Teatro. El regreso de Ricardo Bartis al escenario

Lear, a la sombra de una gris tragedia costumbrista

‘La gesta heroica’. Libro y dirección: Ricardo Bartis. Diseño sonoro: Lolo Micucci. Iluminación: Jorge Pastorino. Escenografía y vestuario: Paola Delgado. Colaborador artístico: Domingo Romano. Actores: Ricardo Bartis, Facundo Cardosi, Marina Carrasco, Martín Mir. En el Centro Cultural Thames (Thames 1426), los sábados a las 21 y los domingos a las 20.

 

La pervivencia de un clásico hace que lo reconozcamos o no en una familia de clase media decadente instalada en la ciudad de Santa Teresita. Horacio, un patriarca de la nada, enfermo y manipulador, reúne a sus tres hijos para repartir los despojos de un modesto parque de diversiones bautizado con rimbombante nombre: ‘La gesta heroica’.

Ricardo Bartis no necesitó recurrir a ningún artilugio extraño para poner en escena en trazos gruesos la tragedia del ‘Rey Lear’ de William Shakespeare, reescrita tantas veces, no solamente en los escenarios. Le bastó un pequeño y viejo televisor en blanco y negro colocado de espalda al público de donde emergen los sonidos de la versión canónica de sir Laurence Olivier que sirve de guiño semiótico y que Horacio obsesionado, según Lorenzo, su hijo menor, mira sin cesar con la excusa de que no hay nada para ver.

Más allá de esa referencia, los textos de Lear no están presentes en la dramaturgia de Bartis; sin embargo, Shakespeare sí. Elena, obsesiva como su padre, insiste en recitar ‘Venus y Adonis’, que está ensayando con un grupo de teatro en una iglesia protestante. Shakespeare es tratado con reverencia por los personajes; es más, Horacio reconoce que Elena es su única hija porque, como él, manifiesta que todo pasará menos el legado del Bardo.

TRAMPA

El texto dramático es profundo y al mismo tiempo de una sencillez arrolladora. Destila fracaso, angustia, padecimiento, desolación. Expresiones de humor lacerante nos hacen reír en medio de la desgracia. Los personajes buscan conmover, tienden una trampa a la que el espectador no debe sucumbir. El cinismo y la violencia reinan en ese grupo que no sabemos si alguna vez fue una familia. El recuerdo de ‘Los hermanos Karamazov’, que festivamente y mal pronunciado se menciona en una escena, nos recuerda la famosa línea pronunciada por Iván, uno de los hermanos de la conocida obra de Dostoyevski: “Si Dios no existe, ¿todo está permitido?”

En ‘La gesta heroica’ existe el Mal y todo está permitido, el abuso intrafamiliar e incestuoso: el único pecado de la carne es la vejez repite Elena citando a su padre con inocente amoralidad; la droga, juega a las escondidas entre los protagonistas hasta que se cae la careta. Esta atmósfera de dolor es provocada no solamente por la textualidad. Hay una convincente escenografía de Paola Delgado donde el abandono, el desorden y el descuido corren parejo con el deterioro mental de sus habitantes. La luz y el sonido a cargo de Pastorino y Micucci se conjugan y logran un climax superlativo en la reescritura escénica.

LA VUELTA

“Soy actor antes que director”. Con estas palabras se definía Ricardo Bartis en 1989. Uno de los mayores atractivos que tiene este reestreno es su regreso a la actuación después de aproximadamente treinta años. Horacio fue interpretado por Luis Machín y por Carlos Defeo. Con su versión, Bartis logra armar un personaje emparentado con el grotesco de Armando Discépolo. Parece un anciano enclenque, inofensivo, y logra convertirse in crescendo en un verdadero monstruo. Un fracasado que siempre fue extra; en todo fue extra, como se lo remarca uno de sus hijos.

Los movimientos corporales, los cambios en la gestualidad que acompañan los distintos estados anímicos, los balbuceos y el manejo de la voz logran la composición de un personaje excepcional. Su presencia en escena incita a Facundo Cardosi, Marina Carrasco y Martín Mir a realizar un trabajo actoral muy parejo y preciso. Logran dar a sus personajes el perfil psicológico concreto, la entonación perfecta de la voz, el movimiento del cuerpo y con sus emociones, sentimientos y experiencias crean, como diría el propio Bartis, una realidad paralela.

Con ‘La gesta heroica’, nunca pensamos que un comienzo es también un final y que hacer realidad algo abarca la posibilidad de perderlo: el logro o el fracaso, el éxito o el desastre. Y a veces ambas cosas.

 

Calificación: Excelente

Alejandro A. Domínguez Benavides