Estamos en el siglo XXI. Hoy, la mujer triunfa en el deporte, brilla en la actividad empresaria, se destaca en el ejercicio del poder, que ejerce actualmente en varios países del planeta. Pero en el siglo XIX no tenía esas posibilidades. Por eso son altamente meritorios los logros de la mujer a la que aludiremos hoy.
Ella había nacido en 1819 y fallece en 1892, con lo cual toda su trayectoria vital se desarrolló en ese siglo. Se llamó Juana Manuela Gorriti.
Nació en Rosario de la Frontera, en la provincia de Salta.
Era hija del General José Ignacio Gorriti, militar y político.
En este último carácter, participó en la Revolución de Mayo. Su padre representó a Salta en el Primer Congreso General Constituyente.
Pero volvamos a Juana Manuela. A los doce años debe emigrar con su familia a Tarija, Bolivia, por enfrentamiento de su padre con el Caudillo Juan Facundo Quiroga.
Se casa muy tempranamente -a los 14 años- con Manuel Belzo, que sería posteriormente Presidente de Bolivia. Tuvo 3 hijas, una de las cuales fallece prematuramente. Posteriormente su matrimonio se disuelve.
Pero estoy olvidando el mérito más valioso de Juana Manuela Gorriti. Fue una gran escritora y casi podría decirse que fue una precursora de la novelística argentina. Al separarse se radica en el Perú. Allí logra un enorme prestigio literario.
Le solicitan colaboración publicaciones de varios países americanos y también europeos como Francia y España.
Tiene ya 55 años cuando regresa a Buenos Aires.
Corre el año1874. Acaba de asumir el gobierno del país Nicolás Avellaneda que ha sucedido a Sarmiento.
OFRECIMIENTO DE UN CARGO JERARQUICO
Avellaneda cita a Juana Manuela Gorriti para ofrecerle un cargo jerárquico que tiene relación con lo cultural. El presidente sabía que su situación económica era precaria. Ella aceptó y comenzó a preparar las pautas para desempeñar su tarea.
El día que asumió el cargo, el ministro del que dependía, la llamó a su despacho diciéndole: -Debe Ud. redactar una nota, que será publicada en los diarios, aludiendo a una serie de incorrecciones en que han incurrido nuestros adversarios, a los que hemos derrotado en las recientes elecciones.
Y le dio una serie de hechos ilícitos que habrían cometido los adversarios políticos de Avellaneda.
-¿Y está comprobado todo esto, Sr. Ministro?. Le respondió Juana Manuela Gorriti.
-No, en absoluto. Pero ellos nos han acusado falsamente a nosotros de ilicitudes que no cometimos. Quiero pagarles con la misma moneda.
Juana Manuela Gorriti disimulando su indignación, le dijo: -Pero ellos ya han sido derrotados en las elecciones. ¿Para que falsear ahora los hechos?
-¡Le estoy dando una orden!.
-Pues esa orden no puedo cumplirla. Porque la inmoralidad ajena no va a legitimar nuestra inmoralidad.
Con esa prepotencia que suelen mostrar los agresores que no pueden perdonar la reacción de los agredidos, agregó entonces el ministro: -Sepa Ud., que si no cumple con mi sugerencia le haré la vida imposible.
-No va a poder hacerlo, Señor Ministro. Porque hoy mismo, presentaré mi renuncia. Y agregó: -Necesito este trabajo. Pero mucho más necesito mantener mi dignidad. Porque puedo ceder en muchas cosas. Pero lo que no puedo es cederme. Se que la dignidad dificulta el camino pero necesito mantenerme en ese camino...
Y a fe que la mantuvo. Perdió el cargo, pero salvó su dignidad.
ESCRITORIA PROLIFICA
Simplemente agregaría que fue un escritora prolífica.
Escribió “Panorama de la Vida”, “Perfiles”, “El Mundo de los Recuerdos”, “La biografía del General Martín Güemes” y muchos otras obras. Y en todas dejó el sello de su innegable talento, abriendo una puerta a la novelística argentina.
Carlos Guido Spano, el inspirado poeta de “Trova”, que comienza con “He nacido en Buenos Aires...”, dijo en su sepelio: “Juana Manuela Gorriti fue una gran escritora. Porque protagonizó sus ideales. Tuvo diferencias de criterio con muchos. Pero nunca se sintió enemiga. Sólo adversaria”.
Y siempre buscó la claridad. Por eso encontró la luz.
Murió esta mujer especial a los 73 años un 6 de noviembre de 1892.
Y un aforismo final para Juana Manuela Gorriti: “Siguen naciendo opresores. Pero siguen naciendo idealistas”.
