Macro, micro, paso o no paso

El oficialismo ha establecido como objetivo prioritario conseguir la reelección de Javier Milei en las presidenciales del año próximo. Por ahora; las encuestas, pese a registrar sucesivos retrocesos en las opiniones favorables al gobierno y al Presidente, auguran que Milei ganará la primera vuelta pero que, con los números actuales, no conseguiría evitar la necesidad de un riesgoso balotaje.

Se trata, obviamente, de cálculos marcadamente especulativos, ya que no se sabe aún quiénes serán, cuando llegue el momento, los desafiantes electorales del Presidente.

Un buen número de estudios supone que el rival  más destacado será alguna expresión del kirchnerismo, eventualmente el gobernador bonaerense Axel Kicilof, y sugieren así un escenario de polarización  que repetiría el del balotaje de 2023 que decretó el triunfo de Milei. Pero, aunque no cabe descartar sin más esa alternativa, lo cierto es que quedan aún muchos detalles por definir.

 

PASO O NO PASO

Uno, muy principal, es el referido a las reglas del juego que regirán el comicio del año próximo. El gobierno se ha propuesto evitar que en ellos se aplique la selección de candidatos vigente, que requiere la realización de primarias abiertas,simultáneas y obligatorias (PASO). Intuye que ese sistema facilitaría la convergencia y ordenamiento de fuerzas opositoras (en principio, a un peronismo que luce disperso, desorganizado y sin un liderazgo  legítimo).

Para eludir las PASO el gobierno necesita una decisión del Congreso que se adopte durante el presente año (ya que la ley impide introducir cambios legales en el régimen electoral  el mismo año en que se producen  los comicios). Y no cuenta con votos propios para conseguirlo. Necesita el respaldo de otros. Está buscándolo ardorosamente pero le resulta difícil (y eventualmente caro) conseguirlo.

El recuperado diálogo con el PRO de Mauricio Macri tiene ese objetivo, aunque la contraprestación que insinúa la fuerza amarilla es de gran envergadura: Macri quiere que la Ciudad de Buenos Aires siga bajo la conducción del PRO (se vería luego con qué rostro: si el de Jorge Macri, el de una figura  más cercana a Mauricio o un nombre que refleje una mistura violeta-amarilla). Por el momento se gana tiempo con las conversaciones, aún es temprano para las decisiones. Pero los tiempos de la iniciativa PASO dictan un plazo y el problema es que no hay suficiente confianza como para cerrar un acuerdo basado en compromisos electorales sobre la ciudad autónoma a meses de distancia del comicio.

 

ALIADOS CAROS

El gobierno trabaja sobre otros aliados potenciales: varios gobernadores que en más de una oportunidad le dieron una mano en el Congreso a través de los diputados y senadores que les responden. Allí hay varias materias que rendir. Una tiene que ver con los recursos: las provincias (no sólo las de esos gobernadores) reciben menos fondos coparticipables, sea porque el gobierno central se desprende de tributos que en parte deben repartirse con las provincias, sea porque otros tributos (como el IVA) disminuyen por el parate que sufre el comercio doméstico. A lo que se agrega el incumplimiento del Estado central en el desarrollo de obra pública y hasta la desviación o demora en  la aplicación de fondos destinados específicamente al mantenimiento de rutas.

Los gobernadores también tienen tela política para cortar: pretenden que el gobierno central no los hostigue localmente a través de candidaturas libertarias sostenidas desde la Casa Rosada. ¿Está el oficialismo en condiciones de darles satisfacción postergando o maniatando a sus propias fuerzas provinciales, esas que Karina Milei organizó y motorizó con notable resultado en 2023? Es un dilema para el oficialismo.

Los gobernadores dialoguista de origen peronista tienen su propio dilema: temen que si acuerdan ayudar a la candidatura de Milei, el justicialismo nacional sea el que lance candidaturas hostiles a ellos en sus provincias y les erosione y desarticule sus sistemas de poder. PRO, radicales y peronistas son reacios a  eliminar las PASO.

