Mis reales superhéroes


Por Margarita María Camilli *

“Autoridades del colegio, profesores, compañeros y queridos veteranos de Malvinas. Hoy nos encontramos reunidos aquí, para conmemorar que hace 44 años, todo un país, con distintas, ideas, valores y clases sociales, se unía por un mismo fin: recuperar lo que fue y siempre será nuestro, recuperar nuestras Islas Malvinas.

¿Quién no soñó alguna vez con ser un superhéroe? Defender con valor la verdad y la justicia; luchar con coraje para vencer al enemigo y salvar al mundo.

Las historias que más nos gustaban de chicos y que más nos encendían el corazón eran historias de héroes. Para mí, esos superhéroes que tanto admirábamos cuando nos contaban sus grandes hazañas, hoy son los veteranos y héroes de Malvinas.

Héroes, como el Teniente Estévez, que desde chico había aprendido en su familia un admirable amor a la Patria. Con tan solo la edad de un niño ideaba y diseñaba planes y vehículos destinados a recuperar nuestras islas.

Héroes, como el maestro que tuvo el valor y la convicción de ir a defender a la Patria hasta perder la vida; para que sus alumnos puedan tenerlo como ejemplo de entrega y amor, sabiendo que todos y cada uno puede aportar su granito de arena, tal y como lo hizo su querido profesor Julio Cao. Él supo portar con honor el uniforme de combate bajo un simple pero heroico guardapolvo.

Héroes, comoaquellos que supieron no rendirse, resistiendo con valor hasta el final y que veían el deseo de vivir, igual de grande que el deseo de morir, por la tierra que un día fue defendida y liberada por los grandes próceres argentinos.

Como supo expresar el Sargento Mario ´El Perro´ Cisneros: ´No se rendirme, después de muerto, hablaremos´.

Todos estos, los nombrados anteriormente, los presentes y los que quedaron custodiando por nuestra tierra en Malvinas son y siempre serán, mis reales superhéroes.

Pero no quiero dejar de mencionar que a todos y a cada uno de ellos los unían y sostenían en las dificultades dos pilares fundamentales: el amor a la Patria y la Fe; una fe capaz de trasladar montañas, una fe, capaz de frenar una bala, haciendo que esta quede enganchada en una cuenta del Santísimo Rosario. El arma más poderosa contra el enemigo y que hasta el más ateo de cualquier batallón o regimiento portaba con respeto en su cuello; una fe que mantuvo a todos los soldados tranquilos durante la misa de campaña, rezando, aunque les estuviese por explotar un misil al lado. En ese momento, cuando el misil estaba a punto de caer, el capellán que estaba celebrando la misa levantó la hostia en el momento de la consagración y el misil no explotó.

Porque sí: Dios se hizo presente en Malvinas, y los soldados supieron encontrarlo en la trinchera, en el medio del infierno de la guerra. Y esa fe no era solo algo que se veía en los gestos, en el combate o en las misas de campaña, también vivía en lo más profundo del corazón de cada soldado.

Así lo expresó el Teniente Roberto Estévez en una carta que le escribió a su padre antes de morir: ´Papá, hay cosas que, en un día cualquiera no se dicen entre hombres, pero hoy debo decírtelas: gracias por tenerte como modelo de bien nacido, gracias por creer en el honor, gracias por tener tu apellido, gracias por ser católico argentino e hijo de sangre española, gracias por ser soldado y gracias a Dios por ser como soy, y que es fruto del hogar que vos sos pilar. Hasta el reencuentro, si Dios lo permite. Un fuerte abrazo, Roberto´.

Estas palabras reflejan con claridad los valores que lo sostenían a él y a muchos de sus compañeros: la fe, el honor y el compromiso con la misión que Dios les había encomendado, defender el suelo argentino hasta el final.

En estas líneas se resume el espíritu de toda una generación de jóvenes soldados. Jóvenes, con una edad cercana a la nuestra; jóvenes que supieron encontrar su vocación amando y defendiendo a la Patria. Ellos son el ejemplo de jóvenes católicos y argentinos que debemos seguir.
Hoy, con estas palabras, quiero dejarles un mensaje: nosotros, como jóvenes argentinos que somos, tenemos que aspirar a cosas grandes que ayuden a nuestro país. No pensemos en lo pequeño, animémonos a soñar, amemos a nuestra patria y luchemos por causas nobles y justas; porque no, la juventud no está perdida.

Nosotros somos los encargados y los elegidos por Dios para mantener viva la llama que aquellos jóvenes en 1982 encendieron. Somos los encargados de transmitir el amor a la Patria, que ellos nos inculcaron, a las generaciones más chicas. Para que su entrega y valor no haya sido en vano, porque como dice un viejo refrán: ´El soldado argentino no muere en el campo de batalla, si no cuando su pueblo lo olvida´.

Así que los invito a que no dejemos que nuestros superhéroes mueran en el olvido: mantengamos vivo su recuerdo, el de los sobrevivientes y los que ahora duermen ya el descanso eterno. Y no se olviden nunca, aspiren siempre a cosas grandes, ¡Qué la Patria a eso nos llama!
¡Viva la Patria!”

* Alumna de 4° año. Trabajo presentado en el Colegio Fasta Caterina (C.A.B.A.)