El coreógrafo y exbailarín del Teatro Colón debuta como dramaturgo con una obra semi-autobiográfica
Leonardo Reale y un vuelo revelador
Dueño de una vida que acarició la gloria y atravesó los dolores más profundos, el artista estrena ‘Volar roto’, donde plasma su admiración por Jorge Donn, el bullying que sufrió de niño y su pelea contra el cáncer.
Desborda de entusiasmo, Leonardo Reale, embargado por una emoción incontenible ante el que quizás sea el estreno más importante de su vida. Y eso que ha recorrido escenarios y conquistado públicos a lo largo de varias décadas como bailarín, coreógrafo y director de espectáculos de danza. Pero este es un debut especial, tal vez el más sincero y descarnado, porque se trata de iluminar rincones de su propia existencia, azarosa, hecha de aplausos y de lágrimas. "Todo tiene un por qué", introduce el artista de 51 años en el inicio de una charla que se extenderá por más de un hora. "De entrada nomás, es un desafío enorme arriesgarme a hacer una obra de teatro porque no soy un dramaturgo de escuela. Sé poner obras en escena, pero la palabra encierra otro tipo de trabajo".
-¿Qué lo animó a escribir?
-Las circunstancias. En 2023 estaba montando mi obra 'Tango cristal' en Miami, para la compañía Dimensions Dance Theatre, cuando me di cuenta que empezaba a atravesar un problema de salud. En ese mismo momento un periodista de allá me hizo una nota muy enfocada en la resiliencia del artista, y surgió el comentario de que sobre esa base podría escribirse un libro, no biográfico sino de ayuda para aquellos jóvenes que se inician en la danza. La cuestión es que me agarró un cáncer y, lejos de sentirme abatido, pensé que estaríamos sumando un nuevo capítulo a esa historia.
En este punto, Reale aclara que no es "de los que ponen los problemas personales en primera plana. Si hoy me toca pasar esto, bueno, así será", simplifica. "Yo siempre, en todo momento, me refugio en la danza. Cuando sufrí bullying a los nueve años, mi respuesta fue la danza. Cuando casi quedé paralítico, la danza fue mi lugar seguro. Y ahora, con el cáncer, también iba a ser así".
EL EQUIPO
A fines del año pasado, inquieto como es, Reale empezó a volcar en el papel aquellas vivencias que lo enfrentaron a situaciones límite. Fue un encuentro con el bailarín Emiliano Pi Alvarez, a quien conocía del Ballet Metropolitano, el que comenzó a darle forma al proyecto de lo que hoy es ‘Volar roto’, que debuta mañana a las 20 en la sala Cortázar del Paseo La Plaza.
Las piezas se fueron ensamblando. Reale sumó al proyecto a Lili Popovich, una renombrada coach de interpretación, y Pi Alvarez acercó al dramaturgo, director y actor Sebastián Pajoni, quien se convirtió en su alter ego en escena. Gabriel Mores aportó la música original, Laura Torrecilla diseñó el vestuario, Ernesto Bechara estuvo a cargo de las luces y Constanza Torres, bailarina y pareja de Reale, se sumó como productora general.
-¿En qué género se inscribe esta propuesta?
-Es un drama donde el baile aparece de forma colateral. Después de un largo proceso, hoy me atrevo a decir que es una obra de teatro con danza. Una obra que en un principio estuvo inspirada en mi vida y que terminó siendo casi autobiográfica. ¿Cuál es mi intención? Que sirva como motivación y como comprobación de que cualquier sueño se puede cumplir.
La trama conecta el temprano acercamiento de Reale al misterio de los aviones, alentado por una abuela que lo llevaba a visitar el mausoleo de Jorge Newbery en la Chacarita, con el vuelo etéreo de decenas de personajes de la danza que años más tarde lo elevarían a su consagración en Cuba y el Colón. En el medio, por supuesto, los claroscuros de toda existencia, con instancias extremas como el hostigamiento infantil y los dolores físicos, que van apareciendo en el relato de forma no lineal. "Puede el espectador conocer o no los detalles de mi vida, pero lo importante es que se sienta atrapado por la historia de ese ser humano que se enfrenta a las circunstancias que le toca vivir", analiza el creador.
LAS COSAS SIMPLES
Para su círculo íntimo, Reale no tiene más que palabras de gratitud por el acompañamiento recibido en este proceso revelador. "A medida que uno va creciendo, cobran más valor las cosas simples de la vida", afirma sin miedo a caer en el lugar común.
De sus inicios en la danza a los nueve años en la Fundación Beethoven de la Av. Santa Fe, recuerda el afecto con que lo recibieron, que pronto contrastó con el bullying externo que lo alejó de las clases por casi un lustro. Volvió al ruedo, Reale, en la Escuela Nacional de Danzas y ya a los quince era alumno del Instituto Superior de Arte del Colón y viajó becado a Cuba por un año. En la obra, la voz en off de su maestra de ballet es interpretada por Eleonora Cassano.
