Milagro en Arroyito

El baúl de los recuerdos. Rosario Central consumó una hazaña en la segunda final de la Copa Conmebol de 1995. Debía levantar un 4-0 contra Atlético Mineiro. Lo logró y se quedó con el título desde los doce pasos.

Tenía todas las de perder Rosario Central. Sólo un milagro podría darle un final feliz a su participación en la Copa Conmebol de 1995. Había perdido 4-0 el duelo de ida por el título con Atlético Mineiro en Brasil. Ese 19 de diciembre el único guiño cómplice del destino estaba dado por el recuerdo de lo que había pasado en la misma fecha en 1971, cuando la famosa palomita de Aldo Pedro Poy definió el clásico contra Newell´s en las semifinales del Nacional. Pero los canallas se volvieron fieles y se abrazaron con todas sus fuerzas a una férrea determinación que los llevó a ganar agónicamente 4-0 en la revancha y obtener su primer torneo internacional en la definición desde el punto penal. Esa noche, el equipo de Angel Tulio Zof consumó el milagro que tanto necesitaba y Arroyito vivió una de sus veladas más felices.

En el vestuario del Gigante dominaba la excitación que el Viejo Zof, ese ídolo eterno de la historia de Central, provocaba en un plantel que jamás se sintió vencido ni aun cuando parecía estarlo. Ya nadie recordaba que haber llegado a esa final pudo haber sido imposible dos meses antes, cuando los dirigentes dudaban de la conveniencia de participar en la Copa Conmebol por los altos costos que imponía esa competición que por entonces era la segunda en importancia en un fútbol sudamericano no tan rentable como en nuestros días.

Pero el conjunto canalla, con el apoyo económico de algunos jugadores como el Negro Omar Palma, Rubén Polillita Da Silva y Gustavo Falaschi, que pusieron plata de su bolsillo para pagar los viajes al exterior, fue de la partida y superando fases hasta arribar a la finalísima contra Atlético Mineiro. Bajo un diluvio impresionante en el estadio Mineirao los brasileños se impusieron 4-0. Sí, la esperanza es lo último que se pierde, pero ese 12 de diciembre a Central la ilusión se le redujo a su mínima expresión.

PLEGARIAS A LA VIRGEN

Si se habla de Central es necesario reparar en Roberto Fontanarrosa, ese hombre que se dedicó al humor gráfico pero pudo haber sido el mejor periodista deportivo de todos los tiempos. Ciento por ciento canalla, el Negro, lúcido, preciso e ingenioso, le dio vida a Plegarias a la Virgen, un cuento que refleja con simpatía y desparpajo la fe en la que se ampararon en las horas previas a la finalísima.

“…  -Por favor, por favor -exclamó en voz alta y en un tono extraño el Pájaro, advirtiendo que se dirigía a la imagen y no a sus amigos-. Hacé que Central gane mañana cinco a cero al Mineiro.

-Pero acordate - añadió Faca.

-Apurala, apurala que si no, no nos va a dar pelota, boludo - se tornó duro el Pachu.

El Pájaro estiró su mano y la puso sobre la mano extendida de la Virgen, como llamándole la atención.

-Hacé que Central gane, ¿estamos? -dijo, firme-. Mejor que Central gane.

-Apretala, apretala que si no, no pasa nada, Pájaro -urgió Pachu-. No te va a dar pelota esa guacha.

-¿Nos vas a dar pelota? -amenazó el Pájaro. Había tomado en su mano derecha el dedo índice extendido de la imagen-. ¿Nos vas a hacer caso?

-Rompele un dedito, rompele un dedito -ordenó Pachu.

Con una imperceptible mueca de esfuerzo en su rostro, el Pájaro presionó con sus dedos hasta que, en un momento, dejó de hacerlo. Después se metió el puño cerrado en el bolsillo de su jean. Del dedo señalador de la Virgen, sólo quedaba la primera falange.

-Así se acuerda -aprobó Pachu. Los otros no dijeron nada. Giraron hacia la puerta y emprendieron la salida. Antes de abandonar la nave, volvieron a mirar hacia el altar principal y, respetuosos, inclinaron la cabeza”.

