Guerra de las rutas: del Ártico al Atlántico Sur

Malvinas, Tierra del Fuego y los pasos australes regresan al centro de la competencia mundial

Las guerras en Ucrania y Medio Oriente no solamente están modificando fronteras, doctrinas militares y sistemas de armas. También están transformando las rutas por las que circulan la energía, las materias primas y el comercio internacional. Las sanciones occidentales intentaron aislar económicamente a Rusia, pero Moscú respondió desviando sus flujos hacia Asia y construyendo circuitos logísticos alternativos.

El caso del Ártico resulta especialmente ilustrativo. Rusia procura ampliar la flota de buques metaneros destinada a transportar gas natural licuado desde la península siberiana de Gydan hasta China. El proyecto Artic LNG 2, sometido a sanciones estadounidenses y europeas, necesita embarcaciones capaces de atravesar los hielos de la Ruta Marítima del Norte y realizar transbordos hacia buques convencionales que completen el recorrido hasta los mercados asiáticos.

Moscú no ha logrado neutralizar completamente las sanciones. Debe vender parte de su producción con descuentos, afrontar dificultades tecnológicas y recurrir a una denominada flota sombra. Pero tampoco ha quedado aislada. El comercio se desplaza, China obtiene energía a precios ventajosos y surgen nuevas cadenas de transporte, financiamiento y comercialización por fuera de los circuitos occidentales. Las sanciones no siempre detienen los movimientos de la economía mundial. Muchas veces los desvían.

EL RETORNO DE LA GEOGRAFÍA

Durante algunas décadas se creyó que la globalización había reducido la importancia de la geografía. La guerra está demostrando lo contrario. Los mares, estrechos, canales y puertos vuelven a ser instrumentos de poder. La Ruta Marítima del Norte puede acortar parcialmente las comunicaciones entre los yacimientos rusos y Asia. El estrecho de Bering adquiere así una significación renovada. Al mismo tiempo, las crisis del mar Rojo revalorizan Suez y Bab el-Mandeb; la confrontación en el golfo Pérsico devuelve centralidad a Ormuz; y la competencia entre Estados Unidos y China mantiene al estrecho de Malaca dentro de los espacios más sensibles del planeta.

Cuando una ruta se vuelve insegura, costosa o políticamente vulnerable, los Estados y las empresas buscan otra. En ese proceso también recuperan importancia el canal de Panamá, el cabo de Buena Esperanza y los pasos del extremo sudamericano. Es allí donde el problema deja de ser lejano para la Argentina.

El estrecho de Magallanes, el canal Beagle y el pasaje de Drake forman parte de un sistema geográfico de relevancia mundial. A ello se agregan la proximidad de la Antártida, los recursos pesqueros y energéticos del Atlántico Sur, las comunicaciones entre los océanos Atlántico y Pacífico y la presencia británica en Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur.

EL FOCO

Malvinas no constituye una cuestión aislada. Es parte de un dispositivo geopolítico más amplio. Desde las islas, el Reino Unido conserva una posición militar, logística y política que se proyecta sobre el Atlántico Sur y los accesos a la Antártida. La explotación unilateral de hidrocarburos y recursos pesqueros no solamente produce beneficios económicos: busca consolidar una ocupación y convertir una situación colonial en una realidad aparentemente irreversible.

El anunciado proyecto petrolero Sea Lion, impulsado por Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration, confirma que la disputa se desarrolla también mediante inversiones, licencias, seguros, transporte marítimo y cadenas empresariales. Frente a ello, el gobierno argentino anunció sanciones y acciones judiciales contra las compañías participantes, una nueva legislación para la defensa de la soberanía y el financiamiento para rescatar el viejo proyecto de la Base Naval Integrada de Ushuaia. La presentación de cargos contra Navitas constituye una medida concreta dentro de esa dirección.

Los anuncios son importantes. Pero, en estrategia, el valor de las palabras depende de su continuidad y de los medios que las acompañan. Veremos cómo evolucionan los planes y la estrategia…

USHUAIA ESTRATÉGICA

La Base Naval Integrada no debería ser concebida solamente como una obra de infraestructura militar. Ushuaia puede transformarse en un verdadero centro logístico del Atlántico Sur y de la proyección antártica argentina.

Para ello se requieren muelles, depósitos, talleres, comunicaciones, vigilancia aérea y marítima, capacidad de búsqueda y rescate, apoyo a la actividad científica, mantenimiento naval y enlaces permanentes con el continente antártico. También resulta indispensable integrar el puerto con la presencia de la Armada, la Prefectura Naval, la Fuerza Aérea, el sistema científico y las autoridades provinciales.

