SE CUMPLE MEDIO SIGLO DE LA APARICION DE "EL POLICIA QUE RIE"
Martin Beck, el antepasado sueco de Kurt Wallander
El personaje fue una creación de la pareja de escritores suecos Maj Sjöwall y Per Wahlöö, precursores de la variante escandinava del género policial. Socialistas convencidos, buscaron hacer política a través de la ficción.
En las décadas del "60 y "70 había discusiones literarias que hoy parecen absurdas. La izquierda impugnaba a Borges porque sus cuentos no promovían la revolución social ni describían las penurias del proletariado, se dudaba de que la ciencia ficción tuviera algún vínculo con la literatura y las novelas policiales pertenecían a un subgénero desprestigiado que se leía sin la ostentación reservada para las obras de un Joyce, una Marguerite Duras u otros autores consagrados por la "intelligentsia".
Medio siglo después esos criterios parecen absurdos, pero lo que sufrió un cambio de valoración más profunda es la ficción policial que produce centenares de novelas, series de televisión y películas por año. Una industria próspera que genera millones de dólares y abrió una sucursal en Escandinavia, donde el llamado nordic noir ha producido best-sellers planetarios como Millenium o la saga del inspector Kurt Wallander, redactada por Henning Mankell.
A favor de esa popularidad una editorial catalana decidió reimprimir la serie de novelas de una pareja de escritores, Maj Sjöwall y Per Wahlöö, publicadas en los años "60 que tiene como protagonista Martin Beck, un policía de Estcolmo. En este caso, El policía que ríe, cuarto título de la serie aparecido en 1968 (*).
Aunque han sido prácticamente ignorados por los comentaristas locales, Sjöwall y Wahlöö hicieron varios aportes memorables a las "detective stories". Una de ellos consistió en contribuir a poner los cimientos de una variante del género llamada "procedural" en inglés, adjetivo que ha sido volcado al español como "procedimental".
Se trata de tramas que siguen un curso parecido al real de las investigaciones policiales y se extienden en seguimientos, entrevistas, tediosas jornadas de comprobación de datos y vigilancias, muchas de las cuales no conducen a ningún lugar pero hacen de pasada una descripción realista del medio social y económico que rodea al crimen. El misterio finalmente se resuelve, pero no por la intuición genial de un investigador dotado de una extraordinaria capacidad deductiva, sino con frecuencia por una causalidad o un error de los delincuentes.
Los policías no son héroes, a menudo cometen errores y exhiben las manías, obsesiones y defectos de cualquier personalidad corriente. Uno de los ejemplos más notorios de este tipo de novela es el del norteamericano Ed McBain, nacido Salvatore Lombino, creador de numerosas historias desarrolladas en el Precinto 87. Los policías norteamericanos que conviven y no pocas veces se enfrentan en esa comisaría no difieren sustancialmente de Martin Beck y sus colegas de Estocolmo o de Wallander y los suyos de Scania. Gente común que trabaja en una oficina donde la tarea consiste en lidiar con el crimen. Nada heroico.
LA COLABORACION
Sjöwall y Wahlöö se conocieron en 1962. El le llevaba nueve años y ambos trabajaban de periodistas. Afiliado al partido Comunista, Wahlöö había sido cronista de policiales y entonces escribía sobre política. Ella tenía 27 años, daba sus primeros pasos en el oficio y era madre soltera con una hija de seis.
La escritura en colaboración comenzó como parte de la aventura extramatrimonial porque Wahlöö estaba casado. Redactaba por entonces un libro por encargo todas las noches en la habitación de un hotel vecino del pub donde solían encontrarse. Todas las mañanas le dejaba un sobre con lo escrito la noche anterior que tenía espacios en blanco e instrucciones para que los llenara con lo que se le ocurriera sobre los personajes o la intriga. La colaboración literaria fue parte central del cortejo y enamoramiento que duraron un año. Después Wahlöö se mudó a la casa de Sjöwall.
Socialistas convencidos admiraban a Hammett, Chandler y Simenon y resolvieron escribir una decena de historias policiales. Los libros de política se vendían poco, no eran los mejores vehículos de propaganda. Mediante un género popular querían demostrar que bajo la apariencia de un estado de bienestar había en Suecia una realidad de crimen y pobreza; que el país se encaminaba a un capitalismo despiadado y crecientemente injusto.
Con un trabajo profesional bien planificado evitaron el panfleto y escribieron ficciones atractivas que superan ampliamente a otros autores escandinavos que hoy venden millares de ejemplares. Escribieron todas las noches a lo largo de los años. Wahlöö murió en 1975 poco después de terminar la última novela.
Entretanto el socialismo se derrumbó junto con el Muro, la sociedad hiperconsumista e injusta sobre la que alertaban llegó más rápido de lo esperado y hoy manda el mercado. Pero esto no era tan obvio en los "60 cuando muchos creían que la revolución estaba a la vuelta de la esquina. El proyecto militante de Sjöwall y Wahlöö fracasó, pero el literario, no; sus novelas sobrevivieron, tanto en la influencia sobre escritores de las siguientes generaciones como Henning Mankell, como en las reimpresiones para lectores que medio siglo después no perciben la crítica social pero a los que atrae el placer de una historia bien contada.
* Maj Sjöwall y Per Wahlöö, "El policía que ríe". RBA. 281 páginas.
