Siete días de política
Los problemas que preocupan al gobierno vienen de afuera
La suba del petróleo y la inestabilidad en los mercados globales son viento en contra para Caputo. Las variables macro siguen, sin embargo, controladas. Otro fracaso opositor en el Congreso
Por primera vez la incertidumbre económica global comienza a incidir en el programa de estabilidad. Lo reconoció el propio Javier Milei a su llegada el jueves de España: “Los indicadores de la Argentina no estarían evolucionando tan positivamente como esperábamos en un primer momento”, admitió.
Atribuyó el hecho al “shock externo” por el precio del petróleo y el alza de la tasa de interés que dispararon la volatilidad de los mercados financieros e hicieron crecer el riesgo país local.
El presidente aceptó lo que decían los números porque son inapelables. La actividad rebotó muy poco en agosto, apenas un 1%, después de la caída de julio. No hay recesión, pero sí estancamiento, asunto con el que la oposición empezó a machacar en vista de que en el horizonte no se ve ninguna crisis cambiaria y el BCRA sigue comprando dólares (ver “Arriazu enojado” en Visto y Oído).
La primera pregunta que dejó abierta ese clima internacional desfavorable es qué piensa hacer el presidente para que no incida negativamente en la campaña del año próximo. La respuesta fue la esperable: la economía no arranca, pero él no afloja. Prometió mantener el rumbo, vale decir el ajuste.
En la lógica gubernamental cualquier otra opción llevaría al desastre. Si con superávits gemelos el programa de estabilidad comienza a pistonear qué ocurriría si se abandona la ortodoxia fiscal.
La segunda pregunta es si la nueva situación externa afectará el plan financiero que trazó Luis Caputo para 2027. Por ahora sus ejes centrales tampoco cambian: el BCRA sigue aumentando las reservas y manejando la cotización del dólar lejos del techo de la banda y de cualquier idea de devaluación.
Del total de deuda que vence, el ministro de Economía pensaba cubrir unos 5 mil millones con emisión de bonos que hace varias semanas está parada por el aumento de las tasas. No todas las consultoras coinciden en los números, pero en lo que la mayoría sí lo hace es en la creciente incertidumbre (ver “Lo que explicó Furiase”).
Estas dificultades ciertas y potencialmente peligrosas para la reelección de Milei se vieron compensadas, sin embargo, por la indigencia de la oposición local. La ofensiva parlamentaria del kirchnerismo, el peronismo, la izquierda trotskista, los “lilitos” y otras tribus “woke” fueron neutralizadas el miércoles en el Congreso por el oficialismo en sucesivas votaciones sobre los proyectos con los que venían batallando en los últimos meses. En otras palabras, Milei les vació la agenda.
En primer lugar, resultó aprobado el proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada surgido de la pluma de Federico Sturzenegger. El gobierno cedió en parte del contenido, el correspondiente a la Ley de Tierras, volviendo al viejo proyecto “K” que limita la venta a extranjeros en un 15%. Pero mantuvo artículos clave como los que aumentan las exigencias al Estado para cualquier expropiación y facilitan los desalojos exprés.
En materia de expropiaciones los gobiernos que sucedan a Milei deberán no sólo fundar la necesidad real de declarar de dominio público un bien privado, sino que tendrán que pagarlo por adelantado. En el plan financiero para 2027 unos US$1,500 millones debería provenir de privatizaciones, para las que el nuevo texto legal representa una garantía. La legislación complicará aventuras como la expropiación de YPF de Kicillof y CFK que estuvo a punto de costarle 16 mil millones de dólares a los contribuyentes nativos.
La votación fue cerrada: 124 votos a favor, 119 en contra y 6 abstenciones. Las abstenciones provinieron de cordobeses llaryoristas y del “larretista” Alvaro González.
También desmontó el gobierno la campaña prodiscapacitados con una decisión que atendió a los distintos frentes: terminó con la emergencia, permitió que coexistan esos subsidios con otros y hasta con el empleo formal, pero con un monto controlado (hasta dos salarios mínimos) y prometió pagar a los proveedores que eran los más entusiastas promotores de la norma.
Por último, logró desmontar el proyecto de deudores morosos, devolviéndolo a comisión. Otra gambeta en el recinto que dejó descolocada a la oposición y que el diputado Pablo Giuliano describió en el siguiente posteo con la perpetua indignación que lo caracteriza: “Cada vez que llegan camionetas negras a la puerta del Congreso cortamos clavos. Porque de repente algunas voluntades se levantan, se esconden, tienen dictámenes y los tiran a la basura, otros dicen que sí y después que no, dicen que esperan que los llame no sé quién. Lo que no puede pasar es que NO haya ley para aliviar a los seis millones de morosos porque sería una defraudación total”.
En suma, otra letanía de los mismos derrotados de la semana anterior cuando intentaron voltear el DNU 70. El mismo ruido mediático, la misma ausencia de nueces.
