A 42 AÑOS DE LA GESTA DE MALVINAS

Lo urgente y lo importante

Por Guillermo Adolfo Donadille *

Este artículo comienza reiterando algo conocido: puede haber amistad entre personas, cualquiera sea su etnia, profesión o aun hasta religión, mas entre países sólo existen intereses; intereses que pueden oponerse surgiendo a veces las denominadas hipótesis de conflictos (generalmente ventiladas en ámbitos diplomáticos) o intereses que originan proyectos comunes aportando un beneficio mutuo.

El hecho de que surja una hipótesis de conflicto, no siempre resulta sinónimo de guerra, pero es la confirmación de que los contendientes deben prepararse para confrontar en la mesa de discusiones. Sea cual fuere el caso, la moraleja es una: quien pretenda negociar con posibilidades de éxito, debe contar con algún tipo de fortaleza.

Simplificando al máximo el tema, no está demás expresar que la fortaleza de un país no se dimensiona solamente por la cantidad y capacidad de sus Fuerzas Armadas, sino también por la presencia de otros factores de poder, tales como su producción, economía, cantidad de habitantes, educación, cultura, etc., etc. y terminando, por la vigencia y calidad del funcionamiento de sus instituciones democráticas.

Según lo expresado y atentos a nuestra realidad, podemos concluir sin temor a equivocarnos demasiado, que la Argentina en relación a algunos de nuestros vecinos, y sin mencionar las potencias mayores, no las tiene todas consigo como para ejercer una disuasión eficaz, ante asuntos de peso.

Para muchos de nuestros burócratas, la Defensa puede estar en un segundo o tercer plano, no obstante la realidad tarde o temprano impondrá atención al problema.

Para aquellos que así no lo creen, no está de más recordarles que tenemos una parte de nuestro territorio nacional invadido por Gran Bretaña desde hace más de ciento noventa años, y nuestra Constitución Nacional con su Disposición Transitoria Primera deja bien en claro que la Nación Argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, y los espacios marítimos e insulares correspondientes “por ser partes de nuestro territorio nacional… y la recuperación de estos territorios y espacios marinos, constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino”

PROBLEMA EN CIERNES

Sin dejar de ser objetivos, ni pretender ser calificados de tremendistas o haber caído bajo la seducción de teorías conspirativas, no es difícil advertir otro problema en ciernes. Tal como expresé en un artículo anterior:

“A todas esas viejas tensiones no solucionadas y remanentes hasta la fecha (me refería en esa ocasión al tema Malvinas) hoy se suman densos nubarrones provenientes de la pretensión británica sobre nuestro Sector Antártico, actitud fielmente acompañada por un país vecino”.

Destaco que consecuente con nuestra debilidad, los argentinos soportamos impotentes los impedimentos derivados de los Acuerdos de Madrid, a tal punto, por ejemplo, que nuestras aerocomerciales no vuelan a Malvinas, mientras empresas extranjeras se reparten ese mercado.

Terminando con los ejemplos y para no cansar al lector con tanta mala onda, describo muy al pasar dos situaciones, cuyo tratamiento a nivel diplomático no trasciende demasiado, mas perjudican a los argentinos en su economía, y desde luego, constituyen una afrenta permanente a la soberanía de nuestra Nación: la depredación por flotas pesqueras extranjeras de la riqueza ictícola de nuestro mar; contra las cuales por falta de medios, más allá de lamentarnos y tomar fotografías, no se ha podido concretar un proceso eficaz que obligue a pensar detenidamente a los incursores, sobre los riesgos de las acciones que emprendan.

PROGRAMA 333

Lo expresado me permite encarar otro aspecto que se pretende destacar en esta nota. Se sabe que el actual Gobierno Nacional firmó un acuerdo por cinco años con el Departamento de Defensa de los EEUU (Programa 333, según expresa la crónica) a efectos de fortalecer las capacidades argentinas de vigilancia y control de la zona de interés de nuestro país en el Atlántico Sur.

