Malvinas, epopeya nacional
Por Liliana Broggi Spiazzi *
Desde la antigüedad, cada pueblo cantó las hazañas gloriosas de sus héroes. Esas narraciones fueron transmitidas oralmente por los aedos, hasta que la invención de la escritura las dejó plasmadas con letras. Se trata pues, de un acto consciente de la memoria: recordar a los que se destacan por su valor y dejar su legado para el futuro.
La identidad de un pueblo se forma con ideales naturalmente buenos, que son los que se identifican con la verdad.
La identidad de un pueblo se forma con ideales elevados que trascienden lo natural, pues el hombre sabe que depende de Dios.
La identidad de un pueblo se forma con personas que encarnan esos ideales buenos y elevados, en grado heroico. Por ello, toda nación debe reconocer explícitamente sus epopeyas.
Durante cuatro décadas, muchísimos argentinos padecieron amnesia. A veces, fue provocada por ideólogos que ensuciaron (y ensucian) la gesta malvinense, con mentiras. Otras veces, fue causada por la desidia de quienes no investigaron (ni investigan) la verdad.
CORREGIR UNA INJUSTICIA
“Han sido 42 años durísimos, 42 años de desmalvinización, de olvido, de indiferencia”, dijo Victoria Villarruel, en abril de 2024. Con el fin de corregir esa injusticia, ese mismo año, la presidente del Honorable Senado de la Nación nombró a Nicolás Kasanzew como director de la Dirección Gesta de Malvinas.
Este periodista fue el único corresponsal que cubrió toda la guerra desde las islas y comenzó a malvinizar desde junio de 1982, cuando regresó al continente.
Durante los años 2024 y 2025, Kasanzew realizó homenajes a nuestros héroes, en el Salón Azul del Senado nacional y eligió cuatro fechas del calendario para exaltar la entrega y el coraje de los caídos y de los excombatientes.

La primera fecha es el 2 de abril, cuando las Fuerzas Armadas Argentinas recuperaron las islas. Ese homenaje se titula “Malvinas, epopeya nacional”.
La segunda fecha es el 14 de junio, cuando se produjo la infame rendición. En reconocimiento a los oficiales, suboficiales y soldados que querían seguir luchando contra el usurpador inglés, ese acto se llama “La Argentina no rinde Malvinas”.
La tercera fecha es el 17 de agosto, en honor al Padre de la Patria. El homenaje, que une el pasado con el presente, se denomina “Los soldados de San Martín en Malvinas”.
La cuarta fecha es el 20 de noviembre, en memoria del combate que, en 1845, enfrentó a argentinos contra ingleses, en las costas del río Paraná. Este acto se titula “Malvinas, una nueva Vuelta de Obligado”.
En cada conmemoración, estuvieron presentes, veteranos y familiares de los caídos en el conflicto bélico, a quienes se les entregaron diplomas de honor.
Muchos de ellos pronunciaron discursos en los que manifestaban su orgullo por haber estado en la guerra. Serenos o nerviosos, buscaban, en su interior, las palabras que sirvieran para contar historias de valor y de abnegación. Algunos excombatientes narraron momentos vividos en los que sintieron el amor de Cristo y la protección maternal de la Virgen de Luján. Otros expresaron el dolor que sufrieron ante el olvido de tantos argentinos.
Allí, en ese augusto salón, vimos a hombres de carne y hueso que lucharon contra el miedo, mientras combatían con hidalguía. Escuchamos a madres, hijos o hermanos que recuerdan a sus muertos, con admiración. Nos sentimos pequeños ante esa entrega sin reservas ni mezquindades. Conmovidos por sus testimonios, solo podemos pronunciar unas pocas palabras: “Gracias, muchas gracias”.
PUBLICACION DE HOMENAJES
La presidente del Honorable Senado de la Nación, Villarruel, autorizó la publicación de los homenajes realizados durante los años mencionados, mediante el decreto DP-0152/26. Por tal motivo, llega a nuestras manos, la obra titulada “Malvinas, epopeya nacional”, que recopila esos actos, en una magnífica edición.
Además de los discursos ya referidos, el libro cuenta con una notable colección de fotografías que retratan a los que participaron de estas celebraciones. Se exhiben cuadros de un realismo magistral, porque también hay artistas que pintaron la épica. Al final, en el capítulo denominado “120 historias de amor y coraje de la Gesta de Malvinas”, se narran los sucesos en los que esos argentinos demostraron su valentía y patriotismo.
Los latinos usaban esta frase concisa: Verba volant, scripta manent
(Las palabras vuelan, lo escrito permanece). En este mundo digitalizado, podríamos agregar algo más: “las imágenes vuelan”.
A diario, se publican millones de fotos y videos, pero la gente lee cada vez menos. No sabemos cuántas de las ilustraciones que circulan por las redes sociales serán observadas, en los próximos años. Es más, con los cambios vertiginosos que se producen, tampoco podemos asegurar que esas redes seguirán vigentes dentro de varias décadas.
Frente a la volatilidad digital, se alza el libro. Sus letras en reposo, sus palabras bordadas sobre la tela del papel despiertan las ansias de aprender. No lo dudemos: el ser humano siempre tendrá la necesidad de conocer, porque el Creador le ha dado un alma inteligente.
Por tal razón, podemos asegurar que esta obra permanecerá como un testigo veraz, para las nuevas generaciones. Estas páginas gritarán, a nuestros hijos y nietos, las mismas palabras que pronuncia, en cada acto, Nicolás Kasanzew: “¡Malvinas, volveremos! ¡Viva la Patria!”
* Profesora de Castellano, Literatura y Latín.
