Páginas de la historia

Maurice Greene, el legendario atleta estadounidense

En el atletismo hay una ley “no escrita”. Nos dice sin decirlo que la prueba más valiosa -la reina de las competencias- es la de cien metros, que califica al que los recorre en el menor tiempo, como el hombre más veloz del mundo.

Ningún atleta logró durante muchas décadas, bajar el tiempo de 10 segundos para esa distancia de cien metros.

Hasta que en 1968, un extraordinario velocista norteamericano, logró en México la hazaña: Se llamó Jim Hines y empleó 9 segundos y 95 centésimas en recorrer los 100 m.

Pasaron 16 años hasta que otro atleta logró superar esa marca, en 1996, un canadiense, Donovan Bayley, marcó para esa distancia 9 segundos 84 centésimas. (11 centésimas menos que Hines).

Otros 16 años después, en 2002, otro atleta -del que nos ocuparemos hoy-, logra superar esa marca en las Olimpíadas de Sidney, Australia, corriendo los 100 metros en 9 segundos 79 centésimas. Es decir que corrió a una velocidad de 43 Km por hora. Es también norteamericano. Su nombre, Maurice Greene<

Tenía 25 años y pesaba 75 Kg, peso que armonizaban con su 1,76 m de altura.

Ese récord le significó –sobre todo en EE.UU.- una fortuna en dólares, contratos de publicidad y prestigio.

Entrevistado, después de la carrera, por docenas de periodistas australianos y de los diarios y canales de TV de todo el mundo, expresó con una sonrisa simultáneamente irónica y triste, palabras que sorprendieron pero que revelaban su dolor, por injusticias que sin duda había soportado: “Como me ven soy todavía negro, aunque ya no soy pobre, ni lustro zapatos ni vendo diarios. Quieren Ustedes señores periodistas oir mi palabra y me dicen que millones de personas escucharán mis declaraciones. Desde esta ciudad Australiana, querría preguntarles, señores periodistas: ¿el hecho de correr más rápido que otros hombres me ha transformado en una persona mejor? Y yo mismo les respondo -siguió diciendo-: A muchos de los que me estarán escuchando, especialmente en mi país Estados Unidos, si yo no hubiera logrado este récord mundial, ni mis palabras, ni siquiera mi persona, les hubiera importado. Gracias”.

Se nublaron sus ojos y no pudo agregar una sola palabra más. Tampoco agregaré nada, Para este desprecio al diferente solamente por diferente, no por inferior...

Y un comentario adicional con relación a este logro deportivo.

Cada vez que se supera una marca surge este interrogante ¿se llegó al límite?.

La respuesta sería: Así como no hay límite para el conocimiento humano tampoco puede haberlo para la superación física

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Y ya que aludimos a superación física, hay otro récord, no menos valioso que el de Maurice Greene, también logrado en atletismo y en 100 mts.

Este otro deportista, también norteamericano se llama Marlon Shirley. Recordemos el tiempo que empleó Greene para los 100 mts.: 9 segundos 79 centésimas.

El tiempo de Shirley, obtenido (el 22 de julio de 2002) es de 11 segundos 08 centésimas, es decir que registró 1 segundo y algunas centésimas más que Greene.

Y entonces, ¿cuál sería la hazaña? ¿y por qué es récord?.

Pues porque a Shirley le fue amputada a los 5 años parte de su pierna izquierda y se ayuda para correr con una prótesis de fibra de vidrio. Y participa solamente en competencias para atletas discapacitados.

Ahora se entenderá mejor su logro. Porque pensamos que con su impedimento, estuvo, en los 100 mts. apenas a un segundo y centésimas del hombre más veloz del mundo.

La de Shirley es una hermosa historia de sacrificio y de voluntad, puesta al servicio de un ideal noble.

La la necesidad o las circunstancias negativas no otorgan fuerzas. Pero las descubren.

Sabemos que hay metas que parecen inalcanzables. Pero es evidente que hay hombres nacidos para alcanzarlas. Y ese hombre que batió a su vez el récord de Maurice Greene se llama Tim Montgomery. Tres meses después del récord de Greene, un 14 de septiembre de 2002, recorrió los 100 m. en  95 segundos y 78 centésimas, una centésima menos que Greene.

Pero queremos finalizar destacando el extraordinario mérito de Shirley, el atleta discapacitado que con una sola pierna corrió a casi 40 Km por hora.

Y hace también muchos años, un 14 de junio de 2005, un atleta de Jamaica, Asafa Powell, superó en una centésima la marca de Montgomery. Señal inequívoca de lo infinito de las posibilidades del hombre.

Esta historia me inspiró el siguiente aforismo: “La voluntad de triunfar no otorga el triunfo. Pero lo acerca…”.