Mariano Moreno visto por el revisionismo
Para algunos el patriota más importante de los hechos del 25 de mayo de 1810, para otros un agente comercial británico. Los hay que creen que es la representación del liberalismo romántico, mientras que otros lo ven como un sanguinario jacobino masón.
Mariano Moreno sigue despertando pasiones y polémicas por igual. De allí que tuvo diversas reacciones de historiadores argentinos a través de los años, en particular de aquellos enrolados en el revisionismo histórico
Se entiende por revisionismo histórico argentino a la corriente historiográfica opuesta a la vertiente liberal impulsada a fines del siglo XIX por el expresidente Bartolomé Mitre, entre otros, que buscó impugnar ese proyecto, rescatando a Juan Manuel de Rosas y a los caudillos federales como una alternativa nacionalista. Pero el revisionismo histórico, a grandes rasgos, contendrá diversas visiones, desde el nacionalismo católico, el nacionalismo republicano o elitista, el nacionalismo popular - con afluentes en el radicalismo y el peronismo -, y la izquierda nacional, siendo estos últimos contradictores, por su modelo económico y centralismo, de la figura de Rosas.
MORENO Y LA IZQUIERDA NACIONAL
Rodolfo Puiggros, en “Los caudillos de la Revolución de Mayo” (1942), con una segunda edición corregida y ampliada en 1971, polemizó con Paul Groussac, que desestimó la autenticidad del “Plan de Operaciones” de Moreno y con Ricardo Levene, quien en su obra “Ensayo histórico sobre la Revolución de Mayo y Mariano Moreno” (1921) objeto su veracidad. Para Puiggrós, “el Plan es el más importante documento político que se ha escrito en nuestro país”, y “aun suponiendo que no fuese obra de Moreno, el Plan es un trabajo elaborado por un estadista de genio”, priorizando su contenido “revolucionario”.
Norberto Galasso en “Mariano Moreno y la revolución nacional” (1963), en sintonía con “Las masas y las lanzas” (1957) de Jorge Abelardo Ramos, detalló que “el conjunto orgánico de ideas (de Moreno) está expresado en el Plan de Operaciones y en los artículos de “La Gaceta”, como asimismo en los decretos de la Junta, la mayor parte de los cuales fueron redactados por él. De todos estos escritos, así como de su acción de gobierno, se desprende claramente que Moreno era un revolucionario jacobino y que su ideología era el nacionalismo burgués”.
Mientras que Alfredo Terzaga, bajo su seudónimo de Manuel Cruz Tamayo, escribió “Mariano Moreno ¿bolchevique y entreguista?” (1964), en respuesta al libro de Federico Ibarguren (h), “Las etapas de Mayo y el verdadero Moreno” (1963): “Federico Ibarguren no ha escatimado tintas para logar una imagen siniestra del secretario de la primera Junta: Moreno es casi un agente inglés; Moreno fusila a Liniers para complacer a los ingleses; Moreno es un porteñista fundador del unitarismo; Moreno es el padre del entreguismo... Y definió a su Plan de operaciones como “platónica utopía socializante”.
EL NACIONALISMO CATOLICO JUZGA A MORENO
Ibarguren, se despachó contra Moreno en más obras: “Lecciones de Historia Rioplatense” (1947), “Así fue Mayo” (1957), y “Mayo en ascuas” (1961) atacando su “Representación de los Hacendados”, como puntal del dominio económico británico en nuestras tierras.
Gustavo Martínez Zuviría, conocido por su seudónimo Hugo Wast, publicó “Año X” (1960), donde rescató la figura de Cornelio Saavedra y desmintió la impronta de Moreno en los sucesos de Mayo, embistiendo contra don Mariano.
Julio Irazusta, en “Influencia económica británica en el Rio de la Plata” (1963) lo denostó por su iniciativa librecambista, que avaló la “apertura” del puerto de Buenos Aires en 1809 a los productos europeos, contra el monopolio español y los comerciantes locales, a los que llamó “sanguijuelas del Estado, a poco de calificar de ilustrados a los comerciantes ingleses”, explicitando “la decidida anglofilia de la Representación, que abriría ancha brecha a la influencia británica entre nosotros. Moreno fue de los primeros en acreditar la especie de que las invasiones inglesas fueron precursoras de la prosperidad argentina”.
Ernesto Palacio, en su “Historia de la Argentina” (1954), sin embargo, contempló a Moreno con otro prisma: “La leyenda que hace a Moreno un exaltado jacobino es inexacta. Es innegable que era un imaginativo y un nervioso, tipo de hombre que siempre asusta a los mediocres; pero estaba dotado de un exquisito equilibrio intelectual… De ser un ideólogo revolucionario (a la manera de Castelli) lo preservaba su ortodoxia católica y su entusiasmo por el sistema inglés, fundado en el equilibrio de poderes y al que citaba constantemente como modelo… Era, por lo demás un hombre de gobierno nato: capaz, por consiguiente, de someter sus ideas a la prueba de la realidad y hacer las necesarias rectificaciones, como hubo de verse en los correctivos que aplicó al comercio libre… Por lo que hace a su terrorismo, no es español el asco a la sangre, y no necesitaba Moreno por cierto recurrir a la Convención francesa para aprender las medidas de rigor aplicables al enemigo por la ley de la guerra”.
EL REVISIONISMO NACIONAL Y POPULAR
Fermín Chávez, tensionó el perfil del prócer en “Historia del país de los argentinos” (1967): “Debemos tanto a los morenistas como a los antimorenistas una especie de juegos de espejos en que la personalidad de Moreno se deforma y se oscurece… tenemos un Moreno jacobino colonialista y un Moreno nacionalista burgués. O un ángel y un demonio… Si Moreno se convirtió rápidamente en la principal figura política de la Junta, no es menos cierto que sólo representó los intereses de Buenos Aires, opuestos a los de las provincias”.
José María Rosa, finalmente, se expresó en “Defensa y pérdida de nuestra independencia económica” (1943), como en el tomo II de su “Historia Argentina” (1970) sobre él: “Moreno había sido el niño serio de excelente conducta y aplicación, que rehuía las juergas infantiles y se aislaba en el retiro del estudio: le faltaba el conocimiento de los hombres y la sociedad para conducir una acción política. Era demasiado deshumanizado para ser un jefe y aplicar con tino el Plan de Operaciones que compuso… ofreció una energía arrolladora, que si hubiese estado al servicio de la auténtica revolución americana… había dado frutos preciadísimos”. Pero en un artículo del diario “Mayoría” de 1973 lo fustigó: “No me gusta Mariano Moreno porque fue en 1809 el abogado de los introductores de maquinofacturas inglesas que arruinaron los talleres y obrajes nativos. Eso para mí se llama colonialismo mercantil, y no me consuela que al año siguiente rectificase su “Representación de los hacendados” echando en el “Plan de Operaciones” la exclusiva de la culpa al virrey Cisneros… No me gusta que rectificase el rumbo americanista de la revolución… para tener el triste privilegio de ser el primero en apoyar la “balcanización” de América conveniente a los intereses británicos”.
A MODO DE CONCLUSION
A grandes rasgos la figura de Moreno fue ponderada por los representantes de la izquierda nacional, mientras que los historiadores revisionistas de antaño, sea más de derecha o más populares, oscilaron entre la distancia con el personaje o condenar al personaje. Quizás las posiciones de Palacio y Chávez sean las que contemplen las variadas aristas de Moreno, sin por elo comulgar con él. Nuevos estudios e interpretaciones son necesarias sobre Mariano Moreno, de cara a estos tiempos.
