EL RINCON DEL HISTORIADOR

Los seudónimos de los políticos en el siglo XX

Para los lectores de revistas deportivas, Mineral era un experto comentarista de turf, bajo este seudónimo se ocultaba don Ernesto Marchetti, que desde la página impresa, la radio y el Canal 7 del blanco y negro relataba los finales de las carreras en el Hipódromo de Palermo. Seguramente el apellido Marchetti, no resulte conocido a muchos, pero varios recordarán por su seudónimo a aquel periodista.

Mario Tesler, colaborador de este diario en no pocas oportunidades, ha estudiado desde hace muchos años el tema de los seudónimos. Formado junto al R.P. Guillermo Furlong S.J., a quien le dedicó un libro, en el que hace mención a los que usara nuestro recordado maestro; ha incursionado en el tema con otros trece volúmenes -tarea que comenzó en 1997- y ha trabajado sobre figuras como Jorge Luis Borges, Rodolfo Puiggrós, José Luis Trenti Rocamora, o las autoras argentinas, con sabor porteño, y un largo etcétera. Durante años el autor trabajó en la Biblioteca Nacional, donde era la el “referencista” por antonomasia, el sabía todo y si de algo tenía una duda o quería ampliar el tema, nunca faltaba un lector que lo había estudiado y era amigo o conocido de Mario. Como él, recuerdo a don Alejandro Albornoz en el Museo Mitre, que conocía hasta el más raro folleto.

El año pasado Tesler, con su información riquísima y probada erudición ha publicado Seudónimos en la política argentina: desde 1900 hasta el 2000. Algunos nacieron en el siglo XIX, como lo señala en la introducción: “pero fallecieron durante el siguiente. Todos tienen alguna presencia en la política argentina por lo que fueron e hicieron: como militantes, dirigentes partidistas, gremiales, en el periodismo, la docencia, en las funciones parlamentarias o gubernamentales, en la misión pastoral o en la actividad cultural”. Los mismos “no fueron necesariamente usados para expresarse políticamente, también lo hicieron en otras actividades profesionales, laborales o culturales y hasta para divertimentos” en revistas de humor.

Veamos algunos ejemplos: Luis María Albamonte (1911-1982), escritor, periodista era conocido como Américo Barrios; el ex presidente Raúl Ricardo Alfonsín (1927-2009), utilizó los de Alfonso Carrido Luna y Serafín Feijóo; el ingeniero Álvaro Alsogaray (1913-2005) aquel ministro que nos predijo “hay que pasar el invierno” pero nunca dijo cuantos y pasaron muchos, firmó como Carlos Gallo del Castillo y Rogelio Garay; Luis César Amadori (1902-1977) famoso letrista, director cinematográfico lo hacía como Luis Miguel de San Vicente o Luis Martín de San Vicente.

León Benarós (1915-2012) poeta, compositor, letrista de tangos y milongas, fue uno de los que más usó: Ernesto Segovia, Enrique A. Dávalos, Furibundo Hepático, Juan Garré, Pero Pérez de Veras y Castillejo, Sonia Bernal, Bernardo Noel Roberto Jáuregui, L.B., Abel Noé y Bernardo Noé. El político socialista Mario Bravo (1882-1944) firmaba como Armando de Viana, Martín Balcarce y Martín Cruz. El seudónimo de David Home, ocultaba al periodista, escritor y economista rosarino Juan Carlos Casas (1926-2004), que también usó D. Home, D. Hume, Brezal del Campo, Ulises Izakerri y Nicasio Bresal del Campo; tantos del campo es porque su madre era descendiente de Estanislao del Campo. José María Castiñeira de Dios (1920-2015) funcionario peronista y poeta, firmó como Jorge Carrión Uzable y Juan Guerrillero, seudónimo este último que nada tenía que ver con su espíritu pacífico y católico militante.

Más conocido es el pediatra Florencio Escardó (1904-1992) Piolín de Macramé, pero también supo firmar como Enrique de Andrade, Monsieur Macramé, Pedro de Mendoza y Juan de Garay (probablemente estos últimos después de su excelente libro Geografía de Buenos Aires como homenaje a sus fundadores). El español Senesio Baudillo García Fernández (1897-1983) pastor de ovejas, albañil, herrero, tipógrafo, historiador, exiliado en nuestro país, utilizó el de Diego Abad de Santillán, Capitán Hesperio y Juan Pérez y Das. El doctor Emilio Hardoy (1911-1992), figura destacada en la historia de La Prensa, a pesar de su talento e ingenio, no lo usó demasiado para firmar con seudónimo, ya que adoptó el de Observador, en lo que era muy bueno; que utilizaron muchos otros escritores.

Ziprian de Lagraña

Arturo Jauretche (1901-1974), autor de obras clásicas como El medio pelo en la sociedad argentina y agudo, pero a la vez divertido polemista, firmó con estos seudónimos: Juan Fabriquero, Martín Barrientos, Julián Barrientos, Juan Del Cepo, Mr. Pickwick y Julio Jauretche. El embajador Raúl de Labougle (1896-1986), abogado, historiador y destacado genealogista firmó alguna vez como Ziprián de Lagraña, sin duda por su bisabuelo correntino y Bautista Casajús. Y su colega Carlos Alberto Pueyrredon (1887-1962), firmaba muchas notas como Dr. Panglos.

El sacerdote tercermundista Alejandro Alberto Mayol (1932-2011), que después de abandonar el ministerio fue docente, compositor de música y funcionario utilizó el de Francisco del Buen Viaje. Y para continuar en esa línea eclesiástica el hoy beato cardenal Eduardo Franicsco Pironio y el cardenal Antonio Quarracino, cuando escribieron juntos compartieron el de Pi-Quar. No falta un militar como el general Ignacio Hamilton Fotheringham (1842-1925), que ocultó su nombre como I. Achhe Effe o J. Ache Effe.

Roberto J. Payró (1867-1928) fue un destacado escritor, autor teatral y periodista, tuvo un fugaz paso como redactor en este diario, sin embargo firmó con estos seudónimos: J.G., R.J.P., R.O.B., R.P., A. Guijón, Alquitarado, Arlequín, Armando Camorra, Cartucho, C. Roeber, El Diablo Cojuelo, Filomena Luna, Froebel, Gustave Colline, J. Lemos, Juan de Galia, Julián Gray, Julio Lemos, León Manso, Leude, Loreto Cartucho, Macaire, Maestro Ciruela, Magister Prunum, Never Mind, Arphelin Vetú de Noir, Pablo Lascano, Piquet, Rob., Rostchild, S. Cordero Bravo, Simplicio Bobadilla, The Same, Tomasito Buenafé y Publi Silvio.

No podemos dejar de mencionar algunas mujeres como Delfina Varela de Ghioldi (1895-1985) Melchora; quien lea a Silvia Niccolini, Inés Garzani, Miguel Sineura y Martín Eisen, pasara ante sus ojos páginas de Beatriz Elcidia Sarlo Sabajanes (1942-2024).

Tesler coloca la militancia de los citados en la obra, hay de todos los sectores, desde conservadores a miembros de organizaciones terroristas; pero de su lectura vemos que los miembros de los partidos de izquierda fueron los que más seudónimos utilizaron.

Con este trabajo que lectura amena para cualquier interesado en la política y en las letras, este nuevo trabajo de Mario Tesler, -generoso como siempre- podemos refrendar lo que era uno de sus objetivos, para nosotros el más importante como es “facilitar el acceso a una parte de la obra realizada por ellos que de otra manera permanecería arrumbada”.

Esperamos con especial interés el que tiene en preparación sobre nuestros compositores y letristas de temas populares.