El Plaza Dorrego Bar

Levanta sus persianas uno de los bares notables más antiguos de Buenos Aires


Uno de los bares notables más antiguos de Buenos Aires, reabre este viernes 6 de marzo por la mañana y, a las 19 horas, como homenaje, tocará la Orquesta Juvenil de San Telmo, con sus setenta integrantes, al aire libre y para todo público. Defensa y Humberto Primo. Después de estar cinco años con las persianas bajas, y de una obra de puesta en valor que llevó dos, Plaza Dorrego Bar, nacido en 1880, vuelve a tener vida.

El mítico bar de la esquina de Defensa y Humberto Primo del barrio de San Telmo funcionará todos los días de 8 a 2, y ofrecerá un servicio de bebidas, picadas, platos y minutas. “Si bien es una esquina por donde el turismo pasa sí o sí, queremos que el bar vuelva a ser el lugar de encuentro para los vecinos, para la vida identitaria de su comunidad y de Buenos Aires, que es lo que representa un bar notable”, dice Pablo Durán, uno de los socios a cargo de la reapertura.

“El lugar estaba destruido. En años, no se había invertido un peso, y ni siquiera tenía cocina”, relata Durán sobre el proceso de recuperación, y agrega: “Fuimos muy cuidadosos, porque la idea era recuperar, ponerlo en valor y, no, cambiarlo.  Por ejemplo, a la barra, tan icónica del Dorrego, grabada y firmada por los clientes, la desarmamos, la recuperamos, y volvimos a armarla poniendo maderita por maderita”, detalla el gastronómico que ha reabierto otros bares notables de la ciudad. “Creo que cualquier persona que no entiende de preservación la tiraba, porque no servía ni para un asado”.

Así, en el Plaza Dorrego Bar lucirán la misma boiserie, la misma barra, las mismas mesas y sillas, las estanterías, los cajones de cereales y legumbres por peso y los pisos de damero de siempre, y habrá cocina y baños acordes a un buen café notable.

Durán era habitué del café a sus 18 años, cuando comenzó a andar por San Telmo porque trabajaba en Hipopótamus (hoy Hipopótamo, frente al Parque Lezama), e iba con Laura, entonces novia y hoy compañera de vida. “Me gustaba mucho esa esquina, tenía magia”. Décadas después, tuvo que negociar arduamente, pero al fin, junto a sus socios, pudo poner manos a la obra. “Restaurar un lugar lleva mucho más tiempo que hacerlo desde cero; es un trabajo artesanal, de especialistas, de mucho cuidado y experiencia”, explica.

Esa debe ser la diferencia que marca un bar notable. Un bar notable es un bar que guarda el patrimonio, la identidad de la Ciudad. Es un lugar de encuentro referente en el barrio, más allá de mantener su mobiliario lo más original posible; es el bar al que van los vecinos.

Antes

Corría el año 1880 y el barrio de San Telmo, primer arrabal de Buenos Aires, acababa de cambiar para siempre luego de la peste amarilla de 1871. En la esquina de Defensa y Humberto Primo, frente a Plaza Dorrego, que había sido “Alto de las Carretas”, se construyó un edificio de dos pisos, de estilo italiano: eran los Altos de Besio. En la planta baja, abrió un almacén de ramos generales con despacho de bebidas, que luego fue “El imperial”, regenteado por un gallego de apellido Vidal.

Pasaron las décadas y hubo un hito que cambiaría para siempre la historia de la plaza y de todo lo que la rodea. En 1970, el arquitecto José María Peña, por entonces director del Museo de la Ciudad de Buenos Aires, quiso darle más vitalidad al barrio de San Telmo, y se le ocurrió convocar a una treintena de vecinos a vender cosas usadas. Así, nació una de las ferias de antigüedades más famosas del mundo, a donde, además, solían sumarse artistas como Osvaldo Giesso, Enio Iommi y Jorge Nigro.

El bar pasó a ser parte de la movida cultural y turística, y en 1989 se llamó Plaza Dorrego Bar. Fue visitado por artistas y personalidades de todo el mundo, pero también fue parte importante de la vida cotidiana de los vecinos. Una esquina de encuentro, de cerveza y maní con cáscara.
Quizá la historia más famosa y relevante para la cultura argentina, ocurrió en una mesa del Dorrego, un martes de febrero de 1975, cuando el periodista Alfredo Serra reúne, para hacerles una entrevista, a los escritores Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato, que llevaban 20 años de enemistad.

Quien había logrado juntarlos para realizarles siete entrevistas que serían volcadas a un libro, fue el periodista y escritor Osvaldo Barone, pero los encuentros ocurrían en ámbito privado. Nadie más los veía juntos.  La foto de los grandes de la literatura argentina cerca de la mítica barra del café Plaza Dorrego, hoy, da vueltas por todo el mundo.