El viaje de Javier Milei a España tuvo una fuerte repercusión en los medios, pero probablemente no la esperada por el viajero y sus amigos políticos ibéricos. El jefe libertario no pudo verse con el número uno de la formación de derecha Vox, que privilegió compromisos políticos fuera de Madrid a abrazarse con Milei. Tampoco consiguió entrevistarse con el rey Felipe VI: su pedido de audiencia fue rebotado porque el monarca sólo atiende oficialmente a autoridades extranjeras que previa o simultáneamente hayan sido recibidas por el jefe de gobierno y Milei no solo no vio a Pedro Sánchez, sino que lo maltrató en declaraciones llamándolo, entre otras lindezas: “impresentable dictador” y “delincuente”.
Convencido de que ayudó en Brasil a Flavio Bolsonaro a imponerse en la primera vuelta eleccionaria (aunque hay que esperar hasta el próximo domingo para cantar victoria), Milei quiere desmentir a quienes lo caracterizaron como “fenómeno barrial” y aspira en cambio a ser considerado un influencer global. Por las dudas, los jefes políticos españoles que él pensaba promover en su incursión madrileña –Alberto Núñez Feijoo, del PP, y Santiago Abascal, de Vox- evitaron la fotografía, probablemente porque intuyen que a los españoles no les cae simpático que dirigentes foráneos intervengan en asuntos que ellos se disponen a dirimir electoralmente y tampoco están habituados a que maltraten a periodistas porque no les gustan las preguntas.
LA BAÑERA Y LA HIPERBOLE
Milei llegó a España de mal talante, con una venda en el cuello (que fue adjudicada a un resbalón en la bañera) y con una polémica abierta en Argentina cuando caracterizó como “una pelotudez” la idea de que muchísimos argentinos “no llegan a fin de mes”.
Ante empresarios y directivos petroleros reunidos en Neuquén, el Presidente razonó, emulando a Rogelio, aquel personaje de Landrú: "Si se quedan sin plata verdaderamente el 20, ¿cómo viven 10 días sin comer ni beber?". Pese a que él mismo es un practicante asiduo de la hipérbole, esa figura literaria que se basa en exagerar ciertos rasgos de una persona, cosa o situación para enfatizar o llamar la atención, en este caso decide responder a aquella frase tomándola literalmente. Es como ofrecerle una vaquillona a alguien si dice que tiene tanta hambre que se comería una vaca. O como tomarse en serio algunas comparaciones que ponderan determinadas performances como las “mayores en la historia humana”.
En el caso del no llegar a fin de mes de tantos argentinos, la frase alude a que muchísimas personas, muchísimas familias se saltean una comida por día, dejan de comprar remedios necesarios o se endeudan para poder comer precariamente y pagar alquiler y servicios esenciales, en especial en los últimos días del mes.
No registrar este asunto o cancelarlo apelando a juegos de palabras agrega sufrimiento psicológico a la situación. No en vano en las propias filas oficialistas crece sordamente la demanda de “empatía”, particularmente cuando se acorta el tiempo en que deberá afrontar el desafío de las urnas con el objetivo de la reelección.
WORDS, WORDS, WORDS
La situación es, si se quiere, el emergente de problemas más hondos. La economía no está funcionando como el gobierno preveía (“Todo marcha de acuerdo al plan”, en la frase de Santiago Caputo). El propio Milei lo confesó ayer en Madrid y adjudicó el contratiempo a un shock externo (ya se sabe: el efecto de la guerra contra Irán que lanzaron en febrero Donald Trump y Benjamin Netaniahu; aunque se supone que el aumento del precio del petróleo favoreció a una Argentina que ahora exporta el combustible).
Hasta hace dos semanas los inconvenientes se atribuían al “efecto kuka”, es decir, a la posibilidad de un triunfo electoral kirchnerista el año próximo, un acontecimiento que, simultáneamente, el ministro de Economía Luis ´Toto´ Caputo declaraba imposible.
Palabras, palabras. Lo cierto es que la inflación mensual no cae, en el mejor de los casos tiende a estacionarse alrededor del 2 por ciento, la actividad económica decae (1,7 por ciento en relación al último año), el comercio, la industria y la construcción se desploman. Estadísticamente, el país está a punto de entrar en recesión y el riesgo país sube: ya superó los 700 puntos.
Las mejores noticias se las proporciona a Milei la, digamos, oposición. No aparece aún una alternativa plausible que regenere la esperanza en la movilidad social ascendente, que contribuyó de manera inestimable a sostener la integración y el carácter del país.
Hoy, en un momento histórico en que Argentina parece en condiciones de interesar al mundo y convertir sus recursos dormidos en riqueza y posibilidades de desarrollo, la mayoría de la población, según los estudios demoscópicos, teme por el futuro y las generaciones más jóvenes parecen condenadas a vivir peor que sus padres y sus abuelos.
En momentos en que las redes y los medios muestran los alzamientos de rebeldía principalmente juvenil en países centrales, motorizada por la sensación de presente precarizado y futuro clausurado, la Argentina recorre una tangente que puede ser virtuosa si es capaz de superar el creciente riesgo de la intransigencia, la inflexibilidad y el faccionalismo.
LA UNIDAD Y LA VISITA DEL PAPA
El jueves, el Congreso dio una señal positiva. Oficialismo y oposiciones (tanto la más propensa a la colaboración como la más crítica) fueron capaces de votar unidos una ley destinada a dar una respuesta compartida a la problemática de la discapacidad. Ante el hecho, es secundario el análisis de las motivaciones y cálculos de cada parte; lo importante es que pudieron converger y sacar una resolución casi por unanimidad. Cada cual tendrá su relato; el país no compra narraciones. Juzga resultados.
En fin: poco más de dos semanas y después de someterse a una cirugía importante, llegará al país el Papa León XIV. Su presencia contribuirá, sin duda, a recuperar cuotas de vitalidad, piedad y fraternidad que quedaron golpeadas por la pandemia y las desventuras económicas y políticas. Ayudará, asimismo -deseamos- a alentar el espíritu de diálogo y unidad que Argentina necesita para salir del pozo.
