Más ataques a la oposición que anuncios

El mensaje de Javier Milei en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso tuvo rasgos inéditos, entre los que sobresalieron los duros ataques a la oposición. Como contrapartida de esa furia verbal, hubo mucho menor espacio para los anuncios sobre el envío al Parlamento de las nuevas reformas estructurales que se esperan para este año.

Los que habían cifrado sus expectativas en algún paquete de proyectos para desarrollar la economía recibieron vaguedades precedidas por una insólita catarata de diatribas contra el PJ y sus poderosos aliados del Círculo Rojo.

La agresiva actitud del Presidente transformó un acto institucional en un show unipersonal en el que dejó de leer en reiteradas oportunidades el discurso que tenía sobre el pupitre para lanzar graves imputaciones a la oposición con una violencia verbal sin antecedentes. Calificó al kirchnerismo (cuyas bancas estaban raleadas en previsión de las invectivas que se veían venir) de corrupto, golpista e incompetente entre los aplausos y festejos tanto de los legisladores libertarios como de los partidarios que ocupaban las galerías. La trasmisión oficial del acto, además, nunca mostró la imagen de los vapuleados legisladores de la oposición.

La nula importancia que Milei le dio a la Asamblea Legislativa pudo ser verificada desde el principio. Ingresó al recinto no por el estrado de la Presidencia, sino por un pasillo lateral felicitando a sus ministros y a los jueces de la Corte Suprema ubicados en los palcos bandeja. Acto seguido, dio el discurso desde un pupitre colocado delante del estrado y no junto a la presidenta del Senado, Victoria Villarruel, como marca el protocolo habitual.

Más cerca de las bancas comenzó su contrapunto con los diputados peronistas y de la izquierda a los que imputó de “manga de delincuentes” y hasta de haber hecho “todo lo posible para derrocar” a su gobierno. La expresidenta Cristina Kirchner fue calificada como “chorra” a los gritos. Eligió y aporreó a su adversario con el lenguaje callejero de un acto partidario.

Por lo demás, su mensaje no aportó ninguna novedad. Hizo la conocida descripción de la crisis macroeconómica heredada del peronismo y las medidas tomadas para frenar la inflación y mantener el nivel de actividad. A lo que agregó una visión optimista del futuro como consecuencia del fortalecimiento del oficialismo tras las elecciones de octubre: “Ahora tenemos la fuerza para empezar un nuevo camino”.

No se tomó, sin embargo, el trabajo de entrar en detalle sobre las condiciones concretas que permitirían llegar a ese futuro venturoso. Sólo insistió en que continuaría con la disciplina fiscal y monetaria, las desregulaciones y la apertura comercial. Habló vagamente sobre reformas al Código Civil y Comercial, de desregulaciones, de baja de impuestos, etcétera. Versículos conocidos de biblia libertaria.

En síntesis, una actitud impropia para un acto institucional y una descalificación de la oposición que empeorará el clima político. Una embestida, además, contra el régimen imperante con consecuencias difíciles de prever.