Una base sin buques suficientes, sensores, logística, presupuesto y continuidad política corre el riesgo de convertirse en una estructura nominal. Del dicho al hecho hay mucho trecho, recuerda el refrán. En materia de soberanía, ese trecho se recorre mediante presencia, inversión y perseverancia.

Las recientes controversias alrededor de la administración del puerto de Ushuaia y del ingreso de buques británicos muestran la ausencia de una concepción enteramente coherente. No basta con afirmar la importancia estratégica de Tierra del Fuego mientras las decisiones portuarias aparecen separadas de la política hacia Malvinas. Cada autorización, escala, servicio logístico o vínculo comercial debe evaluarse dentro de una estrategia nacional para el Atlántico Sur.

LA CUESTIÓN CHILENA

La cuestión chilena exige especial prudencia. Chile y la Argentina comparten una extensa frontera, intereses antárticos, comunicaciones bioceánicas y la responsabilidad de preservar la paz en el extremo austral. No es correcto convertir cualquier diferencia en un conflicto bilateral. Sin embargo, tampoco corresponde ignorar las consecuencias de una eventual ruta marítima regular entre Punta Arenas y las islas Malvinas. Una vinculación de esa naturaleza podría disminuir el aislamiento logístico del enclave británico y contribuir indirectamente a su consolidación económica.

El problema no debería abordarse mediante recriminaciones públicas o nacionalismos contrapuestos. La respuesta debe ser diplomática, jurídica y estratégica. La Argentina necesita plantear a Chile que la cooperación austral no puede desarrollarse al margen de la controversia de soberanía reconocida por las Naciones Unidas. Buenos Aires y Santiago poseen, además, razones profundas para coordinar sus políticas, como: seguridad de la navegación por los pasos australes; protección ambiental; búsqueda y rescate; desarrollo portuario; investigación antártica; control de la pesca ilegal; conectividad entre el Atlántico y el Pacífico; prevención de la militarización extrarregional.

La relación con Chile no debe oscilar entre la ingenuidad y la confrontación. Debe apoyarse en intereses comunes claramente definidos, sin renunciar a los derechos argentinos, sin dejar de mirar el ejemplo que nos legaron San Martín y O'Higgins.

LÍMITES

La controversia petrolera también demuestra que las afinidades ideológicas o personales entre gobiernos no sustituyen los intereses permanentes de los Estados. Una empresa israelí participa del proyecto Sea Lion; el Reino Unido sostiene firmemente su ocupación; y Estados Unidos conserva vínculos estratégicos decisivos con Londres. Ninguna proximidad diplomática garantiza por sí misma el respaldo a la posición argentina.

El Reino Unido ya respondió a los anuncios argentinos reafirmando que su compromiso con las islas es absoluto. Al mismo tiempo, comunicó a Washington su posición y recordó la solidez de la relación angloestadounidense. La política exterior argentina no puede descansar en gestos, simpatías o expectativas personales. Debe fundarse en capacidades nacionales, continuidad diplomática, articulación regional y lectura realista del poder internacional.

MIRADA GLOBAL

Rusia construye una ruta energética hacia China porque comprende que su autonomía depende de conservar la capacidad de transportar y comercializar sus recursos. China participa porque sabe que la seguridad energética y marítima constituye una condición de su poder. El Reino Unido sostiene Malvinas porque las islas le proporcionan una posición estratégica, recursos y proyección oceánica.

La Argentina debe extraer la conclusión correspondiente. Defender la soberanía no consiste solamente en formular una reclamación histórica, aunque esta sea justa e irrenunciable. Significa controlar los espacios marítimos, desarrollar Tierra del Fuego, fortalecer Ushuaia, recuperar capacidades navales, vigilar los recursos naturales, sostener la presencia antártica y construir una política estable con Chile y los demás países sudamericanos.

La competencia mundial está devolviendo protagonismo a los espacios que alguna vez fueron considerados periféricos. El Ártico ya se ha convertido en una ruta energética y militar. El Atlántico Sur puede recorrer un camino semejante.

Malvinas, Tierra del Fuego y los pasos australes no se encuentran en el confín del mundo. Se encuentran en el punto de encuentro entre dos océanos, frente a la Antártida y sobre algunas de las rutas alternativas que cobrarán mayor valor si continúa la fragmentación del orden internacional.

La geografía ofrece a la Argentina una posición excepcional. Convertirla en poder efectivo dependerá de algo más difícil: disponer de una estrategia nacional que sobreviva a los discursos, a las coyunturas y a los gobiernos.

* Director del Instituto Elevan.