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“Maratones” de consumo de drogas
“…lo importante es huir, no se adónde pero que sea a cualquier lugar” (narrando su experiencia con drogas - Charles Baudelaire - 1821-1867)
Lo de Baudelaire parece muy actual ya que nos encontramos todos los días en la consulta en adicciones con hombres y mujeres que huyen dentro del “combo” de sustancias que han ingerido en lo que llamamos “maratones” de consumo…noches y días sin fin hasta que un órgano vital les recuerda el daño que se están infligiendo y algunos ahí paran …otros siguen y una convulsión o un infarto y/o también un brote psicótico nos recuerda lo que está sucediendo.
Los nombres técnicos de esa huida pueden ser brotes psicóticos, sobredosis, accidentes multiorgánicos que llevan al límite mismo de la muerte, detenciones en la vía pública, choques en automotores o motos, etc. y así llegan envejecidos o fatigados a la consulta luego de perdidas en su vida cotidiana: familia, hijos, dinero, enfermedades invalidantes, etc. ; todo esto nos demuestra que el hombre, como nos enseñaban los filósofos griegos, “puede cometer excesos, pero la naturaleza los va corrigiendo”; “la naturaleza mantiene el orden que es el principio ordenador del universo”.
La cocaína con alcohol los introduce en el mundo de la soberbia del Ego y es ahí cuando la omnipotencia parece ser el “sarcófago” de los seres humanos. El hombre en sus excesos, y máxime en la posmodernidad actual, busca superar todo límite, inmerso en un vértigo frenético, y la naturaleza nos recuerda su pequeñez y sus límites y/o fronteras.
Atentar contra la naturaleza psíquica y biológica tiene sus derivaciones patológicas, y hoy la cocaína y sus derivados, banalizados en sus efectos, son el “combustible” deseado que puede llevar a la muerte o a la invalidez psíquica y/o física.
La clínica diaria nos confronta con el dolor de los que solo pueden sobrevivir rozando el límite de la muerte permanentemente. Escuchar al paciente nos enseña todos los días.
El "consumo prolongado" o "maratones de consumo” puede ser el fin de una persona anunciando su deterioro final o también puede significar el inicio de una vida diferente si se inicia un tratamiento.
ESTRUCTURA DE LA PERSONALIDAD
En todo esto debemos ver las vulnerabilidades de cada paciente: su historia previa de consumo, su red traumática, el tipo de estructura de personalidad:
* Las personalidades narcisistas en donde el ego se parapeta en un mundo imaginario en donde no hay otros sino el mismo encerrado en propia.
* Las personalidades con rasgos antisociales.
* Las personalidades limite en donde la desregulación emocional constante es clave y, por último.
* Las personalidades depresivas entre otras), la historia de consumo; como alguno de los fenómenos a tener en cuenta.
La alteridad o sea el otro que es la vigencia de la salud mental y del sentido de realidad va desapareciendo y el “maratonista” se va transformando en el espejo de un sí mismo alienado. No hay nada diferente a mí y al no haber Otro ni otros nadie me cuestiona y vivimos encerrados en una “burbuja” en donde solo vemos opiniones, gustos e ideas que se parecen a las nuestras.
En todo esto vale la pena recordar la máxima de Alcohólicos Anónimos: “una copa es mucha y cien son pocas”
ya que con brillantez muestra la vulnerabilidad del dependiente a sustancias en donde el fenómeno de la compulsión y la repetición al infinito siempre está ahí.
El fenómeno de la renuncia a las sustancias y despejar personas, situaciones y lugares ligados al consumo parecen ser parte de una vida sana.
¿QUE LE SUCEDE AL “MARATONISTA”?
1) Secuestro del sistema motivacional: Las drogas producen una liberación masiva de dopamina de una manera anormalmente intensa alterando el circuito de recompensa (área tegmental ventral, núcleo accumbens y corteza prefrontal) afectando la motivación y el aprendizaje generando euforia y aumento de energía llevando incesantemente a la repetición del consumo y como consecuencia dejamos de priorizar necesidades básicas como dormir, comer o hidratarse. La única prioridad pasa a ser seguir consumiendo y la droga empieza a convertirse en la única motivación.
2) Colapso del lóbulo frontal: Con el consumo continuo durante días, especialmente de cocaína y alcohol, disminuye la capacidad de autocontrol y juicio. La corteza prefrontal pierde eficacia, por lo que aparecen:
´* Impulsividad extrema.
* Pérdida del juicio de realidad.
* Conductas de alto riesgo.
* Incapacidad para detener el consumo.
3) Privación de sueño: Permanecer despierto 48/72 horas o más puede, por sí solo, producir:
* Alucinaciones.
* Ideas paranoides.
* Desorganización del pensamiento.
* Estados psicóticos, que las drogas potencian aún más.
4) Neurotoxicidad y excitotoxicidad: El exceso de dopamina, glutamato y adrenalina genera un intenso estrés oxidativo e inflamación cerebral. Esto favorece lesiones neuronales y altera la comunicación entre distintas regiones del cerebro.
5) Fallas multiorgánicas: Cuando el consumo se prolonga durante días pueden coexistir:
* Deshidratación grave.
* Hipertermia.
* Rabdomiólisis (destrucción muscular).
* Insuficiencia renal.
* Arritmias e infarto.
* Daño hepático.
* Alteraciones de la coagulación. Todo ello puede culminar en una falla multiorgánica con riesgo de muerte.
6) Desde el punto de vista psíquico: Muchos pacientes describen una vivencia de vacío, angustia o desesperación que precede a estas maratones de consumo.
A medida que pasan las horas o los días:
* Disminuye el contacto con la realidad.
* Aparecen ideas persecutorias ("me siguen", "me quieren matar").
* Se altera la identidad y el sentido del tiempo.
* El sujeto queda dominado por la compulsión a consumir, aun sabiendo que su vida está en peligro.
En términos clínicos, puede decirse que el cerebro queda "secuestrado" biológicamente y la personalidad se empobrece transitoriamente, predominando la urgencia del consumo sobre cualquier otra motivación.
El fenómeno de la compulsión es un elemento clave para entender estos fenómenos. La compulsión es uno de los mecanismos centrales que explican por qué una persona continúa consumiendo es la sensación de que "no puedo no hacerlo". Al principio se consume para obtener placer, pero con el tiempo se consume principalmente para aliviar:
* Ansiedad.
* Angustia.
* Vacío emocional.
* Síntomas de abstinencia durante días, aun cuando es consciente del deterioro físico y del peligro de muerte. Se consume ya “no para sentirse bien” sino para “dejar de sentirse mal”.
Con el consumo repetido, el control pasa progresivamente de la corteza prefrontal (que permite decidir, planificar y detener una conducta) a circuitos más automáticos, como los ganglios basales y el sistema de recompensa. Esto hace que el consumo se transforme en un hábito muy difícil de interrumpir.
Al mismo tiempo:
* Disminuye el autocontrol.
* Aumenta el deseo intenso o “craving”.
* Las señales asociadas a la droga (personas, lugares, emociones) desencadenan un impulso muy potente a volver a consumir.
