POR TOMÁS I. GONZÁLEZ PONDAL
Todos saben cuál es la precisa finalidad de los pañales, por lo que no centraré la atención en eso. Ahora, en el tiempo de la Santa Navidad, sí quiero detenerme en unas especiales telas. Las Sagradas Escrituras expresan sobre María Santísima, que “dio a luz a su hijo primogénito; y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la hostería” (Lc. 2, 7); también manifiestan lo que el ángel dijo a los pastores: “sírvaos de señal que hallaréis al Niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre” (Lc. 2, 12).
Dios bajó del cielo, no sin antes haber obtenido el Fiat de la Virgen María. Tras él, el Verbo Divino tomó carne humana, y cuando fue el tiempo de Su nacimiento, Su Madre lo envolvió con los referidos lienzos. La Inmaculada Madre cubre al Salvador venido a este mundo con paños. Es a través de Ella que Él se hizo en todo semejante a nosotros menos en el pecado (Hebreos 4, 15).
En esas telas con que María Santísima cubrió a Jesús veo representada la carga que Él hizo sobre Sí de nuestros pecados.
Leemos en una de las Cartas de San Pedro: “Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, a fin de que nosotros, muertos a los pecados, vivamos para la justicia. ‘Por sus llagas fuisteis sanados’; porque erais como ovejas descarriadas” (1Pedro 2, 24).
Las palabras de San Juan Bautista son también muy claras: “He aquí el cordero de Dios, que lleva el pecado del mundo” (Juan 1, 29). Cristo cargó con nuestros pecados para reconciliarnos con la Augusta Trinidad, y por eso dirá el apóstol amado, San Juan: “Él mismo es la propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Juan 2, 9).
El Fiat de la Virgen María, ese “Hágase”, no solo llevaba un entendimiento de la misión redentora de Cristo, sino que a su vez implicaba la aceptación completamente voluntaria de su propia misión corredentora. Cristo toma sobre sí los pecados, los carga, mas no olvidemos que la naturaleza humana del Salvador le vino por su Madre desde el momento que aportó desbordante de amor su “Fiat”.
En la envoltura de pañales no sólo hallo una acción de cuidado por parte de la Madre, sino un significado asociativo de la misión corredentora de María a la misión redentora de Cristo, pues de alguna manera es Ella quien pone sobre las carne del Mesías los pecados de la humanidad caída.
Ella acepta “envolver” a su Hijo con nuestros pecados para así liberarnos del ellos. Indiscutiblemente en el “Hágase” se asumía la corredención.
OTRO REGALO
El tema de la tela que envuelve al Niñito Dios significa otro regalo sin igual: la gracia.
Santo Tomás de Aquino, en su magnífica obra Catena Aurea, citando a San Beda manifestó: “Aquél, que viste a todo el mundo con tanta variedad de adornos, es envuelto en pobres pañales, para que nosotros podamos recibir la primera vestidura. Las manos y los pies de Aquél que ha hecho todas las cosas son ligados para que nuestras manos estén siempre dispuestas a obrar el bien y nuestros pies a marchar por el camino de la paz.” (Catena Aurea, tomo IV, San Lucas, ed. Cursos de Cultura Católica, Buenos Aires, 1946, p. 46).
Así como a través de María Cristo vino a cargar con nuestros pecados, así también a través de María Cristo vino a darnos su gracia.
Cristo es revestido en pañales, esto es, tomó sobre sí nuestras miserias, para que nosotros podamos revestirnos con Su gracia.
La Inmaculada Virgen que envolvió al hijo de sus entrañas con telas, es la misma que quiere envolvernos con la amistad divina.
Arrojémonos en los brazos de San José, para que nos lleve a los brazos de la Bienaventurada Virgen María: Ella nos abrazará con la infinita caridad del Niñito Dios.