 

LAS PASO OPTATIVAS

Algunos dirigentes de esas fuerzas analizan la posibilidad de una negociación con el mileísmo que evite la eliminación de las PASO y permita el año próximo una suspensión provisoria o, inclusive, la transformación  de primarias obligatorias a primarias optativas, pero organizadas y financiadas por el Estado.

No está claro qué podría ganar el gobierno con esta alternativa, que de todos modos permitiría a la oposición encontrar un mecanismo para procesar ordenadamente sus diferencias.

Jurídicamente: cambiar la obligatoriedad exige reconfigurar normativa completa para evitar desigualdades, vacíos y litigios. Si se considera el valor institucional, la optatividad tiende a generar menos competencia, más selección cerrada, asimetrías entre actores y menos legitimidad e información para el elector. El gobierno pone el acento en que las elecciones obligatorias implican un alto costo para el Estado. Las optativas no redundarían en un abaratamiento significativo.

Se agrega, además, un riesgo extra: la simultaneidad  obligatoria incentiva que cada fuerza se ocupe de su propia interna y establece una competencia interesante entre ellas por la participación  en el comicio. Si alguna, en virtud del carácter opcional, se abstiene de su competencia interna podría experimentar la movilización de sus activos militantes para que participen en una interna ajena, ayudando al candidato rival más conveniente para conseguir sus propios fines.

Estos razonamientos y aquellas condiciones son lo que vuelve difícil el objetivo de cambiar las PASO y obliga al oficialismo a reclutar aliados y a postergar una y otra vez su tratamiento legislativo.

El factor PASO es un dato relevante para analizar con seriedad las posibilidades de la reelección de Milei el año próximo. Así como las consecuencias de la elección de medio término en Estados Unidos (noviembre), la presidencial de Brasil (octubre) y la visita del Papa León XIV (noviembre), sucesos todos que tendrán influencia sobre las posibilidades libertarias.

 

MACRO Y MICRO

Por cierto, un factor de significación mayor es la situación económica, en particular lo que los analistas titulan microeconomía, es decir, el balance doméstico de recursos y gastos de los hogares, el alcance de su sus ingresos, la capacidad de satisfacer necesidades,  pagar servicios  y hasta la posibilidad de ahorrar.

El gobierno tiene títulos para reclamar éxitos en la “macro”. Milei anuncia que dará un show musical para celebrar que alguna inflación de agosto empezó con cero: la mayorista; él asegura que siempre habló de la inflación mayorista cuando hizo aquella promesa sobre agosto. Y, más allá de que muchos oyeron otra cosa, en materia de inflación tiene  mérito y en el control del  gasto, más allá de alguna contabilidad creativa, también. Pero lo que está faltando es reactivación. Los sectores que más mano de obra emplean (industria, construcción y comercio) son los que están más parados; allí se pierden puestos de trabajo, son los que  ven restringida su capacidad de consumo, son los que alimentan el ejército de morosos que acuden al endeudamiento que esté a su alcance para llegar a fin de mes y pagar el alquiler.

Esa asignatura es la que el gobierno debe corregir si aspira a reelegir. Es también la asignatura que alimenta la incertidumbre política, que a su vez motoriza la gtasa de riesgo país.

Por esa brecha empiezan a filtrarse tejidos políticos que son menos funcionales para el oficialismo que el escenario que dibujan muchas encuestas: propuestas moderadas, tendientes a continuar el rumbo que se inició en 2023 pero cubriendo parte de los costos generados y evitando desbordes y maltratos. Propuestas que miran al frente y dejan de lado recetas que no funcionaron.

El escenario oficialismo versos restauración K, que aseguraría réditos al gobierno es un retrato del pasado, que difícilmente se repita el año próximo. El país busca seguir adelante, perfeccionar la marcha y no abandonar pasajeros en el camino.