Hace dos siglos, cuando Estados Unidos celebraba el medio siglo de su independencia, tenía como representante diplomático en Buenos Aires a John Murray Forbes, cuyos informes son una buena fuente sobre la mirada de este funcionario que nos tenía alguna simpatía y que desde 1820 estuvo entre nosotros hasta su muerte en 1831.
De este banquete “en que los hijos del inmortal Washington celebraron el aniversario del día en que los Norteamericanos se declararon independientes de su madre patria la Gra Bretaña y juraron sostener sus derechos como hombres libres”, publicó una detallada crónica La Gaceta Mercantil. Escenario del convite fue la fonda u hotel de la señora de Thorn, que antes había sido propiedad de un norteamericano de apellido Keen que le dejo la administración a esta señora, que “era tenido con esmero” al decir de Juan Antonio Wilde en su crónica sobre Buenos aires desde setenta años atrás. Estaba ubicada en la calle 25 de mayo entre Rivadavia y Bartolomé Mitre
“En la fonda de la señora Thorn una mesa espléndidamente servida”. Presidió el encuentro el ministro John Murray Forbes, acompañado por Mr. George Washington Slacum el cónsul de su país. Lo acompañaron “un número considerable de norteamericanos residentes en esta ciudad” que hicieron repetidos brindis.
Estos estuvieron dedicados a consagrar los principios de la independencia, por los Estados Unidos, para que sus ciudadanos en cualquier parte que se hallen le profesen siempre una sincera y afectuosa adhesión”; los presidentes de ambos países John Quincy Adams y Bernardino Rivadavia; por la memoria de Washington, por el ejército y la escuadra argentina “para que sus glorias pasadas sirvan para excitar sus futuros esfuerzos en la causa sagrada de su país”; “por una pronta y honrosa paz entre la República Argentina con el Imperio del Brasil, fundada en el mutuo respeto; y no comprada por débiles y humillantes condiciones de una parte y otra”; por los generales Lavalleja y Brown y por el bello sexo.
Belgrano, un admirador
La memoria de Washington cuyo retrato de 1776, justamente cuando se declaró la independencia había tenido un gran admirador en nuestras tierras, el general Manuel Belgrano que se tomó el trabajo de traducir la despedida del gran norteamericano de su pueblo, donde advierte los males de perpetuarse en el poder. A tal extremo era su admiración, que habiendo quemado sus papeles en la víspera de una batalla durante la campaña al Paraguay, buscó la forma de hacerse de otro ejemplar, y realizó la traducción en su campaña al norte en febrero de 1813.
El cónsul Scalum brindó en primer lugar “por el Congreso Americano de Panamá, representante del Norte y del Sur: que el lazo que lo una sea tan firme como el itsmo en que se reúne” y por “la nación Argentina, joven pero vigorosa”.
El médico norteamericano Henri William Hope Bond, hombre joven y de reputada fama por su saber casado con Mercedes, la hermana de Juan Manuel de Rosas elevó su copa por el ministro de gobierno Julián Segundo de Agüero para que “administración política fuera tan sabia como ha sido pura para la religiosa”. El marino John H. Coe, que se había alistado en nuestra armada brindó por “la memoria de los héroes que habían fallecido peleando por la libertad americana. Guillermo Fennel dedicó su brindis “al invencible Brown. Él ha enseñado al déspota que un corto número de hombres libres determinados a morir y no rendirse puede derrotar a una manada de fieras” y a la memoria del 4 de julio de 1776. Mr. Young elevó su copa por la armada de su país y por la escuadra chilena, para que pronto llegara a estas cosas para enseñarle a Don Pedro el emperador del Brasil “que las Repúblicas aunque estén distantes, no son indiferentes al bienestar de los estados hermanos cuando se hallen oprimidos por la tiranía imperial”.
Otro de los brindis lo hizo el comerciante Benjamín Carman. Por esta noticia sabemos que estaba radicado entre nosotros antes de 1830, que había edificado su casa en las barrancas de Belgrano, en el solar donde hoy se levanta el Club de ese nombre sobre las barrancas, brindó por dos generales: Simón Bolívar y “Andrés Jackson, uno de los favoritos distinguidos del pueblo americano”.
La falta de espacio impidió hacer la crónica de otra reunión “muy distinguida” que se celebró en la fonda de Mr. Palmer a la que concurrió el almirante Brown; publicándose el 8 de julio los brindis realizados.
John Murray Forbes no hizo referencia a éstos en su correspondencia oficial a la Secretaría de Estado, ni en la particular al presidente, aunque si a este le remitió las aprensiones que había con el Congreso de Panamá, que había recibido de boca de Rivadavia en el primer banquete oficial que dio el 9 de julio de 1826 en el que en el primer brindis cumplimentó a Inglaterra y los Estados Unidos, en las personas de sus encargados de negocios Woodbine Parish y el mencionado Forbes. Tampoco nos dejó detalle alguno Juan Manuel Beruti, puntilloso cronista de la vida porteña.
Pero esta breve noticia nos permitió saberla forma en que hace dos siglos los americanos del Norte celebraron en Buenos Aires los cincuenta años de vida independiente.