Y LA VIRGEN LOS ESCUCHÓ

Salió a jugarse con alma y vida Central ese 19 de diciembre. No era una frase hecha utilizada en mil y una crónicas periodísticas. Era verdad porque no había otra alternativa. Tal vez hasta merodeada el área El Aldo -Poy, por supuesto- para dar una mano sin con la ayuda de la Virgen no bastaba. Pero esa noche de martes un especial estado de gracia se apoderó  los canallas, que acorralaron al Mineiro contra la valla de Taffarel -sí, el campeón del mundo en el ´94 con Brasil- y a los 23 minutos empezaron a remontar la empinada cuesta con un gol del Polillita Da Silva tras un centro de Diego Ordóñez.

Antes del cierre del primer tiempo, Horacio Carbonari redujo la brecha en la serie a la mitad con un fortísimo tiro libre. Enseguida se fueron expulsados Federico Lussenhoff y Paulo Roberto por agredirse mutuamente en un partido muy caliente. Apenas 60 segundos más tarde, Da Silva habilitó al Chapulín Cardetti, quien sometió a Taffarel. Increíble pero real, en 45 minutos Central estaba a un gol de la proeza.

La etapa complementaria fue dominada por el nerviosismo. Mineiro se plantó mejor en la cancha y comenzó a sufrir menos el acoso incesante de su rival. El tiempo pasaba y el reloj se transformaba en su aliado más valioso. Vieron la tarjeta roja Cardetti y Dedé. Las 45 mil personas apiñadas en las tribunas del Gigante de Arroyito vibraban. Faltando apenas 120 segundos, un centro del Negro Palma -el gran símbolo de ese equipo en el que nueve de los once titulares habían salido de sus divisiones inferiores- hizo blanco en la cabeza goleadora del Petaco Carbonari, que dejó para la posteridad su apasionado festejo abrazado al alambrado de cara al público local.

Contra todos los pronósticos, Central había emparejado la final. La suerte se iba a definir desde los doce pasos. Fallaron los brasileños Doriva y Leandro Tavares los primeros remates del visitante. Acertaron Palma y Mario Pobersnik. Descontó Ronaldo Guiaro y dio tranquilidad el infalible Carbonari. Taffarel le ganó el duelo a Tito Bonano, pero perdió con Cristian Colusso, una gran promesa que no llegó al nivel que se le auguraba. Euller empató con el último remate del Mineiro y la responsabilidad de definir quedó en los pies de Da Silva. A Polillita le quedaba muy bien el traje de héroe y superó a un especialista en penales como Taffarel para concretar el milagro que en Arroyito se recordará por siempre.

LA SINTESIS

Rosario Central 4 (4) - Atlético Mineiro 0 (3)

Central: Roberto Bonano; Diego Ordóñez, Horacio Carbonari, Federico Lussenhoff, Patricio Graff; Eduardo Coudet, Omar Palma, Raúl Gordillo,  Pablo Sánchez; Rubén Fernando Da Silva, Martín Cardetti. DT: Angel Tulio Zof.

Mineiro: Taffarel; Dinho, Ademir, Ronaldo Guiaro, Paulo Roberto; Eder Lopes, Doriva, Carlos, Leandro Tavares; Renaldo, Ezio. DT: Procopio Cardoso.

Incidencias

Primer tiempo: 23m gol de Da Silva (C); 39m gol de Carbonari (C); 39m expulsados Lussenhoff (C) y Paulo Roberto (M); 40m gol de Cardetti (C). Segundo tiempo: Dedé por Carlos (M); Euller por Ezio (M); 25m Cristian Daniele por Coudet (C); 29m Mario Pobersnik por Gordillo (C); 33m expulsados Cardetti (C) y Dedé (M); 33m Gutemberg por Leandro (M); 41m Cristian Colusso por Ordóñez (C); 43m gol de Carbonari (C).

Definición por penales: para Central convirtieron: Palma, Pobersnik, Carbonari y Da Silva. Taffarel atajó el remate de Colusso; para Mineiro convirtieron: Ronaldo Guiaro, Taffarel y Euller. Fallaron Doriva y Leandro Tavares.

Cancha: Rosario Central. Arbitro: Ernesto Filippi, de Uruguay. Fecha: 19 de diciembre de 1995.