió al respecto: “La persona sabia considera la intención, más que el resultado, en cada situación. Los comienzos están en nuestras manos; los resultados los juzga la fortuna, sobre la cual no me incumbo… Morir a manos de un ladrón no es una condena”.
Con esta última frase, Séneca quiere decir que las circunstancias externas no pueden destruir la esencia y la voluntad de una persona
Morir en manos de un ladrón escapa del control de una persona y no es una condena moral, la verdadera sabiduría esta basada en el dominio de uno mismo y en la independencia frente a eso que no controlamos. Porque, para el estoicismo, la verdadera esclavitud no es física, sino interior.
Esta selección, igual que el mundial pasado, no solo deja como legado sus triunfos y derrotas, sino que nos vuelve a regalar un modelo de valoración del proceso hacia la meta, un proceso que estuvo repleto de esfuerzo, resiliencia, superación del fracaso, de no darse por vencido, de no bajar los brazos cuando las cosas no salían según lo planeado, compañerismo, amistad y humildad. Y sobre todo de seguir teniendo metas y objetivos cuando ya lo lograron todo. Gracias, nuevamente.
