La noche fue triste para los hinchas de Racing. En el Cilindro la ilusión les duró un suspiro. Las malas noticias se les fueron sucediendo. Por un lado, ya no pudieron disfrutar de la presencia de Santiago Sosa, uno de los máximos referentes del equipo en los últimos años. El ex River se despidió de la hinchada desde el círculo central antes del pitazo inicial y no fue de la partida: se irá a jugar al Vasco Da Gama, de Brasil. Por el otro, Tigre no tuvo piedad con los errores de los jugadores de la Academia y le ganó con absoluta justicia 3-1.
Todo mal para los de Juan Pablo Vojvoda. No acertaron una a lo largo del primer tiempo, que terminaron perdiendo 2-0, pero que pudo haber sido peor si la pelota no daba casualmente en la mano de Nacho Russo, cuando el goleador la empujó al arco del (esta vez) pálido Facundo Cambeses; el árbitro Yael Falcón Pérez anuló el tanto tras la revisión del VAR, ya sobre el cierre de la primera etapa (a los 44').
En ese lapso una de las figuras resultó el Pity Martínez, quien abrió la cuenta con un golazo a los 19 minutos. El ex River le robó la pelota a Nazareno Colombo, que la perdió de manera infantil en la salida de su equipo, y definió con potencia ante Cambeses.
Y enseguida lo remató el Matador. Poco antes, Russo había estrellado un derechazo en el palo que no fue gol de milagro, y a los 26 minutos, Martín Garay le pegó desde fuera del área tras otro error en la salida —esta vez de Gastón Martirena—; la pelota picó justo delante de Cambeses y lo dejó en ridículo. Fue otro golazo pero, esta vez, con la complicidad (o la mala fortuna) del buen arquero racinguista.
Así se fueron al descanso. Y así volvieron. En realidad Vojvoda hizo tres cambios desde el inicio del complemento (Ortegoza por Tello, Di Cesare por Colombo y Cannavo por Martirena), pero le fue peor a su equipo. A los 6 minutos, Tigre ya marcaba el tercero: Russo apareció en el área rival, esta vez de manera lícita, y marcó tras un gran centro que llegó desde la izquierda. Tres a cero. Y al partido parecían sobrarle 40 minutos…
Pero Duván Vergara —que había ingresado por la lesión de Matko Miljevic— entró y, en la primera que tocó, logró el descuento con un cabezazo tras un centro largo de Matías Kranevitter, a 25 minutos del final. Los hinchas locales, por primera vez en la noche, se ilusionaron con ver una hazaña, pero quedó en la nada.
