Marikena, alejada de las modas y curiosa ante la muerte

La gran cantante, emblema del café-concert, falleció a las 82 años. No trascendió el motivo del deceso, sólo el dolor ante la pérdida de una figura impar que transitó la canción francesa y el tango sin distingos, y grabó el tema principal de la película ‘La Mary'.

Marikena Monti, parafraseando los versos de Manzi, cantaba en francés como ninguna. La influencia francesa formaba parte de su identidad desde pequeña, aunque nunca se lo explicitaran. Su abuela materna, Juana, hija de franceses, dejó una huella profunda en su educación: le enseñaba a saludar con una leve inclinación de cabeza y a disfrutar el té a la manera de sus ancestros, con la mesa impecable y una delicada vajilla. A pesar de que Juana no hablaba abiertamente sobre sus raíces, sus gestos y costumbres transmitían ese legado.

Marikena tuvo la dicha de celebrar cinco décadas en el escenario. Comenzó su carrera artística en 1965 como integrante del Teatro Universitario Franco-Argentino (TUFA). A fines de los años sesenta realizó recitales en francés junto a Elena Mignaquy, Claudia Lapacó y Mónica Cahen D'Anvers en el teatro de la Alianza Francesa de Buenos Aires. Atravesada por la vanguardia en el Di Tella, en 1969, junto a Jorge Schussheim, Jorge de la Vega y Camaleón Rodríguez, participó en el espectáculo ‘Canciones en informalidad’.

En 1971 actuó con el grupo de Joséphine Baker y formó parte de ‘Marikena Suites’, bajo la dirección de Lía Jelín. Un año después, en 1972, compartió escenario con Susana Rinaldi y Amelita Baltar en el espectáculo ‘Tres mujeres para el show’, acompañadas por Osvaldo Piro, Astor Piazzolla y Coco Pérez Muñiz. Décadas más tarde, a fines de 2010, las tres artistas se reunieron nuevamente para revivir este exitoso espectáculo. En 1973 compuso una canción para la obra teatral ‘El gran deschave’ y en 1974 interpretó el tema principal de la película ‘La Mary’, dirigida por Daniel Tinayre y protagonizada por Susana Giménez y Carlos Monzón.

Durante la década del ‘70 presentó unipersonales como ‘Marikena y los otros’ y ‘Homenaje a Jacques Brel’. También formó parte del elenco del Teatro General San Martín.

 

LA BOTICA

En todo ese devenir, Marikena jamás se sumó a una moda, a lo políticamente correcto. Si por la verdad se paga un precio, por la autenticidad en el arte se gana un público fiel. Se la recuerda en la TV en blanco y negro, cuando ese mago obsesivo que se llamó Eduardo Bergara Leuman la convocaba cada viernes después de las 22 a la ecléctica Botica del Ángel. Era la década del ‘70 y en el aire flotaba la emoción contenida de los estudios televisivos ,esperando el instante en que la voz de Marikena llenaba el estudio con esa mezcla de melancolía y fuerza.

Más tarde, en los años ‘80, la Botica adoptó una temática más tanguera y colorida, y ella acompañó ese proyecto: “El tango tiene un contacto brutal con la vida -confesó alguna vez-. ¿Cómo no lo voy a hacer?”.

Creía firmemente que existía otra vida. Sin embargo, la invadía la curiosidad: “Me gustaría poder asomarme, espiar aunque sea un instante ese misterio”. Ya forma parte de él. “Morir, dormir, soñar”. Ese pensamiento la acompañó durante toda la vida. Un enigma y una esperanza que sentía ante el más allá: la idea de que la muerte puede ser apenas un sueño.