Las familias en “liquidación”
“…sin familia no hay sociedad porque la familia es la base de la sociedad” (G. Chesterton-1874/1936).
El pensador inglés, Gilbert Keith Chesterton, admirado por Jorge Luis Borges, nos enseña que la familia no puede ser sustituida por ninguna institución ya que ésta es el primer lugar de aprendizaje, precede al Estado e introduce la lógica de la pertenencia, la obligación, fidelidad, cuidado y responsabilidad por el otro.
Es la primera escuela y al debilitarse la familia quedamos más solos y más directamente expuestos a grandes poderes externos como trataremos de ver en este artículo: el narcotráfico, poderes ligados al juego, la pornografía, la usura, etc.
Vemos en la clínica cotidiana la caída de la vida familiar en donde hijos “sueltos” y cuando no abandonados acuden a nuestro centro de rehabilitación como un intento de rescatar una “familia sustituta” como garantía de superación de traumas, de sostener la sobriedad ante el consumo suicida y rescatar un propósito y un sentido de la vida que habían perdido.
RAID SUICIDA
Jorge acude con un carnet de la prepaga; llega solo, vencido y desaliñado presentándose a la recepcionista y pide hablar conmigo para hacer un tratamiento residencial. Viene de un “raid” suicida entre 20 cigarrillos de marihuana diarios, cocaína, viviendo en paradores gubernamentales o en plazas o en la calle; diríamos que su pedido de vacante en la comunidad es el último grito de un joven cerca del suicidio que quiere vivir y tiene esperanzas en el equipo que antes lo había tratado hace unos años. Su madre ya no puede más, su padre está desaparecido como tantos padres hoy y su pareja tiene un trastorno psiquiátrico. No es un sistema familiar es un conjunto “deshilachado” de personas que ni siquiera pueden preparar un plato de comida.
Oscar llega con brazos quemados por el cigarrillo en donde se propinaba agresiones contra su cuerpo, con manchas en la piel (escabiosis-sarna); su vida estaba en la calle con un padre también desaparecido y una madre atenta a su trabajo. Hijo único solo y en soledad absoluta. En su adolescencia con sus 15 años el padre entra en carrera alcohólica, tiene que intervenir la policía huyendo de la casa y ahí a Oscar se le acaba la vida en una adolescencia erosionada por ausencias significativas entrando en una depresión en donde las drogas (todas las conocidas) tratan de manejar el vacío melancólico y lo sumen en una carrera también suicida.
“HAMBRE DE AMOR”
Su piel es el testigo fiel de su hambre de amor. Piel que es ternura no dada. Se coloca rápidamente en una posición de aceptar el vínculo con el equipo terapéutico y los compañeros de tratamiento. Podríamos decir que él estaba esperando un sistema humano basado en los vínculos y el amor grupal. Su vida había sido una desvinculación progresiva.
¿Se puede vivir sin amor? ...nos podemos preguntar. Tanto Oscar como Jorge son un ejemplo de que muchos estamos viviendo en una sociedad desvinculada y el síntoma se manifiesta hoy con adolescencias “marchitas” llenas de drogas, celulares que alienan porque no vinculan, sino que desvinculan y apuestas enloquecedoras con préstamos también enloquecedores y juegos sexuales a través de placas digitales que “extranjerizan” (o sea alienan) aún más.
Hoy hay varios “sarcófagos” de nuestra existencia: drogas, celulares que nos desvinculan aún más, juegos, apuestas, pornografía a través de placas digitales…todos, creo, instrumentos de la alienación colectivas.
Llegamos, así, al status existencial de lo que llamo los “nadies” como Oscar y Jorge que vagaban por la ciudad durmiendo en cualquier lugar y sin un hogar que los acogiera. Nosotros tendremos como misión terapéutica luchar para transformar, con la ayuda de ese joven en el fondo deseoso de sentido, al “nadie” en “alguien” a través de “algunos” (un equipo terapéutico, un grupo de compañeros de la comunidad terapéutica). O sea, ser personas libres.
DEL NADIE AL ALGUIEN A TRAVES DE ALGUNOS
El “nadie” es una víctima y un victimario contra sí mismo de una liquidación de la familia. Año tras año el silencio de sentido triunfo en su vida y se refugió en un mundo de ruidos que no le sirvió más que por un momento.
Mundo familiar con vínculos escasos y con una tendencia a la expulsión que es la modalidad opuesta al vinculo que esto resulta fundamental en la adolescencia por ser la etapa de separación de padres e hijos. El adolescente de hoy se halla muy expuesto a la expulsión y frágil, por ende, a la consolidación de una identidad.
La expulsión parece ser una nota de hoy en la vida del adolescente que en la vida de él va ligada al desapego que viene desde muy atrás en el tiempo como señal de falta de relaciones vinculantes entre los miembros de la familia. Se va erosionando la individualización del ser humano y por ende el proceso de personalización.
Va apareciendo un “nadie” vaciado de identidad que vaga por el mundo próximo en busca de una identidad perdida.
Esta expulsión en muchos casos está unida a un haber sufrido un intento de lo que se llama “volver loco al otro”.
En donde alguien (un hijo) es elegido como “chivo expiatorio” de los problemas de otra persona y se da lo que se llama “asesinato” psicológico del otro (Searles-psiquiatra americano /1959) y así se socava el desarrollo de la autonomía de una persona y literalmente huye de la casa como modo de auto protección, pero entrando en un circuito de notoria fragilidad para comunicarse con el mundo.
La expulsión, el “volver loco al otro” se puede completar para armar un “nadie” ambientes familiares en donde hay “enganches malignos” y es necesario salir de ahí por el clima toxico que se vive en donde varios miembros viven en una escalada progresiva de ataques y en donde como dos boxeadores enloquecidos en donde es imposible separarlos. Esto también configura un espacio de desvinculación en donde es difícil vivir.
REMEDIOS HUMANOS
En todo este clima familiar de expulsión y desvinculación, tratando de “volver loco al otro” (símil de un “asesinato psicológico”), enganche maligno y desapego necesitamos humanizar al paciente o sea que se atreva con nuestra ayuda a dejar de ser un “nadie” para ser “alguien” (una persona libre) y contamos con las herramientas de ofrecerle al paciente un grupo que sea un símil de una “familia sustituta” o sea un sistema de vínculos en donde prime el amor, los límites y los valores, promover una alianza terapéutica con él y con los restos de familia que todavía le quedan. La organización de un sistema vincular es un freno a la vulnerabilidad adolescente y máxime cuando hay un consumo de drogas.