"La isla", como la llama, es una presencia indeleble en su hoja de ruta. En escena se recrea el accidentado paso por el Festival de La Habana en 2004, donde una falla en el sistema de reproducción lo enfrentó a bailar ‘El corsario’ sin música, en un hecho que terminó siendo apoteósico y consagratorio para su carrera.
-Tratándose de un drama, ¿qué lugar queda para los momentos luminosos de su vida, que los ha tenido, sin duda?
-Están presentes, claro. En sus clases de ballet el personaje encuentra su sueño, lo que quiere ser. En el cine, tiempo después, descubre a Jorge Donn en ‘Los unos y los otros’, y lo marca profundamente. En una escena de ‘Volar roto’ le agradezco a ese mentor que, sin saberlo, me modificó tanto. Me hubiese encantado conocer a Jorge; hoy, gracias a Danzar por la Paz (gala benéfica anual creada por Reale), tengo una muy buena relación con Delia, su hermana.
OPORTUNIDADES
-El cáncer y la lesión de columna que casi le impide seguir caminando habrán sido momentos muy duros para una persona cuyo cuerpo es su herramienta de trabajo. ¿Cómo los sobrellevó?
-En 2007, Julio Bocca se estaba despidiendo de los escenarios en el Luna Park y yo hacía el Bufón de ‘El lago de los cisnes’. Venía sintiendo unos dolores muy fuertes pero me decían que era una contractura. Bailaba inyectado con corticoides para superar el dolor. Un momento feo. Tanto, que tuve que pedirle permiso a Raúl Candal para modificar su coreografía. Retiré toda la pirotecnia y me enfoqué sólo en lo interpretativo. Fue una prueba de resiliencia, sin duda. Después se descubrió que una vértebra estaba presionando mi médula ósea y tuve que entrar a cirugía en 2009. Podría haber quedado inmovilizado, aunque por suerte no pasó.
De Bocca menciona Reale también la generosidad de haberlo convocado en diciembre de 2024, justo cuando estaba entrando a quirófano con un diagnóstico de cáncer de recto, para proponerle montar en nuestro máximo coliseo un espectáculo para las infancias ('Sancho Panza, aventuras en La Mancha') "¿Te das cuenta que la danza siempre estuvo?", inquiere el exsolista y primer bailarín del Colón, entre incrédulo y fascinado.
SIEMPRE ADELANTE
En ‘Volar roto’, cada mal trago se reinterpreta como la consecuencia de una vida intensa y bien vivida. "El interlocutor le dice al bailarín cuando lo ve bajoneado: ‘¿Y cómo no vas a quedar así si nunca paraste, si siempre fuiste para adelante?’ Ese soy yo, un ser que siempre se ha ido reinventando".
-Esa reinvención le llegó también a través de la docencia, ¿verdad?
-Es que uno puede estar roto por dentro pero seguir haciendo, seguir dando. A mí me ha tocado bailar con la muerte, y para llevar esa idea al escenario hablé con gente de la danza que ha atravesado situaciones similares. De manera que en la obra no hago foco en el cáncer sino en lo que el cáncer puede provocar en las personas como elemento transformador.
Se le nubla la mirada a Reale, y confiesa que se siente "en carne viva" ante la inminencia del debut. "Al hacer este repaso obligado uno se da cuenta de lo que ha sido todo. Es cierto: jamás paré. Siempre tuve una clase que dar o una obra por hacer. Nunca me victimicé. Pero verlo ahora sobre un escenario encarnado en otra persona, así sea desde un lado ficcionado y hasta alivianado, me golpea fuerte".
"Hoy disfruto de seguir descubriendo nuevos caminos. Me encuentro escribiendo y me sorprendo. Como me sorprende la emotividad que manejan estos actores. Con ellos me siento cómodo equivocándome. Sé que están acá, no por lo que yo escribí, sino por lo que tenemos para contar".
-¿Habrá nuevos capítulos del Reale dramaturgo?
-Intuyo que sí, pero no sé cuándo. Fue largo el proceso que hoy está llegando a su fin. No sé cómo trabajan autores como Emiliano Dionisi, a quien considero un faro, pero a mí me demanda mucho tiempo. No obstante, aunque siga enfocado en lo coreográfico, algo en mí ha cambiado para siempre. Cada vez pongo menos pasos y más interpretación en mis obras. Ahora, de grande, entiendo mucho más a mi admirado Oscar Araiz y su forma de alcanzar una idea. Los pasos están bien, deben salir lindos, pero hurgar en la esencia es lo más importante. Y 'Volar roto' es eso justamente: es volver a la esencia.
FOTOS: GENTILEZA CARLOS VILLAMAYOR
