León XIV cerró su visita a España con un fuerte llamado a favor de la integración de los migrantes
En el cierre de su gira de siete días por España, el Papa advirtió en Tenerife sobre los riesgos de reducir todo a la lógica del beneficio económico. También reclamó una acogida e integración real de los migrantes, pidió que respeten las leyes y costumbres de los países receptores y lanzó una dura condena contra las redes de trata y tráfico de personas.
El papa León XIV cerró este viernes su visita apostólica de siete días a España con un doble mensaje dirigido a una de las regiones más dependientes del turismo y, al mismo tiempo, más afectadas por los flujos migratorios hacia Europa. Desde la isla de Tenerife, en el archipiélago de Canarias, el pontífice pidió no reducir la actividad turística a una mera lógica de comercio y beneficio económico y reclamó una integración real de los migrantes basada tanto en la acogida como en la responsabilidad compartida.
Durante la misa de despedida celebrada en el puerto de Santa Cruz de Tenerife ante cerca de 40.000 fieles, León XIV retomó una reflexión de su antecesor, el papa Francisco, sobre el ritmo acelerado de la vida contemporánea y la tendencia a hacer las cosas con prisa permanente, una dinámica que termina afectando tanto a las personas como al medio ambiente.
El Papa vinculó esa reflexión con la realidad de Tenerife, una de las principales potencias turísticas del Mediterráneo y del Atlántico. “Qué importante es, especialmente para quien se deja orientar por el Evangelio, no reducir todo a comercio y beneficio”, afirmó al referirse tanto a quienes visitan la isla como a quienes viven y trabajan en ella.
La advertencia adquiere relevancia en una región donde el turismo constituye el principal motor económico. Canarias generó durante 2025 unos 23.000 millones de euros de valor añadido vinculados a esa actividad, cifra equivalente a alrededor del 40 por ciento de su producto interno bruto, además de sostener más de 400.000 puestos de trabajo.
Sin cuestionar la importancia económica del sector, León XIV invitó a reflexionar sobre el sentido de los viajes, el descanso y los vínculos humanos en un contexto marcado por la búsqueda constante de rentabilidad. “¿Qué busca el corazón humano? ¿Cómo responder a su sed de manera no engañosa?”, se preguntó durante la homilía.
Migración
Sin embargo, el eje central de la jornada volvió a ser la cuestión migratoria, tema que atravesó gran parte de la visita papal a España y que adquiere especial sensibilidad en Canarias, uno de los principales puntos de llegada de migrantes que intentan alcanzar territorio europeo desde las costas africanas.
El pontífice agradeció a los habitantes del archipiélago por la acogida brindada a quienes llegan en situaciones extremas y definió a las islas como un lugar de “rostro amigo” y de “comunidades fraternas”. En ese contexto, sostuvo que “ningún ser humano es una isla” y destacó la importancia de los pobres y los desplazados dentro de la misión de la Iglesia.
Según expresó, las experiencias de quienes abandonan sus países en busca de oportunidades representan también una invitación a revisar los estilos de vida de las sociedades más desarrolladas. “Solo comparando nuestras quejas con sus sufrimientos y privaciones es posible recibir un reproche que nos invite a simplificar nuestra vida”, afirmó.
Más tarde, durante un encuentro con organizaciones dedicadas a la atención e integración de migrantes en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna, León XIV profundizó ese mensaje y planteó que la acogida no puede agotarse en la asistencia inicial.
“La acogida abre la puerta, pero la integración ayuda a cruzar el umbral”, sostuvo ante representantes de entidades sociales, religiosas y voluntarios que trabajan con población migrante.
El Papa explicó que integrar no significa borrar la identidad de quienes llegan ni exigirles que abandonen su historia, pero tampoco aceptar la formación de comunidades aisladas que convivan sin establecer vínculos reales con la sociedad receptora.
Por eso, dirigió un mensaje explícito a los migrantes. Les pidió abrirse con confianza a la comunidad que los recibe, aprender la lengua local, respetar las leyes, conocer las costumbres y participar activamente en la vida común. A cambio, señaló, las sociedades de acogida tienen el deber de garantizar dignidad, oportunidades y protección.
“La dignidad reconocida como derecho florece cuando se convierte en responsabilidad y deseo sincero de construir junto a los demás”, afirmó.
León XIV también alertó sobre lo que definió como un “naufragio silencioso”: la situación de quienes logran completar la travesía migratoria pero terminan aislados, sin empleo, sin redes de apoyo y expuestos a distintas formas de explotación.
En uno de los momentos más contundentes de la jornada, lanzó una dura condena contra las organizaciones criminales que se aprovechan de la desesperación de miles de personas.
“¡Deténganse. Conviértanse!”, exclamó al referirse a quienes organizan rutas clandestinas, trafican con personas, explotan trabajadores o engañan a familias vulnerables. Además, advirtió que deberán responder “ante la justicia divina” por cada vida perdida y cada abuso cometido.
El encuentro incluyó testimonios de inmigrantes procedentes de Colombia, Marruecos, Senegal y Venezuela, quienes relataron las dificultades enfrentadas al llegar a España y el papel desempeñado por organizaciones sociales y religiosas en su proceso de inserción.
Uno de los mensajes que más impactó al pontífice fue el de un joven senegalés que resumió el drama migratorio en una frase: “Detrás de cada joven migrante hay un sueño, una madre que reza y una vida que merece una oportunidad”.
Tras recorrer Madrid, Barcelona y las Islas Canarias, León XIV concluyó así su primera visita a España. Antes de emprender el regreso al Vaticano, fue despedido oficialmente por el rey Felipe VI.
