Milei el “transero”
El gobierno libertario no deja de sorprender. Después de asegurar la estabilidad cambiaria y el pago de la deuda hasta las elecciones con las medidas anunciadas por Luis Caputo, dio un giro de ciento ochenta grados en materia política y ahora va por un entendimiento electoral con la “casta”.
Ambas decisiones están vinculadas. El mensaje que envió el equipo económico dice que el programa financiero está sólido y el pago de la deuda garantizado para que el presidente obtenga la reelección sin corridas ni crisis.
Las decisiones políticas, en cambio, no las esperaban quienes hoy le reprochan desde los medios a Javier Milei que busque un entendimiento con la clase política a la que denostó hasta el cansancio. Los que lo sermoneaban desde el púlpito de una república imaginaria con la necesidad de evitar los insultos, la confrontación permanente y el decisionismo hoy siguen quejándose, pero de lo contrario: del “toma y daca” que sacó de su arsenal para tratar con la vieja burocracia partidaria.
Acusan a Milei de “transero” y contradictorio quienes lo considerarían un nuevo Tayllerand si fuera peronista, radical o progre. En ese número hay que incluir no solo a los periodistas, sino también a los políticos que decían que no duraba en el poder tres meses, que es cruel y que maltrata a los pobres, etcétera, a los que derrotó ya dos veces en las urnas y que hoy no saben dónde pararse.
Todo indica que Milei aprendió la lección que le dejó la desastrosa gestión del escándalo Adorni. Mientras el periodismo se dedica tardíamente a revolver los cajones hace rato vacíos de Insaurralde y Cirio para pasar por “objetivo”, el presidente busca con el auxilio de un conocedor de la casta como Diego Santilli un acuerdo en el Congreso que le permita acomodar la legislación electoral a su conveniencia.
Para eso necesita un acuerdo con los gobernadores y abandonar la estrategia de Karina Milei de armar un partido propio. Con peronistas, radicales y partidos provinciales ya en el poder intentará eliminar o suspender la PASO, armar colectoras y hacer lo necesario para arrancar en la “pole position” en octubre del 2027. Lo demás dependerá de la economía.
Sin embargo, la alianza con gobernadores peronistas no garantiza nada. Vaya un ejemplo histórico. En 1966 los militares neoperonistas (azules) echaron a Arturo Illia malamente del poder. A la jura de su sucesor, el general Onganía, asistió la CGT en pleno. La señal era que militares y sindicalistas gobernarían de allí en más con la suma del poder fáctico. Pero a Onganía lo voltearon poco más tarde los sindicalistas del Cordobazo. Moraleja: ninguna alianza garantiza nada en la política nativa, aunque pueda servir para mantenerse transitoriamente en el poder. La “transa” no excusa el manejo profesional de la economía. Por eso es que la “casta” con varios “masters” en “rosca” no ha dejado de fracasar en las últimas ocho décadas y de pauperizar al país. La clave no está en la “rosca”, sino en no emitir moneda espuria mientras se esconden los dólares rapiñados en un vestidor.