No conocemos los alcances puntuales del compromiso adquirido con Estados Unidos, es decir no está aclarada la relación costo-beneficio de lo acordado (cuando nos referimos a “costo” el término abarca varios tipos de significados, no solo el económico)

Por ello, sin mayores elementos de juicio pero manteniendo una visión positiva, debería ser bienvenido dicho acuerdo pues en principio apunta a ayudarnos a soluciona un problema; pero, más allá de las cargas directas y colaterales que el hecho pueda tener, lo acordado es temporal, es decir después de cinco años, nosotros, los argentinos deberíamos estar en condiciones de proseguir con eficacia la tarea; es decir, deberíamos estar ya organizados sin necesidad de que nos ayuden o lleven de la mano.

Resumiendo, deberíamos haber desarrollado y puesto en vigencia una política y los medios de financiamiento correspondientes, consecuentes con el objetivo pretendido… bien… creo que aquí aparece el punto más flojo de proyectos que buscan materializar aquello que si bien no es visto o percibido por la mayoría de las personas, resultan básicos para resguardar la esencia de un país, que es el bien común de su sociedad.

Abreviando: entiendo que las Fuerzas Armadas están en condiciones de formalizar acabadamente las planificaciones necesarias que surjan en el derrotero de la Defensa Nacional; pero llegado el momento y gracias a vaivenes políticos, económicos o simplemente por ignorancia o por intereses alejados de los verdaderos objetivos nacionales, por múltiples experiencias ya vividas, no sorprende que emprendimientos de esta categoría, aprobados dentro del marco presupuestario, con el paso de los días comiencen a ser retaceados, restringidos o directamente anulados, para salvar errores de cálculo o intereses disidentes con las necesidades de la sociedad.

NUESTRO VERSALLES

Muchos se preguntan qué pasa con nuestras Fuerzas Armadas; estimo que para encontrar la respuesta acertada no hace falta investigar demasiado.

Al respecto se me ocurre la siguiente comparación: nuestras Fuerzas Armadas pasan por un trance parecido al de la Alemania emergente de la I Guerra Mundial, bajo las restricciones del Tratado Versalles impuesto por los Aliados; en nuestro caso soportan el Versalles de “lo políticamente correcto” por haber derrotado a la marea bolchevique que inundó a Latinoamérica durante el siglo pasado, y cuyos ecos violentos, todavía sacuden nuestra actualidad.

A esta limitación con ribetes ideológicos que cuesta cada vez más entender, y a pesar de declaraciones en contrario circulantes, ya es costumbre anclada en sucesivas gestiones de gobierno, que el limitadísimo presupuesto militar argentino (uno de los más bajos del planeta en relación con el PBI respectivo de cada país) se viene utilizando como una de las válvulas de ajuste preferidas, ante desorden o falta de cumplimiento de las previsiones de la Ley de Presupuesto nacional.

Hoy seguramente los jefes de los Estados Mayores y su personal, ponen ingenio y voluntad para sobrellevar sus Versalles particulares; pero lo concreto es que la situación dista una enormidad de que los uniformados estén en capacidad de cumplir con las responsabilidades emanadas de la Ley de Defensa, y por tanto sean capaces de resguardar el bien común, actual y futuro, de los argentinos.

Entiendo que este escenario debería revertirse, si se pretende que el país muestre una defensa que inspire algo de disuasión, de cara a la problemática actual y las dificultades, bastante más próximas de lo imaginado, que se perciben en el horizonte de la Patria.

No obstante, y a pesar de nuestras limitaciones y problemas, creo que Argentina tiene mucho para ganar, por el nivel medio del material humano que todavía conserva en su sociedad y porque seguimos siendo un país privilegiado en cuanto a extensión, clima y riquezas. Solamente, me parece, nos falta una clase dirigente que esté más abocada a conciliar lo urgente con lo importante.

* Brig.My. (R) VGM.