LA BELLEZA DE LOS LIBROS

Mínusculas y blancos para una poesía mayúscula

Parte de la trama

Ricardo Ruiz

Editorial Barnacle

 

Desde el título, Ricardo Ruiz realiza una petición, o mejor, un reclamo: que al menos su poesía sea considerada como parte de una historia y el propio autor se postula a ser parte de la trama de su obra poética. Sin embargo, existen señales en el libro que llevan hacia las profundidades del mar, del río que vuelve a su origen, hacia las oscuridades y las luces de la existencia,

El poemario es una constante enunciación de los opuestos y de la incerteza a través de la palabra.

Una de las marcas de la incerteza es la ausencia de mayúsculas en el inicio de cada verso y en el título de la obra. Como si el origen de la historia no fuera el ahora, sino que precede al libro y tampoco termina en la última página.

Hay un planteo poético de las contradicciones históricas y las transformaciones sociales en el mundo Ricardo Ruiz intercala entre sus versos, con maestría y cuidado en las elección de las palabras, citas del Eclesiastés, Shakespeare, Lope de Vega, Sor Juana Inés de la Cruz, Vallejos, Passolini, Aucilino, o unas líneas de Pink Floyd, señalando así la marca del tiempo y la coincidencia del planteo.

Notoriamente el poemario posee un argumento y un contexto en el que el autor busca transmitir un mensaje o provocar una transformación.

Los blancos entre cada estrofa no son un detalle menor. Son partes incontrastables de la trama. Indican un silencio, un punto y aparte, o sugieren prestar atención a lo que vendrá. Un lapso para dar fuerza a lo que sigue y que amerita volver a leer lo que antecede... "la lengua que nos habla/resuena en un callar" dice el autor... "más allá de lo vano/quién habla?" insiste.

En el primer poema dice que las hojas en la tormenta hacen visible "lo que la luz /oculta /en su silencio", y "en la caída/ el nosotros / cantando / miserere / a verso a verso" una cita del Salmo 51 del Viejo Testamento que es una petición de piedad a cada paso.

Reflexiona ante la vida fugaz y la muerte repentina y lo intercala con versos de las coplas que Jorge Manrique escribiera a la muerte de su padre:

“en este tiempo 

que persiste 

en su medianoche

en un cielo 

sin estrellas 

y negro biblia”.

Avive el seso y despierte, dice Manrique en su copla.

Una vez más aparece esa igualdad de tiempo en la trama de la existencia humana.

"decir / tal vez / y / que tal vez / sea" escribe Ruiz como si el presente fuera un fin del pasado, un objetivo del optimismo y el pesimismo. El autor previene al lector acerca de esta discusión prologando al poema con versos de Eliot: “Lo que podía haber sido / y lo que ha sido / apuntan a un fin, que es siempre / presente”. Y así Ricardo Ruiz se encarga de hablar del ahora, no del pasado ni del futuro, a los que deja sobrevolando.

En el poema Saló /Ostia, alusión a los 120 días de Sodoma habla de que las ruinas no son de hoy, y forman parte de la trama. Para reforzar tal como lo hiciera con T. Elliot, Ruiz esta vez se vale de Passolini para prologar:

“soy una fuerza del pasado…

vengo de las ruinas”

El autor subraya entre dos espacios en blanco, marcando un tiempo de reflexión un tiempo de espera, dos palabras hebreas tikkun olam citadas en el Talmud. Significan: reparar el mundo de las consecuencias sociales negativas. Después del blanco inicia la estrofa:

“un hacer

de nuestras manos

otro reino por venir”.

parte de la trama transmite una poesía de dialéctica rigurosa, que marca la preocupación por el presente.

Ricardo Ruiz no es un recién llegado a la literatura. Es autor de varios poemarios: otros cantos callan (Libros de Nave); tristes ruidos furias (Libros de Tierra Firme -1990); huesos de otros vientos (Ediciones en Danza - 2015); usos del no (Bernacle - 2022). Además tradujo una buena parte de los poemas del brasileño Carlos Drummond de Andrade, una figura central del modernismo en su país.

Jorge Cohen