‘Tenemos que hablar’ (Argentina, 2025). Guion y dirección: Mariano Galperín. Actores: Marina Bellati, Marcelo Xicarts, Guillermo Pfening, Luis Ziembrowski, Malena Sánchez, Diego Cremonesi. Duración: 72 minutos. Clasificación: apta para mayores de 16 años.
‘Tenemos que hablar’ es un filme que se destaca mucho más por su originalidad y método de elaboración que por el resultado final. Pensada, escrita y dirigida por Mariano Galperín, la historia sucede en la fiesta de cumpleaños número 55 que Mónica (Marina Bellati) le festeja a su marido Martín (Marcelo Xicarts), un matrimonio constituido desde hace años años, cuya expectativa esa noche es, una vez que se van los invitados, revivir la pasión y el deseo que en sus comienzos los unieron. Al menos de parte de ella. De él solo sabemos que piensa en la plata y que tiene un nivel de hartazgo importante.
Los presentes son, entre parejas de amigos, empleados del cumpleañero y un ex de la anfitriona que no se entiende por qué está ahí, comensales incómodos que no dejan de cuestionar la presencia del otro. La fotografía por fuera los muestra como una confraternidad compacta, pero lo cierto es que no se aguantan. Es que, claro, nada de lo que se escucha en la película sale de sus bocas. El filme de Galperín está basado en los pensamientos de cada uno. Si bien se los ve interactuar con amabilidad, los diálogos no están en primer plano audiovisual y lo que hablan en la realidad, solo se puede imaginar por la mímica. Lo que se escucha, solo son sus introspecciones, como una voz en off que reproduce la verdad de quien aparece en cuadro. Y en esas reflexiones íntimas, tal vez una sonrisa de cortesía encierra una agresión.
Otro punto que atraviesa la cinta y que moldea su forma es que fue filmada en una sola jornada, de un atardecer a la mañana siguiente. Así se entiende el minimalismo que se maneja en cuanto a espacios. Una cocina, un baño y un living. Y dentro de esos ámbitos, el relato, centrífugo, progresa.
QUIENES SON
El problema es que una vez que se entiende el código de Galperín, el mismo se vuelve reiterativo y pesado. En esa mesa, los invitados son las parejas de Tomás (Guillermo Pfening) y Paula (Moro Anghileri), Mika (Malena Sánchez) y El Bebu (Francisco Garamona), y Tony (Luis Ziembrowski), el ex de Mónica, a quien nadie vio desde hace veinte años.
Por suerte, la somnolencia termina cuando llegan -recién a los 38 minutos del filme y cuando uno ya pone en duda lo que está viendo-, dos outsiders como Andy (Diego Cremonesi) y Ernestina (Elvira Onetto), y todo cambia para bien. No solo con ellos se renueva la energía del cumpleaños sino que la historia en sí levanta por lo que conlleva la presencia en ese living post cena, de dos seres que nadie entiende quiénes son.
La idea es inédita para un cine que se copia constantemente a sí mismo y eso vale mucho. El cómo es lo que no termina de enamorar al espectador, que solo encuentra en la voz de Ziembrowski y en las irrupciones sobre el final de Cremonesi y Onetto, una soga de la cual aferrarse y sobrevivir. Pero en una pantalla nacional en crisis y con presagio de poca producción, un filme así, como define su director, “de resistencia”, se celebra siempre.
Clasificación: Regular.
